Seducido por la Luz

Baal HaSulam, “Introducción al Estudio de las Diez Sefirot”, ítem 59: Por lo tanto, cuando a uno se le concede el arrepentimiento por temor… ahora, evidentemente ve que hay una Providencia de recompensa y castigo. Es claro para él que todo el sufrimiento que había sentido era un castigo de Su Providencia por los pecados que cometió.

¿Por qué la Providencia nos está siendo revelada? Es porque no pueden echarnos a perder. Cada vez tenemos una medida adecuada de ocultamiento que nos impide culpar al Creador y Su Providencia dentro de nuestros deseos que fueron destruidos al principio y al hacerlo, nosotros descendemos aún más.

El paso que es bueno para nosotros se nos oculta para nuestra propia protección. Al igual que los padres “disminuyen” su amor por sus hijos y comienzan a exigir más de ellos. Ellos demuestran “crueldad, insolencia y obstinación” en la medida en que el bienestar del niño lo requiere. Ellos lamentan tener que “limitar” su amor, pero no hay otra manera. Esto se llama “el sufrimiento de la Shejiná“, que tiene que estar oculto de los inferiores.

Sin embargo, cuando la persona revela su Providencia, la cual se basa en la recompensa y el castigo, ella se libra de las limitaciones. Ahora, puede portarse mal como un niño que de repente se da cuenta que sus padres lo aman incondicionalmente y sin fin y es por eso que él deja caer todas las barreras.

Los cabalistas escribieron mucho sobre esta situación. Como se nos ha dicho, “El que escatima la vara odia su descendencia”. Es esencial utilizar la rigidez y la perseverancia, mientras que se equilibra entre constantemente el juicio y la misericordia.

El Creador tiene que ocultarse de aquellos que han recibido deseos. Él puede abrirse  sólo a los deseos de otorgar, aunque, es cierto sólo en lo que respecta a su Providencia en vez de hacerlo en lo que respecta a las Luces. Por supuesto, estos también son Luz, pero tienen que ver con la inteligencia y no con los sentimientos.

Esta etapa es el punto de partida del desarrollo humano. Debe quedarnos claro que sólo avanzamos, mientras adquiramos las pantallas y poderes correctos. Gracias a ellos, si el Creador se manifiesta como bondad absoluta y está listo para llenar todos nuestros deseos, no perdemos nuestra independencia. En el momento del ocultamiento nos protegemos, y aún más.

Cuando estábamos en el ocultamiento, no teníamos nada que “robar”, ahora, tenemos algo para robar, debe aguantarnos de hacer algo así. Mientras tanto, en el ocultamiento, no consideramos que el Creador sea tan bueno y benévolo. Nuestro deber es evitar ser estropeados por esta sensación. Está prohibido echar por tierra el miedo de uno, debido a la abundancia del Creador y a nuestra actitud hacia el Creador. Por el contrario, el miedo tiene que seguir creciendo: “¿Seremos capaces de dar al Creador a un nivel tan alto? ¿Somos capaces de elevarnos por encima de todo lo que se nos revela?”

La revelación del Creador nos debilita en gran medida, puesto que esta complementa el deseo. Es como si el Creador nos dijera: “Haz lo que quieras. No hay restricciones. Eres bienvenido a tener la mitad del reino o todo el reino”. Aquí radica el problema: ¿Somos capaces de evitar tal confusión?

Lo más importante no es el placer, sino más bien la ilusión y el desorden total. De repente todo nos elevamos por los cielos: “Todo está bien, podemos hacer lo que queramos, ¡es fácil! Anteriormente, no nos dábamos cuenta que todo vino directamente del Creador, y estaba impregnado de amor. Por otra parte, estamos totalmente de acuerdo con Él y Él nos entrega a nuestros caprichos…”. Ahí es donde podemos meternos en problemas.

Es por eso que tenemos que trabajar constantemente en nuestros deseos hasta que alcancemos el nivel de otorgamiento. Cuando el Creador se revela a nosotros, aun continuamos en nuestro camino. Sin embargo, esta revelación completa, totalmente abierta, “es sólo un truco, una invitación hacia el lado equivocado de nosotros para que sigamos ampliando la pantalla y utilicemos el ingenio contra la inclinación al mal, contra el Faraón.

Es como si el Creador y el Faraón se acercaran a nosotros juntos, como en el “Rollo de Ester”, donde es aún más difícil saber quién es el Creador y quién es Asuero (el rey). El rey apoya a Amán, mientras que Mordejai se encuentra a las puertas en la calle, y no sabemos a ciencia cierta cuál de ellos está en lo correcto.

En momentos como este, no podemos sostenernos sin el entorno adecuado que nos evoca a la vida.

(67812 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 1/26/12, “Introducción al Estudio de las Diez Sefirot”)

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