Volviendo a la verdad

El Creador es la fuerza, es Uno, único, y unificado. Como se nos dice: “No existe nadie más que Él”, “Yo no he cambiado mi HaVaYaH“, o “la Luz está en absoluto reposo”. Todo esto se trata de una esencia.

Toda nuestra realidad puede existir sólo si nos separamos del Uno y existimos por fuera de Él. Pero en realidad no existe nada aparte del Uno. La pregunta que surge siempre: “Si no existe otro aparte de Él, entonces ¿quiénes somos nosotros?” Pero en realidad nosotros no existimos. Toda nuestra realidad está en nuestra imaginación hasta que volvamos al Uno: un deseo y una Luz, como se nos dice, “Él y Su nombre son uno”.

Entonces todo, excepto ese Uno, desaparece. Todo el proceso que nos parece que atravesamos hacia afuera de ese Uno, existe sólo en nuestra imaginación corrupta, alejada de la verdadera realidad, en ocultamiento, en una percepción distorsionada. Esto es lo que tenemos que corregir: Desde nuestra visión engañosa en la que hay dos, nosotros debemos cambiar a la verdad en la que sólo hay Uno.

Este Uno es la única cosa que existe y rige. Debemos entender que el mundo que vemos en la que hay muchas criaturas diferentes es como un sueño, como una ilusión óptica. Es como si nosotros no pudiéramos enfocar nuestra visión y encontrar el pensamiento o sentimiento correcto. Nosotros estamos como perdidos en la niebla, confundidos, y por lo tanto sentimos el mundo de esta manera.

Entonces, ¿cómo podemos retornar a la verdad de la que se habla en la sabiduría de la Cabalá, llamada “la sabiduría de la verdad”, es decir al método que nos conduce a la verdad? ¿Cómo podemos volver a la verdadera conciencia, plena y correcta? ¿Cuál es la razón por la cual hay tantos de nosotros y por qué todos estamos en este estado falso, confuso y luego regresamos a la verdad, al Uno?

Los cabalistas escriben que para alcanzar ese Uno, tenemos que ir de la imperfección a la perfección. Debido a esto, el Uno se revela y aparece una unidad diferente.

Ahora es imposible reconocer la meta final y qué tan alta es. Pero nosotros tratamos de imaginar de alguna manera la diferencia entre el deseo y el pensamiento privado de todos, y el deseo y el pensamiento que se conectan y se adhieren al concepto de “Uno”.

La unidad que alcanzamos gracias a nuestra conexión, no es una simple combinación de las fuerzas de muchas personas que se unen. Es una fuerza que crece no sólo en cantidad y ni siquiera sólo en la calidad. La ley de equivalencia de forma está aquí, en efecto. Si nos conectamos, porque queremos alcanzar el otorgamiento, elevarnos por encima de nuestra presente naturaleza, entonces, de acuerdo a la ley de equivalencia de forma, llegamos al concepto de “Uno”, que se asemeja al Creador.

Si nos conectamos simplemente, nos volvemos un grupo ordinario, como un grupo de aficionados al fútbol o como soldados en el ejército que recibe la suma general de las fuerzas de todos sus miembros. Pero aquí no se trata sólo de la suma de fuerzas individuales. Después de todo, no todos vienen aquí con su fuerza, ego, mente y deseo para conectar todos los atributos, deseos, fuerzas e inteligencia.

Más bien, todos se elevan por encima de su mente y sentimiento, y así conectan sus deseos con el fin de estar por encima de la razón, por encima de sí mismos. Entonces, ellos se incorporan en el concepto de “Uno” llamado “el Creador” y adquieren una mente y un sentimiento. Esta mente y deseo comienzan a gobernar sobre ellos.

Por lo tanto, todos los sabios y cabalistas tienen un deseo y un pensamiento, aunque parece que expresaran diferentes opiniones e incluso diferentes argumentos (como la Casa de Hillel y la Casa de Shamai). Pero ellos debaten sólo para aclarar mejor el concepto de “Uno”, para ver cómo lo siente cada individuo desde su punto de vista, después él se eleva por encima de este y descubre el Uno.

(70394 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 20 de Febrero del 2012, escritos del Baal HaSulam)

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