¿Dónde está la inmortalidad?

Existimos en una realidad unificada, en el mundo del infinito, pero de este percibimos sólo la parte de la que somos capaces de darnos cuenta, de esa forma, en ese fragmento, el cual es creado mediante nuestras cualidades a partir de todo el mundo de infinito. Sin embargo, en cualquier caso, siempre estamos conectados al mundo de infinito. Recibimos la fuerza de ahí y todos los cambios que suceden dentro de nosotros suceden por medio de la conexión con ello.

Así es como aprendemos que cualquier cambio sucede mediante la elevación del MAN (plegaria) por nosotros a través de todos los mundos del mundo de infinito y este desciende desde ahí hasta nosotros en la forma de MAD. Además, cada cambio da a luz a un nuevo Partzuf, un estado, una conexión entre ellos a través del mundo del infinito también, siguiendo la regla “Maljut del superior se convierte en Keter del inferior.” Esto sólo es posible bajo la condición de que Maljut obtenga las cualidades del mundo de Infinito y de esta manera se convierte en la cualidad de Keter.

Un salto así en el cambio de cualidades en la materia de nuestro mundo es llamado un salto cuántico: porciones precisas, estrictamente discretas.

Así es como un electrón, girando alrededor del núcleo del átomo cambia de órbita con un salto, transformándose de un estado estacionario a otro. En este caso, cambia su órbita de forma instantánea, desaparece de la antigua órbita y al mismo tiempo aparece en una órbita nueva, en la cual continúa su movimiento, como si no hubiera pasado por su transformación, el salto.

Los físicos no detectan ni la trayectoria ni la duración de la transformación de una órbita a otra, esto sucede de forma instantánea. Esto es porque esta acción está elevando su fuerza hasta el mundo de infinito, por encima de la materia, el tiempo, el espacio, y el movimiento, que no existe ahí. Es por eso que no podemos detectar lo que sucede en un salto. Es decir que durante el tiempo de la transformación, que para nosotros es un espacio (un vacío cuántico) sucede una conexión entre los mundos, nuestro mundo y el mundo superior.

Aparte de esto, toda la materia existe sólo debido a saltos cuánticos similares, recibiendo la energía de la Luz superior (otorgamiento) del mundo del infinito en ellos.

E incluso una persona regular en cada momento de su existencia decae de la realidad de nuestro mundo para cambiar su estado por uno nuevo, se conecta al mundo del infinito y regresa otra vez, pero ya a un nuevo estado en nuestra realidad, aun cuando nos parece que el flujo de la realidad es continuo. Con esas conexiones continuas al mundo de infinito los cambios suceden y fluyen en toda la naturaleza en todos sus niveles, de nuestro mundo al interior de todos los cinco mundos.

La elevación al mundo del infinito y el regreso son necesarios para el cambio de Reshimot, los datos, que definen nuestros estados específicos. Sin embargo, esos estados específicos, en su turno, deben continuar cambiando continuamente, alimentándose del mundo de infinito, y de esta manera, realizar cada una de las Reshimot renovadas hasta su completa realización, la completa corrección de toda la naturaleza.

Esto sucede cuando todas las realidades se fusionan en una, la completa revelación de la Luz, esa fuerza de la cual todas las partes del universo reciben siempre Reshimot renovadas mediante impulsos cuánticos, nueva energía y cualidades. Y no es importante cómo le llamamos a esos cambios en la materia: el intervalo entre las imágenes del mundo, un salto cuántico (una discontinuidad), una ausencia de realidad, el cambio de Reshimot, un mínimo cambio de estado.

Nuestro futuro está en dominar esos estados atemporales en conexión con la Luz, con la cualidad de otorgamiento, por encima del egoísmo: Aquí está la vida por encima de la muerte. Está en la ausencia de tiempo en un salto cuántico y es nuestra inmortalidad.

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