Dos mundos

La persona que está en un grupo no sólo debe cambiarse a sí misma en relación al entorno, sino que además debe enseñar a otros cómo hacerlo. Esta es la razón para la ruptura. Ninguno de nosotros tiene la fuerza para resistir la intención egoísta, pero cuando la persona realmente se da cuenta de la necesidad de cambiar su intención hacia la intención altruista, adquiere la posibilidad de recibir la fuerza de sus vecinos, de sus amigos. De repente, este se convierte en un principio muy simple: Si deseas unirte con tus amigos con el fin de otorgarles a ellos, entonces puedes recibir de ellos la fuerza para cambiar tu intención, a través de esta unidad.

En esencia, operamos en un deseo, en una sola línea: Si yo deseo otorgar a mi vecino, entonces puedo recibir la fuerza para hacerlo a través de él. Pero ¿De dónde saca él esa fuerza? El la recibe de la raíz, que hay detrás de esto. Es por esto que está escrito: “. Yo vivo dentro de mi pueblo”. En otras palabras, el Creador, la fuerza superior, la raíz, la cual creó la intención de otorgar, vive dentro del grupo. Él me dice: “Si tratas a tu prójimo de la manera correcta con el fin de otorgarle, entonces me encontrarás a Mi en el prójimo, en el punto exacto al que diriges tu otorgamiento. Entonces, tu intención cambiará, y realmente serás capaz de realizar esto”.

Está escrito en lo que respecta a esta acción: “Israel, la Torá, y el Creador son uno”. De esta manera, comenzamos a ver la realidad completa. Ahora en vez del mundo corporal que hay ante mí, veo el entorno. Y no me importa lo que hay en este. Lo que importa es que en la búsqueda de la fuerza para otorgar a través de la cual yo paso y alcanzo la raíz, es el Creador, quien existe dentro de mis amigos. Quiero unirme con mis amigos para otorgarles; yo encuentro al Creador dentro de ellos, que me proporciona la fuerza para que me conecte con ellos, y entonces me uno con Él a través de ellos.

Y entonces la persona comienza a trabajar en dos líneas. Por un lado, ve cómo el Creador le impulsa a usar a su vecino, ve los diversos pensamientos crueles que le llegan desde el interior del grupo sobre la manera de usar a los demás, cómo beneficiarse a costa de ellos, y recibir placer del grupo. Sin embargo, en respuesta a este placer directo, la persona restringe su intención, y busca, por el contrario la posibilidad de otorgarles a sus amigos mientras permanece en la misma línea. Ella desea usares a sí misma para el bien y el beneficio de sus amigos y retornar al Creador a través de ellos, construyendo así las diez Sefirot de la Luz Reflejada.

Ahora, la persona tiene las “dos caras de la moneda”. Al compararlos a ellos y evaluar el grado en que puede usarlos, ella se alista para aceptar la invitación del Creador y desarrollar la actitud correcta hacia Él. Se abren ante él dos realidades:

  • Cuando yo recibo placer directamente del Creador a través de la naturaleza o del entorno, si estoy listo para seguir recibiendo más y más de lo mismo, este tipo de existencia es percibida como “este mundo”.
  •  Pero si yo otorgo tanto como pueda y me dedico a mis amigos y al Creador, entonces revelo otra existencia, opuesta a la Luz Reflejada.

De esta manera la persona adquiere dos mundos.

(71254 – De la Convención en la Aravá del 23 de Febrero del 2012, Lección # 1)

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