Qué estamos formando: ¿”Maestros” o trabajadores?

La persona debe ser constantemente cuidada porque en cualquier momento, como dicen los sabios, ella puede inclinar la balanza no sólo en su favor, sino también en favor de todo el mundo. Pero esto no significa que no podamos cometer errores. Hoy en día pasamos por la fase de preparación y, por supuesto, podemos cometer errores.

Si tú haces esfuerzos y cometes errores, es normal. Durante el período de preparación de la persona aun no corrige nada, sino que sólo prepara sus deseos para la corrección. También esto lo que enseñamos a los niños. No exigimos de ellos ningún trabajo real que todavía sean incapaces de hacer. No los evaluamos de acuerdo a los resultados, sino de acuerdo a lo que han aprendido. Por ejemplo, si le damos a un niño un juguete y lo desarma y lo rompe, es natural para él, y aunque el juguete esté roto, aun así él aprendió algo de esto. Él puede descubrir que no hay nada dentro de este, o que hay un resorte, el niño ha aprendido algo y esta es la principal ganancia.

Tú ni siquiera castigas a un niño de diez años por cosas por las cuales un adulto podría ir a la cárcel. Durante la fase de preparación no se espera que la persona alcance los resultados reales. Lo más importante es que se prepare ella misma para su corrección y que avance, incluso por medio de las corrupciones que evoca y descubre. Este es el principio del aprendizaje. Esta es la razón por la cual la enseñanza tradicional en nuestras escuelas y universidades es inútil, a la persona no se le permite cometer errores. Se espera de ella unas buenas calificaciones y grandes logros y ella no piensa en la esencia del material, no piensa cómo armar los materiales que se le presentan listos. No, ella tiene que conseguir un grado y el resto no le interesa.

Así que esta ya no es una preparación para algo más grande. El sistema de educación produce personas que no saben cómo pensar.

En realidad, en la fase de preparación, en el proceso de aprendizaje, una cosa puede esperarse de la persona: que absorba tantas cosas buenas y malas como sea posible, que se eleve y caiga constantemente. Su nivel de preparación debe ser evaluado y no cuánto sabe. No importa si ella rompe algo en el camino. Una persona que cuenta con una profesión lucrativa, no es un maestro de nada. Un verdadero maestro trabaja solo por “amor al arte”. La paga no le interesa. La persona que realmente quiere convertirse en un experto en determinado campo sólo debe conectarse con el material con el cual trabajará, estudiarlo, y profundizar en él. Con el fin de hacer esto, tiene que romper el material mismo y hundirse en estos pedazos, en la profundidad de la materia prima.

Este es un método de enseñanza y educación completamente diferente, un método que es opuesto al método actual. No hay grados, debido a que durante la preparación no hay nada de que dar grados. Tampoco hay recompensa por los resultados en el futuro porque de lo contrario la persona desea la recompensa.

En el mundo, sin embargo, la gente prefiere algo que prometa una recompensa. En los últimos 30 o 40 años, la gente se ha vuelto muy limitada y no puede encontrar soluciones incluso a las pequeñas crisis. Esto se debe a que no tienen un enfoque creativo para el aprendizaje. La persona fue construida a partir de la ruptura para que pueda ser realmente compleja y multifacética.

(73079 – De la 3º parte de la lección diaria de Cabalá del 3/19/12, El Estudio de las Diez Sefirot)

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