Qué precede a nuestras intenciones

Podemos hablar acerca de nuestro avance y de nosotros mismos, así como imaginar la perspectiva desde Arriba, desde la fuente de la realidad. Revelamos nuestro trabajo desde abajo, y su causa la revelamos desde Arriba.

¿Cuál fue el propósito de la creación? Está dicho que tal es el deseo del superior: crear una criatura tan perfecta como lo es Él. Así en todas nuestras acciones e intenciones, mientras analizamos lo que sucede con nosotros, debemos siempre recordar que la meta final de todo eso es revelar al Creador, revelarlo precisamente a Él.

Lo que siento, pienso, reflexiono, o aspiro, es correcto; así es el camino del análisis ¿Pero qué revelo en este camino, mi propio yo? No, me revelo a mí en oposición al Creador. Es decir, de hecho, lo revelo a Él.

Sabemos por la sabiduría de la Cabalá que en el mundo del Infinito no hay deficiencia en nada excepto la toma de consciencia del Dador. La criatura, llamada Maljut del mundo de Infinito, debe entender, sentir, y alcanzarlo a Él.

Es por eso que esta creación completa es necesaria: el descenso a nuestro mundo y el ascenso de regreso a Maljut del Infinito, que debemos llevar a cabo. Este camino de abajo hacia Arriba tiene como fin el solo propósito del ascenso en el alcance del Dador.

Lo alcanzamos de acuerdo a la equivalencia de forma: Mientras más nos parecemos a Él, más lo entendemos y lo sentimos, y más nos acercamos a Él. El resultado final está en su pensamiento inicial; entonces, antes que nada, tenemos que establecer la intención, es decir, ¿qué quiero alcanzar a través de todas mis acciones? Lo que está hecho está hecho, ¿pero por qué lo necesito?

Sin embargo, incluso antes de clarificar la intención, necesito el pensamiento inicial del origen primario de esta intención ya que la idea es revelar al Dador, al Creador. Esa es nuestra meta.

Yo revelo en mí mismo pensamientos, intenciones, deseos, y actitudes, pero en esencia, a través de esas acciones lo busco a Él “¿Cómo abordo el hacerlo? ¿Qué pienso? ¿Qué quiero? ¿Cómo interactuar con alguien o algo?” Antes de cada uno de esos discernimientos me preparo con la actitud correcta: Todo lo que hago tiene como finalidad revelar al Creador.

Necesito trazar algunas conexiones aquí:

  • Quién quiera que yo soy, Él lo preparó para mí;
  • Lo que sea que pienso en cada segundo, Él me lo da;
  • Lo que sea que me sucede justo ahora durante este análisis, me sucede de acuerdo a Su voluntad.
  • Como sea que reacciono a lo que siento, Él, también me lo da.

Existe solo un pensamiento, una frase que debe siempre ser mía: “Todo lo que está sucediendo conmigo viene del Creador”. El primer artículo de Shamati habla de ello: “No existe nadie más que Él”.

Ahora, cuando clarifico mis intenciones, ya sea en aras de la recepción o en aras del otorgamiento, ciertamente vienen del Creador. Sin embargo, lo que es importante para mí en este análisis es que lo revelo a Él; clarifico quién es Él.

A partir de todos esos discernimientos, el mosaico de la realidad toma forma dentro de mí. Mis amigos, el mundo a mi alrededor, sus eventos y circunstancias, todo debe fusionarse en una imagen del Creador. Al grado en que esta aparece internamente, se reúnen las piezas separadas: todas las criaturas, todo este mundo, todos los mundos juntos en una sola estructura cuya forma interna es llamada el “Creador”. En su totalidad, esta estructura representa Maljut del mundo del Infinito o, en otras palabras, la vasija, el deseo. Es precisamente Su forma, Su estructura, e interacción de todas Sus partes: deseos, pensamientos, e intenciones que toman la forma del Dador.

El Creador mismo, Atzmuto, no tiene una forma. Sin embargo, conducimos un análisis sin descanso en nosotros mismos y gradualmente creamos la forma similar a la de Él. Como resultado, Él puede ser revelado. De la misma manera, para detectar ondas que nos son desconocidas, construimos un dispositivo en el cual pueden ser duplicadas y reproducirlas. Nos permite descubrirlas y estudiar su naturaleza.

El escrutinio interno crea un “lugar” para revelar al Creador; de otra manera, Él permanecerá oculto de nosotros. Es por eso que está dicho que el Creador quiere habitar en los inferiores, es decir revelarse a Sí mismo hacia ellos. Esa es la razón por la que Él creó el mundo del Infinito, y nuestro trabajo consiste de revelarlo a Él a través de nuestros esfuerzos.

Así, la revelación del Creador es el resultado de nuestro escrutinio interno. Él no se revelará a Sí mismo, se necesita aquí de nuestros esfuerzos y fatiga. Nosotros hacemos nuestros esfuerzos, lo queremos y no lo queremos, las fuerzas de recepción y otorgamiento chocan dentro de nosotros, y así constantemente preparamos un lugar para Su revelación.

Eventualmente, este lugar se vuelve lo suficientemente “flexible” para poder detectar en este pequeñas “ondas”, las formas del Creador en la materia del deseo. Mientras más suavizamos nuestro material, más se revela el Creador dentro de este. Él mismo está oculto; sin embargo, la materia comienza a asumir Su forma. De esto se componen todas nuestras clarificaciones: con ayuda de ellas estamos preparando nuestro deseo de asumir Su impresión, Su revelación.

Por lo tanto, con cada acción es necesario recordar que nosotros, el mundo, y todo lo demás en general, existe sólo con el fin de revelar al Creador. No es un tópico a discusión sino el hecho que desciende de las fuentes de la creación. Si establezco la base para cualquiera de mis acciones, pensamientos, o intenciones con ese hecho en mente, si originalmente tomo este curso, si estoy dirigido hacia la revelación del Creador porque tal es Su deseo, entonces estoy dirigido hacia el Infinito, justo hacia la meta. Y todo lo que hago más tarde seguramente entrará en esa reserva de esfuerzos que debo rellenar.

Todo lo demás tendrá lugar de todas maneras. Sólo una cosa depende de nosotros: dirigir todos nuestros esfuerzos hacia la revelación del Creador.

Más tarde, surgen las siguientes preguntas: ¿qué representa esta revelación? ¿Cómo la llevo a cabo? ¿Qué acciones resultarán más efectivas? ¿De quién depende: de mí, de otros, o de nuestra interacción? Al final, estamos hablando del método que los cabalistas nos describen, explicándonos cómo llevar a cabo acciones que son las más benéficas para la revelación del Creador.

Hoy, toda la humanidad está en el comienzo de esta revelación. La evolución llegó a su conclusión; el mundo ya ha realizado el potencial del progreso materialista. No tenemos nada qué buscar en otros planetas y nada qué extraer de la tierra; hemos tratado todo en su superficie también, y vimos que nuestra vida es limitada y nos lleva a un callejón sin salida.

Es el comienzo de la revelación del Creador a todas las criaturas. Debido a este impedimento las personas comenzarán a hacer la pregunta: “¿Para qué y por qué vivo? ¿Cuál es el propósito de la vida?”

De aquí en adelante aprendemos que el propósito de nuestra vida es revelar al Creador, o, para ser más preciso, prepararnos para Su revelación. Logramos eso al unirnos, y suavizando mediante eso, nuestro deseo de recibir para que se vuelva altruista y comience a asumir varios tipos de otorgamiento. Después de todo, el Creador es la cualidad de otorgamiento, y si establecemos tal conexión mutua, le ayudamos a Él a revelarse entre nosotros, preparamos el terreno para ello, la materia que será capaz de asumir Sus cualidades, Su proyección.

Así nos desarrollamos en precisa equivalencia con Su forma.

(71271 – De la Convención en la Aravá del 23 de Febrero del 2012, Lección # 2)

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