¿Por qué es tan difícil pedir?

El trabajo espiritual es diferente ala trabajo que hacemos en este mundo. Este mundo es el mundo de las acciones. Yo llevo a cabo una cierta acción para obtener un cierto resultado. Existe un pensamiento, existe una meta, un plan, y en correspondencia comienzo a trabajar para cumplir con la acción con el fin de llegar a la meta así es como realizo todo el proceso.

Pero en el trabajo espiritual tenemos otro socio clave que hace el trabajo. Sólo creamos el trabajo para Él. Él trabaja y lleva a cabo todas las acciones, el pan es de Él y Él lo hace todo. Sólo somos responsables por el hecho de que podemos activarlo a Él.

El jefe aquí es el Creador, Él tiene su propio plan y todos los materiales y el poder para cumplirlo, todo lo que se necesita. Todo lo que tiene lugar de acuerdo a un plan predeterminado, pero sólo si nosotros lo apresuramos.

Es como si hubiera un contratista perezoso que aceptó construirnos una casa, pero siempre tenemos que ir por él y pedirle que haga algo. Mientras se lo exijas, lo hace; en el momento en que dejas de exigir, él se detiene. Le agregamos combustible a esta maquinaria y sólo entonces comienza a funcionar.

Es muy difícil para nosotros internalizar esto, entender, y sentir ¡Porque no sentimos al que lleva a cabo este trabajo y pensamos que tenemos que hacer todo por nuestra cuenta! Es más, este trabajo es hecho en nosotros, así que realmente no percibimos lo que está sucediendo.

Si pudiera ver al Creador y entender que todo depende de Él, entonces ciertamente le pediría, imploraría, y lo apresuraría constantemente ¡El problema es que no lo siento a Él! Esta es la esencia de ocultamiento del Creador, no siento que estoy en Sus manos, y entonces no le pido a Él que haga nada.

No siento que depende de Él, pero pienso que todo está dentro de mis habilidades. Este ocultamiento creó el poder egoísta en mí, una corteza, al hacerme sentir seguro de que yo mismo gobernaría! Entonces el Faraón en mí dice: “¿Quién es el Señor que debo escucharlo? ¡Hazlo todo por ti mismo!”

Este es el punto donde el dominio del ego es revelado; este es el lugar dónde la “corteza” y la “Santidad” en mí colisionan.

“¡Yo mando!”, significa que haré todo por mí mismo y no el Creador. Prefiero hacer todo por mí mismo, en lugar de pedirle a Él que haga algo. Pero sabemos que nuestro trabajo es llegar a la petición. Esto es lo único que necesitamos. Después todo sucede por sí solo.
(76242 De la primera parte de la Lección diaria de Cabalá 25 de abril del 2012, Escritos de Rabash)

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