El mundo de Ein Sof (Infinito) en la percepción de un niño

Cuando la persona comienza a estabilizarse con respecto al Creador, ve que toda la realidad que siente en su interior, incluye al grupo y a toda la humanidad. Toda la creación, todo, tiene lugar en su deseo de recibir. A excepción de este deseo, sólo existe el Creador.

Al leer El Zóhar, descubrimos diferentes estados que existen en nuestro deseo de recibir, que están más orientados hacia el otorgamiento y que están dirigidos hacia el Creador.

Primero, nuestros deseos están totalmente separados y dispersos: todos los niveles de la naturaleza, el inanimado, el vegetativo, y el animado. Así es como la persona percibe la realidad. Pero gradualmente comenzamos a ver que el sistema es más organizado, más integral, y cerrado. Incluso sentimos que nos presiona y que está totalmente en las conexiones mutuas.

Entonces hay dos procesos aquí, acercándose entre sí. La persona descubre y entiende más al desarrollarse. Por otra parte, el sistema en sí parece estar más estabilizado externamente, estar conectado con todas sus partes, y parece presionarnos para que comencemos a percibirlo como unificado y cerrado. Esto significa que al mismo tiempo existe tanto un “despertar desde abajo” como un “despertar desde Arriba”.

Hay dos formas en las que podemos desarrollarnos, mediante “el camino de la Torá” o “mediante sufrimiento”. Mediante la Torá, avanzamos al apresurarnos, tratando de descubrir que los sistemas son más completos y están mutuamente conectados, y mediante eso podemos entender la fuerza superior, la Providencia Superior.

Pero el sistema nos muestra que es un cuerpo orgánico y conectado que nos presiona mediante esas conexiones, haciendo nuestra vida más difícil. Tenemos que tratar de percibir la realidad sólo como un sistema, sin importar cómo sea, a través del cual la fuerza superior quiere revelársenos. El Creador está esperando vestirse en este sistema y llenarlo de acuerdo a la equivalencia de forma.

El Zóhar describe estados muy altos y avanzados, pero cuando leemos acerca de ellos, los hacemos descender a nuestro nivel, justo como los niños con su ingenua percepción del mundo. Un adulto listo entiende la conexión interna entre las cosas, qué se deriva de qué, y cómo está organizado todo, mientras que un niño mira lo mismo y ve el mundo diferente, al percibir sólo una estrecha parte de la realidad.

El Zóhar también, nos revela toda la realidad, pero nosotros percibimos sólo una pequeña parte de esta. Pero cada vez tratamos de estabilizar nuestro mundo interno de acuerdo a lo que nos dice El Zóhar, mediante nuestros esfuerzos y nuestros intentos de discernir dónde están todos los atributos descritos por El Zóhar dentro de nosotros (el “inanimado”, “vegetativo”, “animado”, y “hablante”), nosotros avanzamos.

(76400 – De la 2º parte de la lección diaria de Cabalá del 25 de Abril del 2012, El Zóhar)

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