Una telaraña de conexiones

Pregunta: Siempre tiene que haber una conexión entre un hombre y una mujer. Cuando se trata de un hijo y una madre, esta conexión se trata del amor del hijo hacia la madre y del amor de la madre por su hijo. Cuando se trata de un esposo y una esposa, esta conexión es del amor de la mujer hacia el hombre y del amor del hombre hacia la mujer. Cuando se trata de amigos que comparten una aspiración y unos objetivos en común, tiene que haber solidaridad y amistad entre ellos. ¿Qué tipo de conexión deberíamos tener nosotros?

Respuesta: En nuestro mundo, la conexión entre una madre y su hijo o la de un hombre y una mujer y así sucesivamente provienen de que estamos en el mismo nivel de egoísmo y de tratar de conseguir algo en ese nivel. Sólo existen dos: un esposo y una esposa o una madre y un niño.

Pero en nuestro caso, existen tres: hombres, mujeres y la fuerza superior, el Creador. En Él, los tres nos conectamos juntos en amor mutuo. ¡Nunca somos dos los que nos conectamos! Aquí no estamos en el amor animal o en la dependencia física. Estamos unidos sólo porque tenemos una meta, y en esta, nos conectamos todos nosotros juntos en un todo común. Por eso es que este es un sentimiento completamente diferente, que no tiene nada en común con la atracción animal de uno hacia el otro. 

Les pido disculpas  por darles este ejemplo sobre los sentimientos de una madre hacia su hijo, pero básicamente esto es lo que existe en el nivel animal.

Pero aquí sólo el Creador y nada más nos obliga a tener esta conexión. Sólo el Creador porque le exigimos que se manifieste entre nosotros. Seríamos unos absolutos desconocidos sin Él. En otras palabras, cada vez que hay una relación entre mi amigo y yo, entre un hombre o una mujer, yo me imagino la revelación del Creador entre nosotros.

(75374 – De la Convención en Vilna del 23 del Marzo del 2012, Lección 2)

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