¿Cómo podemos alcanzar Atzmuto?

Pregunta: El Creador nos lo da todo, Él nos da a los traductores, las salas de estudio, los centros de aprendizaje, etc. ¿Por qué no nos conceden la corrección?

Respuesta: El Creador puede dárnoslo todo, pero no puede hacer que la creación lo alcance a Él y se vuelva similar a Él.

¿Qué significa eso de que el Creador nos concede las asambleas y nos ofrece la tierra? ¿Por qué creó Él nuestros congresos y los países en los que vivimos? ¿Para qué los necesitamos? Podríamos habernos quedado en el Mundo del Infinito, y eso sería todo. ¿Por qué hemos descendido a través de cinco mundos a este reino? ¿Para sentir los problemas y experimentar los estados por los que pasamos todos? ¿Quién los necesita? Si le preguntas a cualquiera en el mundo, verás que nadie los quiere.

El Creador hizo una sola cosa: ¡un punto!, Nada más. La Luz entró en el punto y comenzó a interactuar con él. La propiedad de la Luz es el otorgamiento, la cualidad del punto es recibir. Ellos constituyen dos estados opuestos: positivo (+) y negativo (-), un poder microscópico de la Luz (otorgamiento) y una pequeña fuerza de recibir contraria a ella. Estas dos fuerzas siguen evolucionando constantemente.

El Creador no hizo nada más que esto. El Creador es algo intermedio, externo, que se llama Atzmuto (Por Él mismo). Para alcanzar las propiedades de Atzmuto y ser capaces de percibirlo, tenemos que combinar ambas propiedades para que sean iguales, similares entre sí; la propiedad de la recepción debe volverse idéntica al atributo de otorgamiento. En otras palabras, la propiedad de recepción debe aprender a otorgar de la forma en la que lo hace el poder de dar.

Cuando nos volvemos iguales al atributo de otorgamiento (la Luz) comenzamos a equilibrarnos entre estas dos fuerzas, experimentando así la fuerza llamada Atzmuto, que creó tanto la Luz como el deseo. La Luz proviene directamente de Atzmuto y es de hecho su propiedad denominada “algo que surge a partir de algo”, mientras que el deseo egoísta representa “algo que surge a partir de la nada”. Sin embargo, ambos se derivan del Creador.

Por lo tanto, tan pronto como logramos similitud entre el deseo y la Luz, al hacerlos paralelos entre sí, comenzamos a sentir una tercera fuerza.

En la Cabalá, esta idea se expresa por medio de la idea de las tres líneas. La línea izquierda representa el poder del deseo (el egoísmo), la línea derecha simboliza el poder de la Luz (otorgamiento), mientras que la línea media, es la tercera fuerza que surge de la comparación entre las dos primeras.

Cuando recibimos una parte que pertenece al deseo y al mismo tiempo, obtenemos otra parte de la Luz, las comparamos dentro de nosotros mismos de tal manera que se equilibren e igualen, así es como nosotros revelamos al Creador mediante la utilización de la línea media.

Aquí estamos hablando de leyes de la física, no hay nada más allá de ellas. Es igual en cualquier ciencia; nosotros utilizamos el método de comparación a fin de encontrar un tercer parámetro, el valor inicial. ¿Cómo más podemos definirlo?

Con el fin de conocerlo, tenemos que demostrar al menos dos de nuestras propiedades opuestas, de manera que al compararlas, otra persona pueda reconocer y entender quiénes somos. Sólo al contrastar diversas cualidades es posible comprender, medir, y pesar algo.

Esta es la razón por la que el Creador nos dio la posibilidad de existir entre un “más (+) y un menos (-)”. Al recibir de Él, y comparar lo que hemos recibido, lo alcanzamos a Él. Esto se aplica a todas las esferas de nuestra vida. En la tecnología, nosotros determinamos cuál es la fuente de energía al saber quién es el consumidor. Sin el egoísmo o la Luz que fluye a través de nuestro ego, no podemos darnos cuenta o sentir con qué estamos tratando.

Después de que el Creador generó un punto negro que es opuesto a la Luz, siguieron evolucionando por su cuenta dos cualidades (más y menos). No hay nada más en juego. El acto de creación se detuvo en ese punto, además, vemos que el avance ocurre por sí mismo y se origina desde los dos opuestos. Ya no hay interferencia en Su nombre Atzmuto (Él, Sí mismo).

Nuestra naturaleza evoluciona constantemente. Esto significa que podemos pronunciar: “¡El Creador no existe!” Vemos que todo lo que nos rodea cumple con ciertas normas, la vida está definida por las rígidas leyes que existen universalmente.

Sin embargo, si nos esforzamos por encontrarlo a Él (alcanzar el nivel superior) tenemos que empezar a ser equivalentes. ¿Cómo?, sólo colocándonos entre “un más” y “un menos”. ¿Cómo nos ponemos en esa condición?, sólo si asociamos nuestro “menos” con nuestro ego y nos las arreglamos para vincular el “más” con el grupo.

Cuando hablamos de “nuestro ego” no nos referimos al deseo de festejar, beber, comer, entretenernos, o tener gran cantidad de tiempo libre. No. Nos referimos a nuestra resistencia a conectarnos con nuestros compañeros de grupo. Este es el único factor que hace la diferencia. Si seguimos tratando de unirnos con nuestros amigos más allá de nuestro ego, finalmente obtendremos tal fuerza dipolar, tal fuerza magnética, que seremos capaces de revelar al Creador dentro de ella. En este nivel de fusión con el grupo, surge la propiedad de Atzmuto.

 

Estoy hablando de las condiciones físicas y las leyes elementales. No podemos ignorarlas. El problema es que nosotros tenemos que estar situados dentro de este esquema. ¡Lo intentaremos!

(74143 – De la Convención en Vilna del 23 de Marzo del 2012, Lección 1)

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