No hundas a los demás hoy para que ellos no te ahoguen mañana

Yo paso mi vida entera cuidando de mí mismo, tanto internamente e instintivamente y conscientemente, intencionadamente y deliberadamente. En este caso, ¿cómo yo hago para cambiar mi naturaleza a su completo opuesto? ¿Cómo puedo aprender a amar a mi  prójimo? Después de todo, amar a mi prójimo significa pensar sólo en él, colocar mi cuerpo entero a su servicio, todos mis medios, habilidades y generalmente todo lo que yo tengo. Y para hacer eso a tal punto que no me quede nada a excepción de este punto de desear otorgarle a él y sin descansar para cuidarlo de modo que él se sienta tan  bien como sea posible.

Así es como una madre cuida a su hijo. La naturaleza en sí misma la dirige para cuidar sin descanso por el pequeño y lo único que le interesa en la vida es que esos pocos kilos de carne se sientan bien. Ella piensa en sólo como satisfacerle con comodidad, cómo alimentarlo, cuándo cambiarle el pañal y en general qué hacer con él de modo que se sienta incluso mejor. No existe otra preocupación para ella.

¿Cómo podemos seguir su ejemplo de modo que nosotros tratemos a toda la humanidad de la misma manera, con la misma devoción? ¡Esto no es realista!

Pero ¿podría la Naturaleza establecer en realidad condiciones imposibles ante nosotros? ¿Por qué, entonces nosotros no pudimos llegar a un estado completamente opuesto? ¿Por qué estamos totalmente sumergidos en nuestro propio cuidado? Es más, aunque los animales se cuidan constantemente de ellos mismos también, las personas además de eso quieren beneficiarse a expensas de los demás, usarlos, imponer su poder y opiniones sobre ellos, doblegarlos a su voluntad. Una persona se deleita en destacarse sobre los demás. Lo que es más, ella disfruta cuando ellos se sienten un poco peor que ella, cuando ella está en un estado más favorable comparado con ellos. Una persona constantemente se evalúa a sí mismo en relación con aquellos que lo rodean y  hace sólo lo que él establece a  la medida de su satisfacción.

Si el egoísmo me ha llevado a un punto donde yo deseo sentirme como si yo estoy por encima de todos y donde yo los necesito sólo para poder sentir mi propia superioridad, entonces ¿cómo yo puedo cambiar esta naturaleza y transitar hacia un estado opuesto? ¿Quizás valdría la pena para mí imaginar una situación utópica en la cual yo cuidara a mi prójimo y recibiera placer por eso, como una madre que cuida por su bebé? Supongamos que yo amara a los demás de la misma manera que ella lo hace y yo constantemente cuidara de ellos, entonces ¿con esto tal vez  yo sentiría absoluta realización?

Sin embargo, yo no veo ningún medio para lograrlo. ¿Qué me obligaría a mí a eso?

De hecho, la humanidad meditó sobre esto por miles de años. A lo largo de la historia muchos libros han sido escritos, muchos intentos fueron hechos para implementar algo similar: construir un buen entorno para formar organizaciones correspondientes. Incluso hace cientos de años, utopistas intentaron crear las condiciones para relaciones buenas y bondadosas entre las personas en diferentes rincones del mundo. Sin embargo, ellos no tuvieron éxito en implementar estas iniciativas.

Durante el curso de nuestro desarrollo, nosotros comenzamos a ser más inteligentes y llegamos a conocer la naturaleza humana más y mejor, y ahora nosotros comprendemos que no somos capaces de elevarnos por encima de nuestra propia naturaleza. Tal vez eso incluso es bueno. Quizás esto nos dé a nosotros algo especial. Pero construir tal sociedad es imposible: una idea utópica de verdad.

Y es por esto que en nuestras sociedades nos limitamos a las leyes de conducta de modo que no dañemos demasiado a nuestro prójimo. Tenemos abogados, contadores, sociólogos, psicólogos, políticos y así sucesivamente y ellos normalizan las leyes sociales. Nos unimos uno con otro pero sólo para recibir servicios. Por ejemplo, una municipalidad cuida el orden en la ciudad, de la basura, de la limpieza y otros servicios como jardines de infantes, escuelas, centros culturales y demás. Nosotros tenemos la voluntad de considerar las necesidades de todos, y en este caso por supuesto vale la pena unirse. Después de todo, gracias a eso cada persona paga una cantidad relativamente pequeña por una amplia gama de servicios. Estas cosas son claras para nosotros ya que a través de ellas, nosotros recibimos un beneficio real, calculable.

Pero cuando se trata de cambiar las actitudes de las personas en el campo de los sentimientos y emociones, de modo que una persona tome en consideración a su prójimo fuera del llamado de su propio corazón, esto es algo que no podemos hacer.

Y aquí nosotros llegamos a una comprensión de ese estado especial de crisis en la que estamos hoy en día. Esta es una crisis muy extraña, y en su esencia esta se refiere a las relaciones entre nosotros. Usando todos los mismos intentos de previas formaciones egoístas, nosotros procuramos construir una sociedad más confortable para todos, tomando en cuenta intereses comunes de un modo o de otro. Nosotros entendemos que un exceso de gente descontenta llevará a choques y conflictos irreconciliables, y esto amenaza con provocar guerras civiles. A lo largo de todos los siglos nosotros hemos sido conscientes que nuestro egoísmo necesita ser bien controlado de modo que  no nos devoremos unos a otros.

Sin embargo, todos estos cálculos se construyeron bajo un “paraguas egoísta”: Nosotros comprendimos que así es nuestra naturaleza y que necesitamos controlarnos a nosotros mismos dentro de ciertos límites. Incluso en nuestros momentos brillantes del mundo con facetas egoístas, todavía se requiere un solo mecanismo para prevenir los brotes que amenazan destruir todos nuestros logros. Así es como la humanidad llegó a crear el Banco Mundial, la ONU y otras organizaciones internacionales, cómo nosotros llegamos a estrechar las comunicaciones y un reconocimiento más completo de todos los intereses.

Particularmente, durante el siglo pasado nos dimos cuenta que era necesario tomarnos más en cuenta el uno al otro. Las dos Guerras Mundiales nos han demostrado que nadie gana en una guerra desenfrenada -por el contrario, todo el mundo sufre una pérdida como resultado y todos pagan un alto precio por ello.

Así es como la humanidad creó toda clase de comunidades y canales de comunicación. Hay incluso “botones rojos” en Moscú y Washington para establecer contacto de emergencia en caso de una amenaza global. Una cierta forma de confianza existe aquí simplemente porque está claro que todas las partes están  involucradas, que nadie saldría de un conflicto inmaculadamente limpio y con beneficios. Por lo tanto, darse cuenta que no hay alternativa, protegidos con una base acumulada, ahora nosotros podemos establecer cierta interacción y comunicación.

Por un lado, esto todavía sigue teniendo un enfoque egoísta, pero por otro lado ese giro de los eventos aún  lleva al acercamiento entre nosotros. Incluso aunque nosotros odiamos cada vez más y deseamos matar a los demás, comienza a ser más claro que ellos son igual de fuertes y por ende vale la pena que nosotros nos tomemos en consideración el uno al otro.

(De KabTV “Una nueva vida” #13, 11 de enero del 2012)

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