El amor: Un puente sobre el odio

Toda la realidad se divide en tres partes: yo, la chispa espiritual que existe dentro de mí que no me deja estar en paz y que desea descubrir otra realidad, y el mundo que me rodea.

El mundo que me rodea está dividido en, las personas que son cercanas, las que son  lejanas a mí, la naturaleza inanimada, la vegetación y los animales. Detrás de todo eso, se encuentra aun otra fuerza más alta. Por ahora, yo percibo la totalidad de la realidad como algo ajeno que no está relacionado conmigo. Sin embargo, todo esto son partes de mí que yo no percibo, debido a la separación que ocurrió en mi conciencia y sensación.

Es como si se me hubiera puesto en mi brazo una inyección para quitar el dolor, y como resultado perdí por completo la sensación y no siento que es mío. Incluso pueden cortármelo y no me daría cuenta, tan poderoso es este anestésico.

Así es como percibo el mundo en su totalidad, como si no me perteneciera. Y el trabajo es luchar contra este anestésico, contra esta sensación.

Esto es intencional, debido a que si yo pienso que este mundo no pertenece, como si este hubiera sido anestesiado, puedo alejarme de mi egoísmo y relacionarme con él de manera altruista, por medio del otorgamiento, como si lo hiciera con alguien más. Puedo aprender a amarlo.

No necesito desarrollar el amor hacia mí mismo, yo me amo egoístamente de todos modos. Sin embargo, ahora puedo aprender a amar a los demás, quienes están separados de mí por medio de este anestésico, de esta ilusión de separación. Después de todo, el amor es una cualidad del Creador, no la cualidad de la creación.

Por medio de esta separación, el Creador nos da la oportunidad de recibir una cualidad, que no es característica de nosotros por naturaleza y que no nos pertenece. Nosotros no entendemos qué es el amor en absoluto. Pero cuando yo trato de aprender a amar a los que están por fuera de mí como lo hago conmigo mismo, es decir, a relacionarme con mi vecino de la manera en la que lo hago conmigo mismo, esto se llama amor.

Estoy trabajando en ello en contra de mi egoísmo. Esta es una fuerza interior especial que constantemente le ofrece resistencia. Así pues, existe una oposición de dos fuerzas que actúan en dos direcciones diferentes. El deseo atrae el placer hacia sí mismo, pero por encima, hay una pantalla (la fuerza de mi resistencia), que aparta este placer y está listo para hacer que este ascienda.

Y luego, partiendo de la interacción entre estas dos fuerzas, yo puedo entender lo que es amar a alguien verdaderamente más que mi propio hijo, que a mi pequeño perro, o que a mi propio cuerpo.

Y a medida que me desarrollo más, crece constantemente mi odio hacia mis vecinos, pero yo desarrollo la fuerza del amor por encima de este. Esto se llama amor, sólo si se eleva por encima del odio. Como se nos dice: “El amor cubre todas las transgresiones”. Debido a la colisión entre las dos cualidades opuestas, la creación es capaz de obtener la cualidad del Creador. De lo contrario, sería imposible y nosotros permaneceríamos en el interior de la naturaleza con la cual fuimos creados.

Sin embargo, si queremos ser creaciones (Nivraim), es decir, personalidades externas independientes (Bar) del Creador, y al mismo tiempo alcanzar Sus cualidades y el estado más alto, entonces estamos obligados a construir un mecanismo de resistencia en dentro de nosotros. Siempre habrá dos fuerzas opuestas que funcionan dentro de esto: la fuerza del deseo de disfrutar y el deseo de otorgar que podemos construir por nosotros mismos, por encima de nuestro egoísmo, amor por encima del odio.

(79576 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 1 de Junio del 2012, Escritos de Rabash)

Material Relacionado:

El sabor de la espiritualidad está en el sentimiento de gratitud
El amor con el cual los egoístas no están familiarizados
Sentimiento, mente y corazón en común

Duscusión / Compartir Retroalimentación / Haz una pregunta