La nación que se une por encima del ego

Baal HaSulam, “Arvut” (Garantía mutua): De este modo, debido a la necesidad anterior, la Torá fue dada específicamente a la nación israelí, únicamente a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob, ya que era inconcebible que cualquier extranjero pudiera tomar parte en ella. Debido a esto, la nación de Israel construyo una especie de puerta de enlace por medio de la cual las chispas de la pureza pudieran brillar sobre la totalidad de la raza humana en el mundo entero.

No se trata sólo de una de las naciones a la que se le dio la Torá repentinamente. La “nación israelí” es una colección de personas que salieron de la antigua Babilonia. Ellos se conectaron bajo el liderazgo de Abraham, quien les enseñó a conectarse a través de lazos de amor por encima del odio. Por supuesto, no querían esto, al igual que todos los demás babilonios, pero ellos aceptaron el método de Abraham. Gracias a la “chispa” que está oculta en ellos, entienden que éste es en realidad un método de corrección y que la naturaleza egoísta, el odio, se nos dio para que nos unamos por encima de ella y para que creemos un grupo en el que haya estos dos discernimientos, uno opuesto al otro: el odio abajo y el amor por encima. Así llegaron ellos al “Monte Sinaí”, al estado en el que nosotros revelamos la fuerza superior.

Cuando se conectaron, comenzaron a trabajar a través de la conexión de acuerdo al método de Abraham y luego de Isaac, y luego de Jacob, lo cual significa en “tres líneas”. En este proceso ellos recibieron un creciente “endurecimiento del corazón” y en su trabajo, atravesaron las fases de HBD, HGT, NHY, incluyendo el exilio en Egipto. Esto significa que ellos sintieron los difíciles estados internos y los superaron al elevarse por encima de su ego y alcanzar la necesidad de la adhesión. El ego los separó en gran manera, y aun así trataron de aferrarse, tanto como pudieron, manteniendo su por lo menos inclinación por la conexión.

Eventualmente se creó la tensión necesaria entre ellos, por un lado, el ego, que estalló en forma de las “diez plagas de Egipto” y del inaccesible “Faraón” en el interior, y por otro lado, el reconocimiento de la necesidad de la conexión, el cual construyeron por encima de ellos. Ellos incluso estuvieron dispuestos a ir al desierto sin ningún tipo de recompensa, sólo para tener la oportunidad de servirle al Creador. Esto es lo que exigieron del Faraón cuando Moisés le dio el mensaje del Creador: “Deja ir a mi pueblo, para que Me sirva”.

Y ellos alcanzaron el estado en el que podían recibir la Torá, es decir, la Luz que Reforma. Hubo la suficiente tensión entre el ego que se reveló y la presión dirigida a la conexión. A ellos se les puso la condición de convertirse en “un hombre con un corazón”, “ama a tu amigo como a ti mismo”, y ellos la aceptaron, diciendo: “Haremos y escucharemos” Entonces, comenzó la revelación de la Luz que Reforma, lo cual significa que recibieron la Torá.

Así se convirtieron en una nación. Ahora tenían una infraestructura colectiva que los unía: la Luz los unió. Sin la Luz, no hay conexión entre ellos, es decir que no hay nación. Por lo tanto, Baal HaSulam dice que Israel en el exilio no es una nación, sino “una saco con frutos secos”.

(80183 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 10 de Junio del 2012, “Arvut” (Garantía mutua)

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