Rechazando nuestros “yo” presentes

Baal HaSulam, Shamati, Artículo 208, “Labor”: Los esfuerzos que uno hace no son sino la preparación para lograr la devoción. Por lo tanto, uno debe acostumbrarse a la devoción, ya que ningún grado puede lograrse sin devoción, y esta es la única herramienta que lo califica a uno para ser recompensado con todos los grados.

Con el fin de ascender un nuevo peldaño de la escalera, uno debe aplicar un esfuerzo. Sólo tras que uno aplica un esfuerzo alcanza un nuevo nivel, ¿pero cómo sucede eso?

En la etapa presente, uno posee un número de cualidades, pero el próximo paso involucra un nivel más alto de cualidades ¿Cómo podemos adquirirlas? Debemos implorar a la Luz que Reforma que nos afecte, para corregirnos, y así llevarnos hacia arriba.

Todos nuestros esfuerzos están destinados a despertar la Luz ¿Cómo lo hacemos? Provocamos la intervención de la Luz sólo al tratar de simular el peldaño más elevado, aun cuando somos totalmente incapaces de hacerlo ya que está oculto de nosotros ¿Cómo podemos volvernos de alguna manera similares a este? Para eso, tenemos que seguir muchas instrucciones definidas por los cabalistas.

Nuestro siguiente paso es de hecho un esfuerzo más grande por otorgar en oposición a la fase actual. Esto significa que debemos invertir determinación en la unidad con los amigos, anularnos en relación al grupo, y tratar de sentir con lo mejor de nuestras habilidades que no hay nadie más aparte de Él en todos nuestros problemas, impedimentos, y obstáculos. Todo me lo envía el Creador, incluyendo las interferencias que ocultan Su unicidad y ocultan su poder ilimitado sobre todo el universo. Tenemos que conectar todo lo que sucede a Él; nuestros esfuerzos deben ser dirigidos con respecto al grupo como un mecanismo a través del cual Él se revela a nosotros.

Nuestra determinación tiene que llegar a un punto donde sentimos que nuestros esfuerzos ya no pueden crecer en fortaleza; aquí es donde nos rendimos ante un estado más elevado para que este pueda gobernarnos. Aun no tenemos la sensación correcta, ni entendemos nuestro siguiente paso espiritual; lo único que hacemos es simplemente encomendarnos al siguiente paso al dirigir nuestros esfuerzos solamente hacia este.

Debido a este nivel de auto sacrificio y completa devoción, una persona recibe un alma de un nivel superior. Nuestros esfuerzos deben estar dirigidos hacia tomar consciencia de que no hay nadie más aparte de Él; tenemos que esforzarnos por revelarlo a Él y Su unicidad a través del otorgamiento y la unidad en el grupo. Que el superior gobierne nuestros sentidos y nuestro intelecto sin ningún descrédito de nuestra parte.

Este estado viene a nosotros gradualmente, paso a paso, al grado en que convocamos la Luz que Reforma al alcanzar más similitud con el nivel superior. Similar a cómo un feto acude a su madre, permitiéndole alimentarlo. Paso a paso, ella incrementa los deseos del feto (en nuestro plano se manifiesta en la forma de ir complementando su carne), pero el “trabajo” del feto es rechazar nuevos deseos al confiarse completamente a ella.

Una y otra vez, él se fusiona con el superior y admite que no hay nadie más aparte de Él, el que es el bien y hace el bien, a pesar de todos los problemas, dificultades, y obstáculos que la nueva “carne” (deseos) despiertan en él.

El feto “pega” todas sus partes así como todo el mundo que lo rodea en el vientre de su madre a la fuerza superior, y eventualmente llega al nivel de devoción y auto aniquilación, lo cual es llamado “nueve meses de concepción” tras de los cuales nace a este mundo. El proceso de nacimiento es insoportable; es acompañado por tremendos dolores de parto (“contracciones” –tzirim) bajo condiciones muy restringidas (tzar) que causan increíbles aflicciones (tzarot). A través de una enorme presión que se origina tanto de la fuerza superior como del feto mismo, el feto trasciende el estrecho pasaje, y nace al mundo de la Luz. Durante el proceso de nacimiento, el niño debe “inclinar su cabeza” completamente, colocarse cabeza abajo. Después, cuando el proceso de nacimiento finaliza, se coloca con la cabeza arriba una vez más.

Todo esto es resultado de nuestros esfuerzos. Tenemos que darnos cuenta de que nunca alcanzaremos el próximo paso por nuestra cuenta; por lo tanto, nuestra tarea es evocar la Luz que Reforma para que produzca cambios esenciales en nosotros y, como consecuencia, nos prepare para el próximo paso.

Entonces, nuestro trabajo es realizar acciones que convoquen definitivamente a la Luz que Reforma. Ahora, estamos hablando de nuestra unidad. Al invertir esfuerzos en la conexión entre nosotros, elevamos su importancia con la ayuda de la Luz. Al mismo tiempo, la Luz nos demuestra que aún no somos capaces de unirnos. La fuerza que nos inspira a unir conflictos con predicamentos que evitan que alcancemos la unidad, reconociendo que no hay nadie más aparte de Él. Aun continuamos pensando: ¿”Si no lo hago yo, quién lo hará?”

Así es como nos acercamos al punto crítico que nos permite “nacer de nuevo” en cada nivel.
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De la lección diaria de Cabalá en América 10/5/12, Shamati #208

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