Cambiando El Antiguo Programa

Yo debo entender que en mis relaciones mutuas con otros, la fuerza positiva está en el exterior, y la fuerza negativa está dentro de mí. No es coincidencia que esté escrito, “El corazón del hombre es malvado desde su juventud”.

Es el problema de la forma en la que nos percibimos a nosotros mismos y al mundo. De forma natural imaginamos que el mundo es corrupto y que nosotros estamos corregidos. Cuidamos de nosotros mismos, pensamos en lo que es bueno para nosotros, y vemos todo desde la perspectiva de cómo usar todo para nuestro beneficio. Constantemente me preocupo por una cosa solamente: “¿Cómo puedo sentirme mejor?”

Este indicador, este programa interno que está constantemente activo dentro de nosotros, es el ego. Este programa enfoca todos mis pensamientos y deseos en una dirección; usar al mundo para mi propio beneficio.

Si imagino que mi “hardware”, mi “estructura”, es el punto inicial, que son mis habilidades, mis atributos, el potencial de mis pensamientos, y deseos los que están en este, entonces el ego es mi “software”. Este programa de auto llenado fue instalado dentro de mí.

Mis atributos no son ni buenos ni malos, sino que el software egoísta que me opera, me obliga a usarlos para mi propio beneficio y, al mismo tiempo, a expensas de otros ya que esto me permite sentirme por encima de los que me rodean. Este es nuestro ego, la inclinación malvada. La inclinación en sí misma es la “estructura” y la maldad es el software, la adición.

Ahora, yo debo convertir este software de malvado a bueno. La inclinación permanece igual pero yo cambio el método para usarla, veo que la interminable persecución del beneficio propio al final sólo me daña. La inclinación malvada es mala para mí, pero cuando comienzo, con la ayuda del entorno, a cambiarla hacia una buena actitud hacia los otros, esto en realidad también me trae un bien.

¿Cómo sucede eso? ¿Por qué me siento bien cuando trato bien a otros, y por qué me siento mal cuando daño a otros? Es porque me acerco a la verdad de esta manera y comienzo a sentir que los demás y yo somos lo mismo.

Es como una madre que se “fusiona” con su hijo, esto nos une de forma tan estrecha que nos sentimos como un todo y nos fusionamos en un sistema nuevo, inseparable de relación mutua, al dejar de diferenciar entre lo que me sucede a mí y lo que le sucede a alguien más.

Así, toda la humanidad se vuelve una familia. Tal vez no de inmediato, pero es un comienzo, y ya entendemos este enfoque que está totalmente basado en la psicología.
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De una “Charla Sobre Formación Integral” del 11 de Julio del 2012.

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