Estoy avergonzado y es grandioso

Hablemos de vergüenza, un concepto muy elevado, el cual es sólo característico del hombre. No importa cuánto trates de inducir vergüenza en los representantes de las naturalezas inanimada, vegetativa, y animada, no habrá ninguna reacción, ya que esta raíz no está inculcada en ellos. Los comienzos de la vergüenza sólo se manifiestan en el nivel humano de nuestro mundo, e incluso no en todos.

Esto se debe a que el nivel humano está separado en cinco niveles de desarrollo, y sólo en el último de ellos surge un deseo con un “grosor” suficiente, un gran egoísmo, que le permite a uno sentir una gran vergüenza.

Con respecto a los niveles previos, Baal HaSulam los describe como marcas en el camino. Algunos están dispuestos a causarles a los demás cualquier tipo de mal en presencia de todos y no se sienten avergonzados por ello. Otros son algo tímidos o están siendo cuidadosos, y es por eso que prefieren causar el daño en secreto. Otros se avergüenzan en realidad y no debido al miedo al castigo. Sin embargo, ellos se reconcilian con su vergüenza y justifican lo que está sucediendo mediante las retribuciones conocidas por todos: “Se lo merecía”, “tengo derecho a hacerlo”. “todos lo hacen”, etc.

Y sólo las personas que poseen un gran deseo egoísta, que han experimentado una gran vergüenza, comienzan a trabajar con esta propiedad. Al despertar su punto en el corazón, comienzan el trabajo espiritual y entonces llegan a un tipo de vergüenza diferente que no yace en el plano de este mundo, sino en un nivel más elevado.

En nuestro mundo, yo me avergüenzo de recibir algo que no me he ganado, por lo que no he pagado. No puedo aceptar esa “adquisición”, porque, como regla, no es difícil averiguar de quién viene este bien y si lo merezco o no.

Sin embargo, tengo un problema con el mundo espiritual. No veo de quién estoy recibiendo los presentes y por eso no me avergüenzo. Primero, necesito revelar al que otorga, la Raíz, de quién viene todo esto, y esto requiere de muchos cálculos más. Por ejemplo, “¿Debo ganarme el bien que viene de Él?” ¿Si Él me creó, entonces seguro proveerá para mí también?” Otra opción es: “No merezco la ayuda, pero debido a que no hay otra salida, pagaré por ella más tarde”. En otras palabras, en el mundo espiritual, como en nuestro mundo, nos movemos mediante los escalones de la vergüenza.

En realidad, la vergüenza es la base de la creación. A causa de ella, Maljut de Infinito llevó a cabo la restricción y ha iniciado todo el desarrollo subsiguiente para llegar al final a ser equivalente al Creador. La vergüenza es una fuente, el punto inicial, que nos impulsa a llegar a la similitud de propiedades con el Creador, llegar a estar a la par con Él, pagarle la deuda a Él, y dejar de recibir obsequios como antes.

Baal HaSulam da el siguiente ejemplo: un hombre rico se encuentra en el mercado con su amigo, un hombre pobre, y lo lleva a casa y le entrega todo tipo de mercancías. El hombre pobre siente que el hombre rico lo está ayudando desde el fondo de su corazón sin ningún cálculo para sí mismo, disfrutando de su otorgamiento. Sin embargo, mientras recibe esta abundancia directamente, el hombre pobre al mismo tiempo recibe la sensación de impaciencia y vergüenza, que lo quema por dentro y esto se vuelve insoportable. Todo se trata de la separación de la recepción personal por una parte, y del otorgamiento del hombre rico por la otra: Esa es la ley: cuando siento que soy el que recibe, no como el que otorga, esto evoca vergüenza en mí.

Esta sensación es tan enorme, que Maljut de Infinito hizo una restricción y decidió que recibiría placer del Creador sólo en la similitud de cualidades, sólo en aras de otorgar. Sólo en este caso sentirá la conveniencia de recibir. Mientras que el punto no es neutralizar nuestra vergüenza, por el contrario, ella comienza a valorarla. Ya que es gracias al sufrimiento que esta le trae, que ella puede hacer ahora un cálculo diferente dirigido al otorgamiento recíproco con el Creador.

La vergüenza no sólo evita el recibir, no simplemente hace que uno restrinja el egoísmo y reciba por el bien de otorgar, evitando el sufrimiento, sino que me permite llegar al verdadero otorgamiento. Y por eso valoro la vergüenza. Se ha dicho que esta sensación está preparada sólo para las almas elevadas. En el mundo espiritual es bueno y benéfico experimentarla, porque la vergüenza se vuelve un medio para la persona, ayudándola a caer en cuenta de la necesidad del otorgamiento, de exigir la revelación del Creador. Y entonces el punto no está ya en el egoísmo y la vergüenza como tales, es sólo que por medio de estos, puedo asimilar verdaderamente al Creador y convertirme en un otorgante. No importa que los factores previos permanezcan dentro de mí, el deseo de recibir y la vergüenza, pero sólo como condiciones necesarias por encima de las cuales puedo construir relaciones hacia el Creador y moverme hacia la fusión con Él.

La vergüenza se desarrolla junto con los deseos y los expande, enriqueciéndolos con una multitud de detalles de percepción. Vemos esto incluso en nuestro mundo; el Creador sólo ha creado el punto inicial de desarrollo y todo lo demás se ha desarrollado gracias al vacío abismal, a la percepción de la diferencia entre la creación y el Creador.

La Torá nos habla de que Adam ha experimentado una explosión de deseo egoísta, descrito como el surgimiento de Java (Eva) dentro de él. Él se ha fusionado con ese deseo, el cual es llamado, ha probado del Árbol del Conocimiento, es decir, ha recibido el llenado y entonces se ha percibido a sí mismo como desnudo, privado de su vestimenta, y se ha avergonzado de ello.

El Creador está mostrándonos un ejemplo aquí. Él ha creado la vestimenta para Adam y Java y más tarde, como consecuencia, nos cubrimos con todas esas vestimentas por nosotros mismos. La Raíz es la Luz Reflejada. Si lo deseamos, entonces podemos seguir su ejemplo y formar nuestras propias vestimentas personales. Y todo esto no se hace simplemente con el fin de no sentirse avergonzado, sino con el fin de ser semejantes al Creador y por medio de esto, darle placer a Él.

Raramente mencionamos el concepto de vergüenza. En nuestras fuentes originales, éste se encuentra ocasionalmente. Sin embargo, en realidad, siempre somos guiados por esta sensación de separación entre el Creador y la creación. La vergüenza es el “detonador”, el punto de inicio con el cual la creación es despertada hacia la asimilación, a la fusión, como en el ejemplo con el hombre pobre y el hombre rico.
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Del Taller del 6/17/12

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