Los días y las noches del camino espiritual

Nosotros alcanzamos al Creador, es decir que alcanzamos el atributo de otorgamiento, la revelación del mundo espiritual, sólo si adquirimos dos discernimientos:

  • ·         Un gran deseo que está dirigido hacia este, el cual es aclarado lo suficiente y está un grado por debajo del nivel de alcance. La persona imagina qué es la revelación de la Shejiná (Divinidad), el rostro del Creador, qué son la Luz y el atributo de otorgamiento.
  • ·         La persona debe sentir un gran dolor puesto que no tiene el atributo de otorgamiento. La persona sufre y sabe que el atributo de otorgamiento simboliza el hecho de elevarse por encima de su ego y un desprendimiento completo de su vida anterior y de todas sus cuentas personales.

Es muy difícil alcanzar eso, puesto que nosotros actuamos en contra de nuestra naturaleza. Por lo tanto la persona avanza sobre dos piernas, paso a paso, entre dos líneas: derecha izquierda, izquierda derecha… por su parte la persona debe tratar de iniciar desde la línea derecha y caer en la izquierda. Pero, desde Arriba, siempre se le da en primer lugar la línea izquierda, la oscuridad. En cada nivel, se registran en la persona por medio de la oscuridad y la Luz, las “letras del trabajo”, las relaciones que se establecen entre los tipos de oscuridad y Luz, los atributos de recepción y otorgamiento de diferentes maneras.

Las letras son diferentes en cada nivel. Cada vez se le representan a la persona la oscuridad y la Luz en los diferentes atributos, de acuerdo a diferentes criterios. En consecuencia, las letras también toman diferentes formas. Por esta razón cada vez que la persona tiene una nueva Torá, un nuevo Creador, un mundo nuevo, todo es nuevo y también ella es nueva.

Así crece la persona, por medio de su consistencia que indica cuanta paciencia tiene, y por lo tanto avanza y se acerca a las formas correctas de la gran deficiencia que está dirigida hacia el otorgamiento verdadero. Aquí vemos el principio de “trabajé y hallé”, es decir que la persona está buscando el rostro del Creador, la grandeza del atributo de otorgamiento. Conectada con el atributo de otorgamiento, la fuerza de otorgamiento evoca en ella el sentimiento de pertenencia, calidez, hasta llegar al sentimiento real del amor. Puesto que amar al Creador es amar el otorgamiento, amar el atributo mismo del amor, entonces este comienza a llenar a la persona y le permite vivir en él.

Nosotros tenemos que pasar por grandes cambios en nuestra naturaleza al separarnos de nuestros viejos valores, de la comprensión previa del significado de esfuerzo y del significado de la meta, del Creador y de la Torá. Cada vez nosotros reevaluamos el gran deseo que se requiere de nosotros y el sufrimiento que experimentamos. Los valores cambian naturalmente en la transición de un estado a otro, y una persona cambia constantemente y se convierte en otra, en una nueva persona.

Por lo tanto, se nos dice en la Torá: “Abraham es un anciano”. “Un anciano” es alguien que ha adquirido conocimiento, que ha atravesado y “arado” todo el camino. La persona adquiere gradualmente el atributo de otorgamiento, la mente y la comprensión de cómo trabajar con éste, con el sentimiento, con la lealtad, con el auto sacrificio, y cómo identificarse con el Creador. De este modo ella alcanza el nivel de “un anciano”, es decir su punto de adhesión con el Creador. Entonces, el atributo de otorgamiento la llena, y siente amor y aprecio por ello.

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De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 7/13/12, Escritos de Baal HaSulam

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