Un invaluable sentido de la vergüenza

Pregunta: Supongamos que algo me pasó y siento tal sensación de vergüenza que estoy listo para desaparecer. ¿Qué debo pensar en este momento? ¿Debería pensar en la meta?

Respuesta: Eso no ayuda. ¿Qué quiere decir, “debería pensar” o no? Tú debes estar preparado de antemano para todo tipo de influencias del entorno, libros, amigos, grupo, y otras cosas que afectan el campo común que hay sobre ti para que recuerdes la meta. Es decir, establece para ti mismo un “recordatorio” externo, de lo contrario no lo recordarás. Comienza a asociar la meta con lo que te sucedió. Y eso es lo principal. Esto significa que ya sabes que lo que ocurrió fue intencional y sucedió por una razón.

¿Dónde siento yo el dolor y la vergüenza? En mi egoísmo. Por lo tanto, yo tengo que elevarme por encima de ellos. O por el contrario, deja que me quede con la sensación de vergüenza porque ésta me dirige hacia la meta. Entonces, estoy listo para experimentar los todo el tiempo en mí mismo, para no olvidar la meta, estar asociado con ella, y moverme hacia ella. Y que mi sentido de vergüenza sea cada vez más fuerte, para avanzar hacia la meta y que esta se acerque más y más.

Es aquí donde empezamos a hacer frente a la reevaluación de los valores, y por lo tanto a elevarnos. A partir de ahora lo que dominará el movimiento, el logro y el alcance de los estados más elevados de amor y otorgamiento, por encima de la sensación de egoísmo como algo malo y de todo lo que hay en él es, básicamente, la vergüenza.

Pregunta: ¿Es adecuado el mecanismo que usted describe para el 99% de la población?

Respuesta: No sólo para el 99%, sino para todos, porque el deseo de recibir es la única materia.

(83599 – De una “Charla sobre formación integral” del 30 de Mayo del 2012)

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