El amor adorna la vida y también la estropea

Mi esposa es mi espejo. Después de todo, yo nunca he visto a mi pareja, sino que en él o ella veo un reflejo de mis cualidades. Por ejemplo, no entiendo el estándar de belleza aceptado en China. Veo a una mujer que tiene una reputación de ser una verdadera belleza, y me pregunto: Yo nunca la llamaría hermosa. Para mi gusto, su cara es demasiado redonda, sus ojos son demasiado angostos, y su pelo es demasiado recto. Todo esto me parece poco atractivo.

Pero una vez leí un artículo de un periodista chino sobre el concurso internacional de belleza “Miss Asia”, y éste decía que la niña no habría ganado en China porque sus ojos eran demasiado grandes. Yo me quedé simplemente aturdido de ver cuán diferentes eran nuestras percepciones acerca de la belleza, eran totalmente opuestas. Es por ello que no podemos entender a los demás.

De ello se deduce que yo miro a la chica que está ante mí y proyecto sobre ella todos mis ideales sobre la belleza. Y si no asciendo por encima de ellos, esto afectará toda nuestra relación. Yo no lo percibo a él o a ella como es, con todas sus verdaderas cualidades, sino que veré en ella el reflejo de mis propiedades, mi gusto.

Cuando uno mira a una persona de una manera imparcial, es imposible determinar de manera absoluta si él o ella es hermosa o no. Pregúntale a cualquier madre, y ella te dirá que no hay nadie en el mundo que sea más lindo que a su hijo. Como se nos ha dicho, “el amor cubre todos los pecados”.

Y por el contrario, nuestro ego, el odio, desfigura toda la belleza. La apariencia de una persona a la que odio también se vuelve insoportable. Y a pesar de ser objetivo, yo estoy dispuesto a admitir que según mi criterio, él o ella al parecer tienen una cara bonita, pero yo lo odio por otras razones.

Sólo los seres humanos muestran dicha actitud. Los animales no se fijan en la belleza, ellos valoran en los demás el poder, la capacidad de procrear, de tener crías sanas, y de criarlas hasta que sean independientes.

El hombre, sin embargo, se daña con la noción de la belleza. En realidad, esto no es belleza, sino la demostración de mi ego: las condiciones especiales que yo le presento el lado opuesto, las cuales superan el mínimo necesario requerido del cuerpo físico.

Si miráramos a los demás de forma racional, natural, yo vería ante mí a una mujer sana y fuerte con la cual estaría dispuesto a casarme. Después de todo, veo que ella organizará bien la casa. En el pasado, la gente solía elegir al cónyuge sobre la base de este principio simple y egoísta. O tomaban en cuenta la posición social, la riqueza. La gente no le prestaba mucha atención a la belleza, sino que solía elegir al cónyuge sobre la base de razones simples y pragmáticas: lo cual es bueno para la vida.

Más a menudo, incluso los padres, no los jóvenes, acostumbraban elegir y actuar como agencias matrimoniales para las parejas. Esta era la costumbre en la mayoría de las culturas. O pedían la asesoría de una persona inteligente, respetada. En nuestros días, repentinamente llegamos a tal distorsión que esto en particular, nos obliga a realizar la corrección.

Hoy en día sólo tenemos en cuenta si nos amamos uno al otros o no. Todas las películas nos hablan sólo de un amor así. Antes no era así. Nosotros no entendemos cómo vivía la gente hace cien o doscientos años. El amor o la atracción mutua no estaban en el campo de visión. La atracción sexual jugaba un papel, pero no tiene nada que ver con lo que hoy entendemos por el concepto de amor. Este se ha desarrollado sólo muy recientemente y ha deteriorado toda nuestra vida…. Por lo tanto, si lo utilizamos correctamente y “cubrimos todos los pecados con nuestro amor”, si lidiamos con nuestro impulso de amar u odiar al otro de esta manera particular, tendremos éxito.

(84620 – De una “Charla sobre formación integral” del 31 de Julio del 2012)

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