¡Un momento, no se muevan!

Al discutir problemas maritales con tu cónyuge, es importante hablar honestamente, sin guardar ningún secreto o sufrir en silencio. Nosotros no “cubrimos” nuestros oídos; al contrario, permanecemos abiertos al dialogo y nos abrimos ante nuestra pareja.

Sin embargo al mismo tiempo, no hacemos un listado de fallas ni deseamos recordar lo malo. Está escrito con respecto a esas fallas: “El amor cubre todas las transgresiones”. Sólo las traemos a colación durante una conversación donde ambos hablan de sí mismos a su pareja. Como consecuencia, crece entre nosotros una “pila de basura”, y entonces necesitamos elevarnos por encima de esta. Si nos observáramos al estar en los lados opuestos de esta basura, sólo veríamos basura, no a nuestra pareja ¿Entonces qué hacemos?

Nuestra única oportunidad es elevarnos por encima de esta suciedad. Y al mismo tiempo, no hacemos promesas de por vida. Más aun, sabemos por seguro que esta pila crecerá la próxima vez que hablemos. Naturalmente, crece de un día a otro; así es la vida. Y es por eso que necesitaremos esta evaluación crítica más de una vez.

Y aun así, una vez que pongamos todo sobre la mesa, nos movemos hacia un ejercicio opuesto, elevándonos por encima de la “ropa sucia”. Yo quiero amar a mi pareja de la manera en que se presenta por encima de esta pila, donde la veo con ojos claros, libres de crítica. Hacer esto, es como si dejáramos la mesa donde toda la basura está apilada. Ahora, veo a mi esposa de manera diferente, de la manera en que la vi en el momento en que decidí atar mi destino con el de ella. Ahora quiero detenerme en mi mejor momento

cuando ella era mi absoluta perfección, y este ejercicio nos ayuda a movernos hacia adelante.

Sin embargo, no nos elevamos simplemente por encima de la suciedad. Mientras este enfoque se hace más fuerte, nos decimos el uno al otro cuán perfecta es ella y cuán perfecto soy. Es como si estuviéramos cubriendo nuestra basura con una cubierta de chocolate, pastelillos con capas de crema, helado, etc. Toda la amargura permanece dentro, pero hay unidad en el exterior: nos damos complementos el uno al otro: hablamos entre nosotros de las maravillosas cualidades de nuestra pareja, de las virtudes únicas de su personalidad. Aquí podemos hablar de las cosas más sagradas, haciéndolas parecer perfectas. Esto nos afectará a ambos para mejorar, y cambiará absolutamente todo el espectro de nuestra relación, incluyendo nuestra relación sexual.

Entonces, sí trabajamos en el nivel de la psicología y el razonamiento; tenemos una competencia de alabanzas, sin bromear, haciéndolo profundo y sincero. Alabamos las cosas en el otro que queremos revelar que son opuestas a la crítica que teníamos al principio. Esta ya no es una discusión de crítica, sino un análisis positivo. Es de esta manera que nos volvemos más fuertes en nuestras buenas intenciones en relación al otro.

Y entonces comienza el próximo estado, que es el estado práctico. Las acciones apoyan las intenciones y de alguna manera las hacen válidas. Es por esto que nos movemos a la siguiente etapa de discusión: “¿Qué querrá mi esposa de mí y qué querré yo de mi esposa?” Aquí, cada parte revela al otro sus aspiraciones: comenzando con cosas básicas, esenciales, y terminando con cosas personales e íntimas. Al mismo tiempo, tratamos de sentir los deseos de nuestra pareja, sus deseos y expectativas.

Y entonces llega el momento de actuar, y nos volvemos un todo. Y esto lleva al próximo ejercicio del que hablaremos un poco más tarde el cual es desarrollar el mismo tipo de actitud hacia todas las personas en el mundo….

(85404 – De “Una Nueva Vida”, Conversación # 34 del 12 de julio del 2012)

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