Yo soy uno con este mundo

Baal HaSulam, “Introducción a El Libro del Zóhar”, Ítem 68: No se sorprendan de que la acción de una persona traiga la elevación o el declive del mundo entero, porque es una regla inviolable que lo general y lo particular son iguales como dos guisantes en un cazo. Y todo lo que se aplica en lo general, se aplica en lo particular, también. Más aún, las partes constituyen lo que se encuentra en el todo, porque lo general puede aparecer sólo tras la aparición de las partes en este, de acuerdo a la cantidad y la calidad de las partes. Evidentemente, el valor de un acto de una parte eleva o hace declinar al todo por entero.

A partir de la percepción de la realidad sabemos que el mundo que veo soy yo y que mi vasija espiritual está dividida, fragmentada, y distante de mí en mis sentidos y mi reconocimiento y está dispersa en diferentes direcciones. No existe ningún mundo, todo soy yo. Si reúno sus partes y las acerco entre sí en todos los niveles: la naturaleza inanimada, el vegetativo, el animado, y el hablante; si los conecto en un sistema integral general en el cual están conectadas en pleno mutualismo, entonces su conexión mutua, la interdependencia mutua, la incorporación mutua, me permite descubrir hasta el mismo grado la fuerza que los conecta y los mantiene vivos, y las corrientes que fluyen entre esos órganos.

Un doctor que implanta un órgano le anexa diferentes órganos a un cuerpo y ellos se conectan a los sistemas generales. De la misma manera yo también, al grado en que creo nuevas conexiones, siento la fuerza superior que fluye entre mis partes y que les trae vida. Comienzo a sentir quién es el Creador mediante la vitalidad del cuerpo, de acuerdo al principio de “por tus acciones te conoceremos”. Él es revelado gradualmente en mi cuerpo corregido, hasta que estoy totalmente corregido y llego a la adhesión total con Él.

Al corregirme con respecto al mundo entero, convoco la corrección general del mundo por supuesto. Ya que eventualmente yo y el mundo somos lo mismo.

La pregunta es ¿Por qué no deberían los demás sólo esperar si yo ya corrijo al mundo? ¿Por qué debemos todos conectarnos y participar en el proceso?

El punto es que todo depende sólo de la incorporación mutua de las vasijas (los deseos) que se ayudan el uno al otro, como se dice: “Cada hombre ayudará a su hermano”. Me conecto con otros y otros se conectan conmigo y todos nos conectamos con los cabalistas de generaciones previas y con aquellos que aún no han llegado al deseo de ser corregidos y de conectarse. Si activamente cuidamos de todos, si actuamos con respecto al superior y al inferior, si somos iguales, como debe ser entre amigos, entonces cada uno corrige su propio mundo entero.

Tú no puedes corregir lo que yo corrijo y lo que tú corriges otro no puede corregirlo. Pero esto no anula el principio clave de acuerdo al cual al corregirse a sí mismo una persona corrige al mundo entero. Cada uno tiene su propio mundo y al conectarme con otros transmito la Luz hacia ellos a través de mí, como un vaso sanguíneo, en diferentes formas posibles y en diferentes sistemas de conexión. Nadie lo hará por mí.

Por el contrario, si una persona corrige al mundo, esto lo obliga y lo lleva a la corrección. Por lo tanto, la diseminación extensa nos ayuda corregirnos a nosotros mismos de acuerdo a la misma razón: Una persona y el mundo son la misma cosa. Así que no debes abandonar las correcciones del mundo como un todo. Baal HaSulam dice que entre más avanza una persona, más grande y elevado es, y su preocupación por el mundo es también más grande y más amplia. Primero es la familia, después el poblado y el estado, y eventualmente él abraza a todo el mundo y es imposible evitarlo.
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De la cuarta parte de la Lección diaria de Cabalá 7 de agosto del 2012, “Introducción a El Libro del Zóhar”

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