La envidia no es un defecto

Pregunta: Los cabalistas le atribuyen a la envidia cualidades que ayudan a la persona a salir de este mundo y a entrar en el mundo espiritual. En efecto, ¿por qué debo yo envidiar a los demás? Después de todo, cada uno es especial y está siguiendo su propio camino. ¿Por qué la singularidad del otro debería hacerme sentir celos y facultarme en mi camino?

Respuesta: Yo evoco en mí la envidia, la lujuria y el deseo por el respeto, a propósito. No se trata solo de cualquier persona común que envidia el éxito de los demás o que va en pos del respeto. En este mundo nosotros envidiamos toda clase de tonterías y realmente queremos las cosas frívolas. Yo, por el contrario, tomo sólo lo necesario para vivir e ignoro todo lo demás. Cuando tenga suplidas todas las necesidades básicas, yo me construyo a mí mismo para el trabajo espiritual y en este marco uso herramientas como la envidia.

De lo contrario, no tendré nada con que avanzar. La envidia, la lujuria y el respeto son los tres enfoques egoístas, y ¿en qué puedo trabajar sin ellos dentro de mí? Son estas tres cualidades las que me sacan de este mundo; es como salir de los mundos de BYA al mundo de Atzilut.

Así que si quiero trabajar espiritualmente, yo miro el trabajo de los demás y me anulo ante de ellos. Entonces los veo como los más grandes de nuestra generación: Ellos han avanzado mucho hacia adelante, han alcanzado el final de la corrección, y yo los envidio. Si no los envidio, soy impotente y no puedo moverme. Yo recibo de mi ego todos los poderes para avanzar. El avance correcto con la intención correcta, es decir, la forma investida en la materia me lo trae la Luz, mientras que la materia misma por medio de la cual asciendo, es mi propio ego.

Pregunta: ¿Pero cómo puedo guardar la correcta intención desde la envidia?

Respuesta: Esto sucede de acuerdo a la envidia, a la lujuria y al deseo por el respeto, de los que se construye la intención. Tú volteas la envidia para envidiar al Creador, el deseo de respeto lo conviertes en el respeto al Creador, la lujuria en un deseo de adherirte a Él. De lo contrario, ¿qué corriges? ¿Qué construyes, un aireado castillo en las nubes?

Pregunta: Pero aun así, cuando yo envidio, su fuego me consume.

Respuesta: No, tú te permites evocar la envidia, la lujuria y el deseo por el respeto sólo después de la restricción, cuando ya nunca más se trata de ti, sino de entender, de determinar el “espacio de trabajo”. Todo debe estar bajo control, de lo contrario, ni siquiera deberías empezar.

En pocas palabras, inténtalo. No tengas miedo de caer en la envidia. Comienza a trabajar en ello. Tienes suerte si envidias a los amigos, esto es bueno. Después de todo, nosotros no tenemos otra fuerza para avanzar. Si yo viviera solo, sin un entorno, sería como un animal. Por otro lado, si la sociedad me alienta y me estimula constantemente mostrándome que los amigos tienen lo que me falta a mí, esto me ayuda a avanzar en la vida. Sólo necesito un entorno especial que me proporcione un buen ejemplo, el cual yo envidio. 
(88246)
De la 4º parte de la Lección Diaria de Cabalá del 9/12/12, “Paz en el mundo”

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