El corazón no puede aguantar sin amor

El corazón está en el centro de todo. No es un accidente que asociemos los deseos y pasiones humanas con el corazón. Decimos, “desde el fondo de mi corazón”, o “mi corazón sangra”, o “mi corazón se derrite de alegría”, o “sigue a tu corazón”. El corazón puede ser “amable”, “tierno”, puede “hundirse”, “estar roto”, etc. En general, el corazón significa la esencia de la vida, tanto en el sentido material como en el espiritual. Por supuesto, usamos esta palabra simbólicamente. El corazón en sí es un órgano corporal: puede ser implantado y/o remplazado incluso por un dispositivo hecho por el hombre. En esencia, el corazón es una “bomba”.

Sin embargo, es difícil sobrestimar la importancia de este órgano ya que este denota la acción principal de la naturaleza, el acto de recibir y de dar. El corazón “colecta” sangre de todo el cuerpo y después la lleva a todos los otros órganos al aplicar presión; así, éste le proporciona alimentación a todas las partes del cuerpo y las limpia de toxinas.

Por supuesto, el corazón no trabaja por su cuenta. Simplemente no puede bombear sangre por todo el cuerpo sin que los vasos sanguíneos interactúen con el corazón al impulsar más lejos la sangre hasta cada célula del organismo. El corazón funciona no porque sea muy fuerte, más bien establece el ritmo e instiga el impulso original en el cuerpo. Después, los múltiples mecanismos del sistema circulatorio (los cuales aún no han sido bien explorados por la ciencia contemporánea) comienzan a trabajar junto con el corazón. Entonces, el corazón no es sólo una “bomba” corporal, también coordina otros sistemas.

Existen múltiples problemas asociados con el trabajo del corazón, ya que el “recibir y el dar” tienen que estar bien equilibrados. La salud de todo el cuerpo depende de la armonía entre esos dos estados, lo cual hace posible evaluar tanto los constituyentes físicos como los espirituales (internos) de la persona. Si un sistema de recepción y otorgamiento está bien equilibrado (similar a cómo está armonizado el corazón), entonces uno interactúa armoniosamente con otros y mantiene las relaciones correctas con lo que lo rodea. Recibimos y damos (de la misma manera que el corazón), proporcionando así una colaboración sana con otras personas.

En otras palabras, en el nivel interpersonal, todos estamos conectados mutuamente a través de nuestros “corazones”, es decir a través de nuestras cualidades. Idealmente, tenemos que usar nuestras cualidades para perseguir un propósito, el cual es mantener relaciones armoniosas con otros, es decir dar y recibir todo lo necesario.

Al mismo tiempo, el corazón per se no necesita nada excepto la mínima energía para proporcionar un trabajo normal. Éste no consume la sangre que fluye a través de él, ni recibe nada específico; simplemente funciona. El “placer” que recibe (si podemos usar esta palabra en este contexto), es el hecho de que sirve al cuerpo entero y vierte energía en este.

Este es un buen ejemplo de salud mental y espiritual con un comportamiento acorde con los principios: “No hagas a otros lo que tú odias” y “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Uno tiene que considerar las necesidades de los que lo rodean como propias y proporcionarles a los demás todo lo que esté en su poder para satisfacer sus necesidades externas. Así es exactamente cómo funciona el corazón.

Experimentos recientes afirman que estamos estrechamente interconectados de muchas maneras diferentes, sin excluir la unidad de nuestras almas. Entonces, podemos decir de los sistemas a los que pertenecemos tienen influencias recíprocas entre sí. Como resultado, cuando tenemos un colapso nervioso o un ánimo bajo, por supuesto se refleja en nuestro corazón. Nuestro corazón es muy sensible a nuestro ánimo; el corazón puede “enfermarse” no sólo como resultado de cierta enfermedad física. No es un accidente que cuando entramos en una situación crítica ponemos la mano en nuestros corazones, ya que nuestro sistema nervioso instantáneamente afecta al corazón y lo fuerza a responder.

Nuestro entendimiento de lo que sucede en los sistemas elevados de relaciones egoístas entre nosotros comienza a partir de aquí. Hasta ahora, estamos usando nuestros “corazones” solamente para una recepción mercenaria que no tiene ningún signo de dar, es decir que usamos el corazón de una manera completamente equivocada, cuando todo lo que este necesita es armonía. Aparte de eso, influimos en nuestro corazón físico desde el nivel de nuestros deseos y relaciones corruptas.

Hasta ahora, no estábamos involucrados en las conexiones integrales de la comunidad global; esto explica por qué el impacto de esos mecanismos permaneció tan débil. Sin embargo, a mediados del siglo pasado, surgió una conexión cercana entre nosotros; no obstante, aún continuamos actuando de forma egoísta en vez de cultivar nuestras relaciones. Como resultado, las interacciones egoístas erradas impactan nuestros corazones físicos. No hay nada extraño en que la intensificación de los problemas cardiacos se haya vuelto uno de los problemas de salud más peligrosos en nuestros días.

No es difícil curar el corazón, dado que no es realmente un órgano complejo. Aun así, todo lo que hacemos ahora es “repararlo”, usando varios remedios sintomáticos, y mientras tanto, las estadísticas continúan mostrando tendencias poco alentadoras. Esto sucede porque no hemos comenzado a corregir las relaciones entre nosotros. Sólo al construir el mecanismo correcto de recepción y entrega en el nivel humano, el nivel más elevado, sólo “bombeando” el sistema con relaciones correctas e iguales que comuniquen armonía y paz, podemos alterar nuestros sistemas corporales, primero y antes que nada, nuestro sistema cardiovascular.

Vale la pena mencionar que la configuración de nuestro corazón, sus válvulas mitrales, su modo de operación, y sistemas relacionados, están alineados con nuestra estructura espiritual. Sin embargo, no tomamos en cuenta la plenitud de nuestro organismo, en su lugar, tratamos los síntomas visibles y no la causa real de la enfermedad.

Incluso los doctores están de acuerdo en que “todo viene de la cabeza”, y la “cabeza de todo” es nuestras relaciones, pensamientos y deseos. En la espiritualidad, el “corazón” es el núcleo de nuestros deseos derivados en su mayoría de las cualidades espirituales de la persona.

De hecho, la única cura para el corazón es el amor. Está dicho, “El amor cubre todos los crímenes”. En otras palabras, si el corazón de uno trabaja solamente para el otorgamiento y se esfuerza por satisfacer necesidades externas, significa que “uno trabaja con amor”, ya sea para el cuerpo de uno como el prójimo. No hay duda de que este tipo de trabajo, por supuesto, debe resultar en una cura completa. En lugar de “institutos de investigaciones cardiovasculares”, yo abriría “institutos de amor”. Este sería el mejor método preventivo de todos.

 

(90027 – De una “Charla sobre una nueva vida” del 10/ de octubre del 2012)

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