Un hombre con una pistola

Si permaneciéramos en el nivel inanimado, vegetativo, o inanimado de la naturaleza, seguiríamos todas las leyes de la naturaleza de forma instintiva. Pero hay deseos en un nivel más elevado dentro de nosotros y en ellos no sentimos una obligación de actuar de cierta manera. Las cosas se vuelven poco claras.

Esto se siente especialmente en nuestros tiempos. A través de la historia los hombres en la sociedad se elevaron de acuerdo a los niveles inanimado, vegetativo, y animado de la naturaleza; nos desarrollamos gradualmente, en etapas, sin pensar en quienes o qué somos, o hacia dónde nos dirigimos ¿Cómo aprovechamos al máximo el estado actual? En otras palabras una persona observa las leyes de la naturaleza de una forma más o menos organizada en relación a los animales a causa de condiciones que son mucho más complicadas. En correspondencia, existen hombres inteligentes que saben cómo tomar ventaja de esas condiciones para el beneficio de su ego y otros tienen que “conformarse con menos”.

Pero hoy estamos perdiendo a habilidad de avanzar de esta manera. Me gustaría avanzar como solía hacerlo, elijo lo que es mejor para mí, pero esos intentos nunca tienen éxito. Es como si otro elemento hubiera aparecido en mi perspectiva el cual está por el momento oculto, como si alguien invisible constantemente desinflara mis neumáticos. Quiero arreglar el sistema financiero, la economía, la educación, la familia, pero nada funciona. Soy muy lógico, tengo datos científicos, tengo expertos y consejeros, pero no puedo llegar a nada ¿Entonces, qué está sucediendo?

Aquí se revela un nuevo dominio, una nueva ley que era desconocida hasta ahora. Tenemos que aprenderla, pero es oscura e incomprensible. Es más, aquello que está gradualmente siendo revelado acerca de esta ley es algo que no queremos aceptar.

Queremos continuar como antes y tener éxito en todo lo que hacemos, y en su lugar tenemos que estar de acuerdo con una condición que invertirá nuestra condición egoísta. La condición es que estemos conectados y que si tomamos la decisión tiene que ser a favor de todos. Es aquí donde nos detenemos, sin saber qué hacer, apuntando nuestras manos al cielo en desesperación.

Este es el estado en el que sestamos hoy, como esclavos en Egipto que “tienen un nuevo rey”, sentimos que hay un nuevo dominio. Previamente el ego nos ayudó a avanzar a pesar de los obstáculos; conquistamos la naturaleza y el espacio, cuidábamos de nosotros mismos de distintas maneras y de pronto somos impotentes ante todo. Ya son muchos años los que han pasado en los que las viejas metas ya no nos parecen atractivas ¿Por qué? Porque nuestro instinto nos dice: No habrá ninguna compensación para nuestro deseo egoísta aquí.

Es como si fuera a ganar un millón de dólares ahora, pero hay un hombre con una pistola en mi camino. “Vas a ganar un millón”, me dice. “Pero te quedarás sólo con mil y me traerás el resto del dinero a mí”.

Tengo que hacer un esfuerzo que vale un millón de dólares y sólo recibir una pequeña parte “para cubrir los gastos”. Pero mi deseo no me proporciona combustible suficiente para este trabajo ¿Entonces qué podemos hacer?

Va a ser ya sea el miedo lo que me fuerce a hacerlo o necesito ver que el hombre con la pistola es mi mejor amigo, mi amigo más querido, mi amigo más cercano. Entonces estaré dispuesto a recibir sólo mil dólares para cubrir mis necesidades básicas y gradualmente le dejaré a él el resto. Es más, se lo agradeceré, ya que sin su pistola hubiera continuado tomando para mí mismo.

Así llego a algo nuevo y estoy feliz de dar lo que he ganado, ya que mediante eso me acerco a ti y a las nuevas metas que me son reveladas.

¿Por cuánto necesita pasar una persona hasta que llega al reconocimiento de este estado…?
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(De la primera parte de la Lección diaria de Cabalá 22 de noviembre del 2012, Introducción al Estudio de las Diez Sefirot)

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