Apuntando directo hacia el futuro

Los animales tienen una relación instintiva con la naturaleza y su percepción de ella ocurre por medio de sus canales de conexión interna con la naturaleza. Estos canales no están disponibles para el hombre, no son entendidos, ni han sido descubiertos por él.

Cuando, en su desarrollo, las personas comenzaron a elevarse gradualmente del nivel animado al nivel humano, perdieron los canales de conexión interior, natural, animal con la naturaleza, pero la pérdida gradual de esta información las obligó a desarrollar otras conexiones no sólo para compensar las sensaciones del pasado, sino para adquirir conocimientos nuevos, más cualitativos.

Ellos no fueron motivados por el hambre. En realidad, su desarrollo avanzó hacia una relación más profunda con la naturaleza que les dio suficiente comida y tuvieron mucho más tiempo libre para unirse con la naturaleza no por instinto animal, sino en un nivel más profundo.

Incluso las armas que ellos inventaron, las inventaron precisamente para profundizar en la naturaleza. Por ejemplo, inventaron el arco y la flecha. ¿Para qué? Para atacar mejor a los animales, pero lo que usaban en el pasado era suficiente. El hecho es que para un artefacto como el arco y la flecha, cuando un hombre apunta y dispara, lo principal no es apuntar y disparar, sino que cuando la persona apunta, ella se dirige hacia el futuro, hacia la sensación de seguridad de dar en el blanco.

Por eso no es necesario siquiera disparar. La persona misma ha trabajado en tal estado que se ha unido con el objetivo y, por lo tanto, ha incrementado la sensibilidad de la naturaleza para que el arco se convierta en un medio para el perfeccionamiento, para hacerse sensible con el fin de sentir el futuro, independientemente que alcance o no el objetivo.

Ella llega a un estado en el que sabe exactamente que dará en el blanco. Es decir, ella logra una conexión con el objetivo; se conecta con el futuro estado. Usa el arco para practicar el hecho de alcanzar el futuro en el presente, incluso sin tomar medidas al respecto. Ella no necesita disparar.

Lo mismo sucede en todas las demás actividades. Las artes marciales orientales, las danzas rituales y la lucha libre se basan en el principio de no tocar al enemigo, sino en controlarle su futuro. Tú te conectas con el futuro. Es decir, el enemigo está ante ti como una representación de su maldad y tú practicas tu maldad en él, sintiendo que estás con él, luchando contra tu mal como si éste fuera el enemigo, y él hace exactamente lo mismo.

Estas actividades fueron consideradas como nobles, altas, divinas y sagradas, porque a través de ellas, el desarrollo humano fue hacia la dirección opuesta, a su lucha con su “yo”, con su ego, a ascender por encima de sí mismo. Eso fue lo que le dieron las artes marciales, el arco y la flecha, las danzas, los rituales antiguos a la persona. Esto la animó a trabajar sobre sí misma y, sobre todo, a elevarse al futuro para experimentarlo a través de acciones terrenales.

En realidad, las acciones no importan. Lo que importa es la concentración, la orientación hacia el futuro. Lo mismo ocurre por encima del espacio y por encima del tiempo. La misma práctica se realiza para superar las distancias y para sentir el movimiento, lo cual no es necesario, solo hay que ir más allá de los movimientos como en los bailes, como en los diversos movimientos rituales. Todo esto ocurre dentro de la acción interior, de superarse a uno mismo, al egoísmo de uno, para conectar con los demás, para ver al enemigo como el “yo” de uno que está contra ti.

Así, se elevó la gente del nivel animado y se desarrolló. Es decir, en ese entonces no era como creemos hoy que su desarrollo era para obtener más alimentos y mejores asentamientos. Esto es lo que nuestro materialismo nos dice, pero el desarrollo humano estaba dirigido hacia el grado del “Humano”. Esta es la razón por la cual encontramos evidencias del pasado por todas partes: Señales y monumentos que no podemos resolver porque fueron dirigidas por los lazos internos, espirituales con naturaleza.
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