Cuando se agotan las palabras

Pregunta: Usted dijo durante la noche de la unidad en Jerusalén que simplemente no tenía palabras ni fuerza para hablar porque no sentía un deseo que proviniera del grupo. ¿Qué se requiere de nosotros aquí y ahora? ¿Cómo formamos un deseo, y se lo proporcionamos a usted para que tenga las palabras necesarias para compartir con nosotros?

Respuesta: Esto fue de hecho una revelación muy interesante y conmovedora para mí. Yo normalmente nunca tengo problemas para hablar porque vivo dentro de lo que digo. Y, en general, de igual manera que alguien que habla acerca de su familia o de un trabajo interesante, hablo sin cesar y en combinación con cualquier otra cosa, de lo que es más importante para mí. Pero repentinamente yo descubrí que era incapaz de hablar. Y sucedió incluso antes del evento; uno poco antes, simplemente no podía entender lo que me estaba pasando.

En Jerusalén, hubo una reunión seria con una gran audiencia. Alrededor de un tercio de ella, 1000 personas de cada 3000, eran personas que vinieron sólo porque fueron invitadas. No eran estudiantes nuestros, amigos nuestros. Y yo realmente deseaba hablar bien en mi presentación. Porque con mis alumnos, aquellos que anhelan conocer y que están involucrados, con ellos estoy en contacto.

Ellos caminan a mi lado: en ascensos, descensos, mejores y peores momentos, todos experimentamos juntos el camino. Pero en este caso, con tanta gente nueva que asistió, yo quería mostrarles lo que estamos haciendo, lo que ofrecemos… y yo no tenía fuerza alguna para hablar, yo no dejaba de mirar el reloj: pasaban un minuto, dos minutos. Y yo quería tratar de hablar por lo menos durante media hora; yo no sabía qué hacer conmigo mismo. Y entonces se hizo evidente para mí: yo no estaba lo suficientemente bien preparado como para hablar con estas personas. Esto tenía que ocurrir en un nivel totalmente diferente, en el nivel de unidad con el grupo.

Normalmente, yo hablo por mi propia cuenta. Es decir, los estudiantes me dan su apoyo y yo los siento a ellos, siento nuestra unión común, colectiva, pero aun así hablo por mí mismo. Éste no fue el caso. Aquí necesitaba la disposición del grupo para que durante esos minutos en los cuales yo estuve en el escenario, pudiera sentir realmente a los amigos como si estuvieran a mi lado, completamente. Ese es el deseo que sentí, esa necesidad.

En otras palabras, el apoyo tiene que ser no sólo en simpatía, “el amigo fue allí y nosotros estamos apoyándolo”, sino en ayuda mutua, ¡No, yo estoy ahí con él! ¡Yo estoy con él ahora, al mismo tiempo! Nunca había sentido tanta necesidad de unidad.

Yo absorbo la energía de mis estudiantes con el fin de proporcionarles lo que ellos quieren. Siento el deseo de ellos, todo tipo de matices, de fluctuaciones en el estado de ánimo de ellos, y en general, los diversos estados espirituales. Y a pesar de que no es culpa de los amigos, puesto que yo no los había preparado para ello, pero en ese preciso momento lo único que yo quería era que ellos estuvieran “dentro de mí” de forma consciente. Eso fue lo que me faltó.

En realidad, hemos subido a un nivel totalmente nuevo en el que tenemos que hacerlo todo juntos. Ya no hay “yo” y “tú”, juntos trabajamos en la creación de un poder con nuestros deseos unificados, con nuestras aspiraciones hacia la revelación del mundo para poder sentir la fuerza real dentro de esta unidad. Si digo algo, tú ustedes están conmigo, y si lo oyen, yo estoy con ustedes.

Este es el tipo de inclusión mutua que necesitamos, y eso es lo que aprendimos hace dos días en Jerusalén: Nuestra relación está volviéndose mutua. ¡Y yo estoy muy contento por eso! Esto significa que muchos de mis estudiantes están elevándose cada vez más a mi nivel y ahora somos capaces de comunicarnos entre nosotros en este grado.

Espero que continuemos interactuando así con los demás y aún más, lo cual representa un todo integral. No hay maestro, conferencista o estudiantes que escuchan, en vez de ello hay una cosa en común, ¡el deseo completo que quiere revelar el propósito de la vida! Creo que podemos hacerlo.
(94963)
Del Congreso en Novosibirsk del 12/7/12, Lección 1

Material Relacionado:
Pasando la sabiduría de un maestro a un discípulo
Hazte un maestro y un grupo para ti
“Las cosas que vienen del corazón, entran al corazón”

Duscusión / Compartir Retroalimentación / Haz una pregunta