Los valiosos golpes del ego

Dr. Michael LaitmanBaal HaSulam, “Introducción al Estudio de las Diez Sefirot”, ítem 107: Por lo tanto, después de que uno alcanza la iluminación del rostro en tal medida que cada pecado que cometió, incluso los más deliberados, se voltean y se convierten en una Mitzvá para él, uno se alegra con todos los tormentos y aflicciones que sufrió desde el momento en que fue puesto en los dos discernimientos del ocultamiento del rostro.

… esto se convierte ahora en una causa y preparación para guardar una Mitzvá y para la recepción del premio eterno y la maravillosa recompensa por ello.

De esto aprendemos que mientras más haya sufrido, más recompensado me siento ahora. Entonces, ¿significa eso que vale la pena sufrir para recibir posteriormente una recompensa? Así es como suena en nuestro lenguaje, en nuestra percepción egoísta. El pasado no se borra; la corrección está en convertir esto de la tristeza al deleite. En vez de una vasija que ha sufrido por la oscuridad, por de la carencia y el vacío, por las guerras, las enfermedades, dolores, es decir la falta de llenado, ahora nosotros sentimos un llenado y en él sentimos una recompensa y el amor.

Baal HaSulam, “Introducción al Estudio de las Diez Sefirot”, ítem 108: Esto es similar a una historia muy conocida sobre un judío que era administrador de la casa de un propietario determinado. El dueño lo amaba entrañablemente. Una vez, el propietario se fue y dejó su negocio en manos de su sustituto, que era un antisemita.

¿Qué hizo él? Tomó al judío y lo golpeó cinco veces delante de todos, para humillarlo completamente.

Esto es acerca del ego y del punto en el corazón de la persona, de cómo ahora el ego domina a la persona y golpea al “punto en el corazón” llamado “judío” (Yehudí), lo cual se deriva de la raíz hebrea “unidad” (Yehud). Este punto quiere unirse con el Creador y sufre porque no puede hacerlo. Esto significa que recibe los golpes de su ego.

Tras el regreso del propietario, el judío se le acercó y le contó todo lo que había pasado con él. Su ira se encendió, y llamó al sustituto y le ordenó entregar prontamente al judío mil monedas por cada vez que lo golpeó.

El judío las tomó y se fue a casa. Su esposa lo encontró llorando. Ella le preguntó con ansiedad: “¿Qué te pasó con el terrateniente?” Él le contó. Ella preguntó: “Entonces, ¿por qué lloras?” Él respondió: “Estoy llorando porque sólo me golpeó cinco veces. Me habría gustado que me hubiera golpeado al menos diez veces, puesto que ahora yo tendría diez mil monedas”.

En la representación terrenal de esta historia parece tosca y egoísta, pero entendemos que la Torá nos habla del mundo interior de la persona. Quien entiende esto, lo interpreta correctamente.

“Una persona es un mundo pequeño”, en el que existen dos lados opuestos: un punto en el corazón y el corazón mismo. El corazón odia al punto en el corazón que anhela la unión con el Creador.

Cuanto más se revela en nosotros el deseo de recibir, llamado el corazón egoísta y cruel, más fuertemente se apodera del punto en el corazón, y no lo deja avanzar. El punto en el corazón hace diversos intentos por escapar de él y avanzar, de ésta manera sufre de su dominio y de su propia esclavitud, por el atormentando exilio. La tensión y la lucha entre ellos crece constantemente y el punto en el corazón siente cada vez más dolor, puesto que no puede unirse con el Creador.

Esto crea una vasija y así llega el llenado, que es llamado “después del retorno del propietario”. La recompensa se siente en los mismos sufrimientos, en los mismos lugares vacíos que se crearon durante el exilio. Esto significa que no es el deseo de recibir mismo el que se convierte en otorgamiento, sino la lucha contra él.
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De la 1° parte de la lección diaria de Cabalá del 12/25/12, “Introducción al Estudio de las Diez Sefirot”

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