Un ego que ha mutado y se mata a sí mismo

Si existe un deseo de recibir en nosotros y nada más que eso, entonces funcionamos como robots. En el momento en que algún placer nos ilumina, inmediatamente comenzamos a perseguirlo y en el momento en que sentimos sufrimientos, tratamos de escapar de ellos. Este es el comportamiento natural de todo ser creado: el inanimado, vegetativo, o animado.

La persona común en nuestro mundo no es diferente de los animales cuando se trata de esto, porque el deseo de recibir también opera en él, pero su deseo de recibir es simplemente más sofisticado y confuso, ya que la persona no entiende de dónde viene todo de repente.

Los animales funcionan de acuerdo a sus instintos naturales y no hay nada externo que los influya. La persona, sin embargo, es motivada por atributos como la envidia, lujuria, y honor. Ella es impresionada por el entorno que puede influirla para que valore cosas que están en contra de su naturaleza y que la destruyen.

La sociedad no opera en favor del individuo, sino en favor de la sociedad general rota, egoísta. Si la persona es egoísta, entonces simplemente funciona como un animal con su pequeño ego. Trata de arreglárselas en este mundo tanto como puede: de construirse una mejor casa, con condiciones más cómodas y opulentas. Trata de hacer lo que le produce beneficio a su cuerpo.

Así se desarrollaron las personas en épocas antiguas. Pero cuando su ego creció y los forzó a conectarse, con el fin de obtener una mayor ganancia una a expensas de las otras, esta conexión egoísta generó un fenómeno llamado “opinión pública”. Este efecto del entorno se volvió dañino para el individuo, ya que no sólo el ego creció debido a esa conexión, pero además tomó formas distorsionadas que están muy lejanas de las formas naturales.

Ésta no era una conexión natural, sino una conexión distorsionada de los deseos, ya que cuando muchos egoístas se conectan, sus deseos son opuestos a los deseos del otro y es imposible entender cómo pueden incluso conectarse. Entonces la influencia del entorno en cada individuo trae tales distorsiones y corrupciones del deseo natural, como: envidia, lujuria, honor, y poder.

Así es como se desarrolló la humanidad: El ego individual creció, y como resultado de las conexiones distorsionadas de los egoístas que estaban bajo la influencia negativa del sistema social en cada individuo, la sociedad se desarrolló en dirección opuesta a la Santidad, al estado corregido al cual eventualmente debemos llegar en el futuro.

Nuestros valores sociales se han alejado años luz de las necesidades humanas naturales…y como resultado todos funcionamos de acuerdo a valores artificiales, egoístas que sólo nos dañan. Pero somos obligados a operar de esta manera ya que estamos subordinados a la ley de acuerdo a la cual el entorno afecta a la persona.

Todo el problema está en el hecho de que este entorno es malo y nuestro grande, complejo y distorsionado ego, ha mutado de diferentes maneras de una generación a otra, de manera que ni siquiera entendemos que este nos afecta y nos lleva por caminos que son opuestos al camino natural y corregido.
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De la 1° parte de la Lección diaria de Cabalá del 11/29/12, “Introducción al Estudio de las Diez Sefirot”

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