La puerta hacia el territorio del Creador

thumbs_laitman_942Lo más inusual en la sabiduría de la Cabalá ocurre cuando un principiante escucha el mensaje acerca de “amor, unidad, e inclusión mutua” que son totalmente contrarios a nuestros deseos naturales. Al principio, la Cabalá nos parece una ciencia dura convencional: “Quiero entender el sistema, estudiar los fenómenos tras la fachada de la naturaleza, comprender la fuerza superior y los principios de su trabajo, aprender las leyes del universo, y encontrar las causas ocultas de su historia…” En otras palabras, una persona tiende a estudiar fórmulas concretas, y después descubre que eso es amor absoluto.

¿Existe alguien que haya abordado seriamente este tema? ¿Hollywood? Las personas serias están sentadas en Wall Street, mientras que el amor es el dominio de tipos raros y de los “bohemios”…

Toma mucho tiempo comenzar a entender el mensaje de amor. Toma años para que esta información “penetre nuestra piel” y llegue al corazón de uno. Nuestro egoísmo no está dispuesto a aceptar cosas como el amor, ni aprueba el mensaje de que sólo a través de la unidad revelamos una nueva realidad y sólo debido al amor ascendemos a nuestro estado más elevado, nos volvemos más benevolentes y revelamos nuevos mundos. Nuestra experiencia material no proporciona ningún ejemplo de lo anterior, ni prueba esas afirmaciones de ninguna manera.

Algunas personas tienen mayor tendencia a aceptar esas ideas; para otros, este mensaje es realmente difícil de comprender, depende de qué tan listas estén nuestras almas y de la “profundidad” del deseo (Aviut). También requiere de persistencia, diligencia, y un sentido de expresa necesidad de alcanzar este estado. Si ambos factores, un fuerte rechazo y una abrumante atracción, nos fuerzan a permanecer en nuestro camino sin importar qué suceda, entonces, incluso antes de alcanzar el amor aun así descubrimos que todo depende de nuestras cualidades. La Luz superior nos influye y provoca varias impresiones en nosotros; así, comenzamos a darnos cuenta que nuestros cambios internos o cierran o abren la imagen del mundo superior para nosotros.

Algo “hace click” dentro de nosotros y comenzamos a ver mucho más y a tener sensaciones más profundas que nunca antes. Continuamos penetrando en la estructura de la realidad; adquirimos un entendimiento más amplio y más claro de ello…todo depende de nuestro corazón. Es el lugar donde sentimos y distinguimos entre todos y entre todo que estamos dentro del campo de nuestra visión y sensaciones.

Después, la “puerta” se cierra, como si una nube negra descendiera sobre nuestras sensaciones e intelecto, y ahora una vez más, dejamos de entender y sentir cualquier cosa, como si camináramos en un sueño y apenas pudiéramos lidiar con nuestras responsabilidades. El tiempo pasa, la puerta se abre una vez más, y después, se cierra otra vez. Entonces gradualmente comenzamos a darnos cuenta de que todo depende del nivel de apertura o de cierre de nuestra mente y nuestras sensaciones.

Y después penetramos más profundamente en el núcleo del mecanismo que cierra y abre las puertas. Después pasamos por esos estados muchas veces, nos damos cuenta que la “puerta” nos lleva no sólo algún lugar fuera de nosotros, sino hacia otros. Cuando nos sentimos extremadamente cercanos a ellos, nuestros ojos y oídos se abren y avanzamos. Cuando estamos lejos de ellos, todo se cierra.

Esta es la manera en que la luz nos impacta, formando así gradualmente la conexión entre nuestras sensaciones y mente y construyendo nuestras actitud hacia nuestros amigos, añadiendo más cuidados mutuos, profundizando las sensaciones y apertura mutuas, familiarizándonos con el mundo superior y el estado superior. En esta fase, una persona se da cuenta que este mundo no está en algún lugar en las nubes, ni más allá del horizonte, sino concretamente en nuestras sensaciones: mientras más nos abrimos hacia los otros, más alto nos elevamos.

Gradualmente, nos acercamos a los “límites” y comenzamos a distinguir los detalles de nuestro deseo de recibir. Nos separamos en peldaños y niveles; en vista de eso, construimos los deseos a un lado de la mente.

Toma tiempo. Tenemos que incluirnos en el grupo tanto como podamos; literalmente “arrojarnos” hacia el grupo como si nos arrojáramos al mar; “perdernos” en este, disolvernos entre nuestros amigos. Debido a este tipo de “auto-aniquilación”, uno “es empapado” en los otros y se da cuenta que no es importante lo que obtenemos de esta conexión e inclusión mutua. Todo lo que viene de nuestros amigos es el territorio del Creador. Todo lo que está en mí es el territorio de la inclinación al mal, el “ángel de la muerte”.

Cuando uno realiza todo esto, el requerimiento “amar a mis amigos” surge. Uno siente que los necesita y se esfuerza por relacionarse con ellos como si fueran muy cercanos a él, como una madre que internamente y de forma permanente abraza a sus hijos con el fin de protegerlos de cualquier daño.

De este punto en adelante, se vuelve mucho más fácil avanzar, dado que uno ya ha construido su parte correctamente: Uno ya sabe que todo está dentro de él, dentro de sus sensaciones, en su actitud hacia los amigos y semejantes que en realidad son partes de su propia alma. Él entiende que en lugar de ver la exterioridad, en la forma de naturaleza inanimada, vegetativa, y animada, tiene que observar los detalles “externos” que son producidos por su mente y sentidos como algo que le pertenece, pero al mismo tiempo está separado de él por la “nube” y “polvo” que cubren mi percepción del mundo. Significa que uno tiene que regresar una imagen clara aun cuando existe una confusión creada por la inclinación malvada; él tiende a fusionarse con la imagen correcta del mundo y se vuelve una sensación e intelecto unificados.

Esta es la esencia de nuestro trabajo. Si nos las arreglamos para hacerlo, gradualmente ascenderemos la escalera de los mundos. Hasta el grado de nuestra habilidad para regresar a nosotros nuestras partes “externas”, las sentimos como siendo llenadas por la Luz superior.
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De la segunda parte de la Lección diaria de Cabalá 16/1/13, “Amor de amigos”

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