Decadencia espiritual: Disparidad de intenciones

Dr. Michael LaitmanBaal HaSulam, “Introducción al Libro del Zóhar”, ítem 10: … Él no tiene ningún interés en la recepción, sólo en el otorgamiento, mientras que las Klipot no quieren nada del otorgamiento, sino sólo recibir para sí mismas, para su propio deleite, y no hay mayor oposición que esa. Y ustedes ya saben que la lejanía espiritual comienza con una cierta disparidad de forma y termina en oposición de forma, que es la distancia más lejana posible en el último grado.

En este mundo, los positivos (+) y los negativos (-) se atraen entre sí al igual que los polos opuestos de un imán. Por ejemplo, las personas que tienen opiniones contrarias generalmente está interesadas en hablar con los demás y comparar sus puntos de vista. Esto sucede porque nuestro mundo está sumergido en la naturaleza egoísta de recibir.

Como resultado, podemos conseguir algo unos de otros según la medida de nuestra disparidad. Si fuéramos iguales, ¿qué podríamos obtener unos de otros? La similitud no promete ningún beneficio; necesitamos de los demás para recibir “beneficios” de ellos si se trata de dinero, respeto, poder, reconocimiento, servicios, etc. Uno necesita algo que no tiene, algo de lo que uno carece. Es por eso que nos tomamos la molestia de tratar con los otros.

Eso explica el por qué somos incapaces de entender las relaciones entre el Creador y la creación: La distancia entre ellos es enorme y no tienen oportunidad de acercarse. Al mismo tiempo, vemos numerosos ejemplos cuando los opuestos se encuentran. Se trata de una paradoja: Dos personas diferentes que tienen deseos egoístas encuentran maneras de tomar ventaja una de la otra; sin embargo los dos deseos contrarios (egoísta y altruista) no puede unirse porque se repelen entre sí.

En consecuencia, la creación no tiene ninguna posibilidad de acercarse al Creador, a menos que ésta modifique su naturaleza. No hace falta decir que es imposible cambiar el deseo de recibir per se. Por lo tanto, el Creador hizo la intención mucho más importante (básica) que el deseo. La intención es algo con lo que podemos trabajar y con el tiempo ella puede cambiar. La distancia espiritual entre el Creador y nosotros está delineada exclusivamente por la intención. La intención cambia la esencia de la conexión entre nosotros y nos hace, o bien similares o diferentes.

“El Creador” es un deseo de dar; por consiguiente, uno tiene que “escudarse” del deseo de recibir de uno con la intención de otorgar. El deseo en sí mismo es sólo un “material”, mientras que la intención es una herramienta para transformar la esencia misma de nuestras acciones para otorgar. De esta manera nos acercamos al Creador.

Sin embargo, ¿cómo convergen el Creador y la creación de si tienen polos similares? Esto contradice las leyes de la física en este reino. ¿Por qué no pueden las personas que tienen puntos en el corazón unirse entre sí a pesar de la ley de similitud de propiedades? ¿De qué depende la convergencia? ¿Hay incertidumbre sobre nuestras cualidades o depende de la forma en la que las estamos utilizando?

Por ejemplo, dos ladrones pueden encontrar un terreno en común. Por otra parte, las personas hoy en día no están dispuestas a unir sus esfuerzos, incluso si su cooperación les promete beneficios obvios. Ellas prefieren ganar menos de manera independiente en vez de recibir más en compañía de otra persona.

Ahora, se vuelve aún más difícil que podamos unirnos puesto que nuestro egoísmo continúa creciendo y rechazamos a los demás mucho más fuertemente. Cada uno de nosotros prefiere desapegarse y aislarse. Hay una creciente tendencia a trabajar desde casa; esta les conviene tanto a los empleados como a los empleadores.

No encontramos placer en el trabajo en equipo; este no es atractivo para nosotros en absoluto. En un momento dado, las mujeres comenzaron a luchar por salir de sus casas y huir de sus familias. Ellas querían encontrar trabajo y disfrutar de más libertad y ahora las personas de ambos sexos desean lo contrario.

Sin embargo, no se trata de volver a sus familias. En la actualidad, muchas personas no tienen familias. No se trata de volver a la vida familiar, sino que ésta es una continuación de nuestro camino para alcanzar nuevos niveles de egoísmo, que a su vez conducen a una separación y soledad mucho mayores. Por un lado, entendemos que nuestra alienación no es buena para nosotros; por el contrario, se ha vuelto difícil establecer contacto con alguien. Por lo tanto, la gente elige rechazar las posibles ventajas de la conexión.

Esto significa que nosotros tenemos que darle encanto a la idea de la unidad. Nuestro trabajo conjunto tiene que ser agradable, interesante, atractivo, y traernos satisfacción. Tenemos que trabajar en la creación de estas condiciones, puesto que no sucederá nada por sí mismo. Al final, ¿a quién le preocuparía trabajar en una compañía de gente agradable incluso sin ser recompensado? Si disfrutamos de la compañía de alguien, estaríamos dispuestos a pagar por ese placer. El problema es que no consideramos que vínculos entre nosotros sean atractivos. Es muy difícil tratar bien a los demás puesto nuestro egoísmo es demasiado fuerte y las relaciones amistosas requieren demasiado esfuerzo y energía.

Tenemos que romper muchos muros que nos separan antes de que los demás puedan creer que no estamos mintiéndoles, jugando con ellos, o confundiéndolos de alguna manera, y que somos verdaderamente simpáticos. Estamos acostumbrados a la hipocresía; nuestras relaciones con los demás son demasiado “comerciales” y están saturadas con desprecio mutuo. En realidad, debemos intentar arduamente entender a los otros más profundamente…

En la espiritualidad, la similitud de propiedades nos acerca unos a otros y nos permite alcanzar finalmente la revelación, mientras que en el mundo material, nos sentimos orgullosos de “consumirnos” unos a otros. En la espiritualidad, la unión está basada en la similitud de las propiedades, a pesar de que en este reino material nuestra cercanía está basada en las diferencias. En este plano material, dos personas se unen sólo si quieren confrontar a un “tercero” o si esperan obtener ciertos beneficios de su asociación.

Hay una ley que dice que sin la intención de otorgar, los más (+) y los menos (-) se atraen entre sí; la intención de otorgar revierte la situación y hace que todo esté condicionado por el grado de similitud.

 (102029)
De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 3/5/13, “Introducción al Libro del Zóhar”

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