Las mismas palabras, pero sin cáscaras

Dr.  Michael LaitmanVenimos de un lugar de ruptura, comenzando con el deseo que no tiene idea qué son el otorgamiento, la santidad, la espiritualidad. Nosotros construimos esta comprensión gradualmente, con el tiempo. Las palabras que usamos al principio y al final del camino son las mismas: otorgamiento y amor, pero al avanzar, sentimos más profundidad, una forma más adecuada en ellas.

Es como si tomaras una fruta cubierta por capas de piel y gradualmente retiraras una capa tras otra. Es justo en el medio, en el núcleo detrás de docenas de cubiertas, que encontramos la fruta. Hacemos lo mismo cuando retiramos las cáscaras de las palabras, sintiendo qué significa exactamente cada noción y qué se oculta detrás de ellas.

Cuando aclaramos una palabra o noción, esto arroja luz sobre otras palabras también. Al fin y al cabo todo está interconectado. Así, gradualmente comenzamos a entender de qué hablan los cabalistas.

Nosotros ya comprendemos esas ideas con nuestra mente, pero aún no las sentimos. Esto despierta en nosotros un deseo muy fuerte por alcanzar. Al avanzar nos volvemos “menos listos”. Si no nos esforzáramos por revelar la espiritualidad ni tuviéramos un punto en el corazón pronunciado, ardiente, continuaríamos nuestros estudios mediante el uso del poder de nuestras mentes y aprenderíamos muy bien la teoría. Incluso pensaríamos que sentimos algo. Nunca pasaríamos por el estado de confusión interna, tampoco sentiríamos que existe una confrontación entre nuestras sensaciones y nuestra mente. Entonces, progresaríamos de acuerdo a un camino rígido, de un solo sentido y seríamos guiados sólo por nuestro intelecto.

Sin embargo, si nuestro corazón y mente actúan simultáneamente y desarrollamos nuestra vasija espiritual, siempre estaremos confundidos. Sentiremos que perdemos la agudeza de nuestra percepción y que nuestro cerebro no progresa mientras estudiamos, sino que se expande proporcionalmente con nuestras sensaciones.

La mente se vuelve una consecuencia de nuestras sensaciones. La mente de la persona trabaja de acuerdo al desarrollo en sus sensaciones, a la vasija espiritual delineada sólo por las sensaciones, al deseo. En otras palabras, nos volvemos muy primitivos en oposición a las personas altamente intelectuales que piensan en asuntos complejos y aman filosofar. Nosotros somos listos según el grado en que nuestro corazón pueda sentir. Esto es llamado “ser sabio en el corazón” dado que es el corazón el que nos obliga a ser listos sólo al nivel del corazón y no más alto que eso.

¿Qué tiene eso de bueno si perdemos la agudeza de la mente y somos absorbidos por nuestras experiencias internas, tratando de desarrollar sólo nuestras sensaciones? Por todos los medios, haremos todo lo que esté en nuestro para poder desarrollar nuestros corazones. De otra manera, permaneceremos confundidos e incompletos, puesto que todo lo que recibimos viene de nuestras vasijas espirituales, a través de nuestras sensaciones. En este mundo, nadie considera intelectual a una persona que es dirigida sólo por sus sensaciones.

Al final, esta ambigüedad nos fuerza urgentemente a expandir nuestras sensaciones, dado que entendemos sólo lo que sentimos en nuestros corazones. El corazón no siente demasiado, y sólo siente en una forma egoísta, primitiva, unidireccional, y estrecha.

Esto explica el por qué no tenemos opción: entendemos que debemos abrir el corazón. Experimentamos una enorme presión que está volviéndose más fuerte debido a nuestro celo, pasión, y ambiciones, la cual nos empujan hacia la revelación en el corazón. Nuestra situación es desesperada puesto que el Creador bloquea todas las otras formas de nuestro desarrollo.

Es como si perdiéramos nuestra agudeza: ya no escuchamos o sentimos. Existen personas que tienen una mente muy aguda y que saben mucho de política, ciencia, cómo hacer buenos tratos, etc. Ellas se convierten en personas cándidas que son dirigidas solamente por sus corazones. En nuestro mundo, esto es llamado el nivel animado, mientras que un ser humano es alguien dirigido por el intelecto. Pero esta limitación fuerza a la persona a abrir su corazón y a expandir su vasija espiritual a cualquier costo. De otra manera, se siente mal porque no sabe qué es el otorgamiento.
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De la 1º parte de la Lección diaria de Cabalá del 2/27/13, Escritos de Baal HaSulam

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