Lavando “nuestras vestiduras” en la luz de jassadim

Dr,. Michael LaitmanY todo el pueblo respondió al unísono y dijo: “Todo lo que el Señor ha hablado, eso haremos”. Y Moisés reportó las palabras del pueblo al Señor.

Y el Señor dijo a Moisés: “He aquí, que vengo ante ti en una espesa nube, para que el pueblo pueda oír cuando hablo contigo, y pueda además creer en ti por siempre”. Y Moisés dijo las palabras del pueblo al Señor.

Y el Señor dijo a Moisés: “Ve con el pueblo, y santifícalos hoy y mañana, y deja que laven sus vestidos,

Y prepárate contra el tercer día; porque el tercer día el SEÑOR descenderá a la vista de todo el pueblo sobre el Monte Sinaí. (La Torá, “Éxodo” 19:8-19:11, “Jetró”)

Nosotros comenzamos a entrar en contacto con el atributo de otorgamiento, a ser atraídos por este, y a absorberlo desde su punto más alto que es llamado “Moisés” (de la palabra “Moshej” o “mover”, “jalar”), el cual jala desde dentro del ego. De esta forma él recibe energía superior, y así comienza a sentir de qué manera es posible continuar trabajando ahora por el otorgamiento al Creador.

Él comienza a adquirir el mismo atributo absoluto, como el Creador, frente a Quién está ahora. Él siente al Creador, pero aún no pertenece a Él. Están juntos, pero de manera externa.

La persona entiende que ahora necesita todos sus atributos egoístas de tal manera que tanto como sea capaz, ella misma los jale hacia ella, que jale fuertemente hacia adentro desde el punto en el corazón, el cual está en contacto con el Creador, que entre gradualmente dentro de este desde su ego, se conecte, añada a la nación entera, que adicione esos atributos que se fueron por un tiempo, al punto que es llamado “Moisés”.

Por esta razón ellos necesitan pasar por un cierto periodo de preparación final: tres días de separación de su ego y corrección de sus atributos externos, así llamados “vestiduras”.

En cada uno de nosotros existen cinco niveles: la raíz (Shoresh), el alma (Neshama), el cuerpo (Guf), la vestidura (Levush) y el palacio (Eijál). La parte interna, la raíz, el alma y cuerpo, ya la corregimos. Sin eso, no habríamos partido de Egipto, el punto en el corazón no se habría separado del ego. Y ahora, necesitamos corregir la vestidura, las así llamadas “vestiduras” del alma, y más adelante también el palacio, el resto de los atributos del mundo.

Los primeros tres discernimientos son: la raíz, el alma, el cuerpo. Es decir, si lo expresamos de una manera escénica, entonces al principio corregimos todo lo que existe en mi cuerpo, en la carne, mi parte interna. Y la vestidura es lo que está sobre mí. Eso es lo que puedo intercambiar, lo que puedo quitarme y ponerme. El palacio es el resto del mundo.

“Y ellos lavaron sus vestiduras” significa lavar los atributos no corregidos con la Luz de Jassadim y corregirlos.

(105415 – Del Kab.TV “Secretos del Libro Eterno” del 2 de Abril del 2013)
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