Un caballo que anticipa al jinete

Dr. Michael LaitmanCuando comenzamos a investigar nuestra naturaleza, el mayor avance al descubrir la verdad es dejar de enfocarnos en nuestro grado animal con el cual usualmente nos identificamos: con nuestro cuerpo, con todos sus deseos, pensamientos, y anhelos. Este es un egoísmo primitivo, inherente a toda la raza humana, y todos los habitantes de este mundo sienten sus manifestaciones en mayor o menor grado, en varias formas, cada uno de acuerdo a su naturaleza.

Nosotros necesitamos considerar la historia de la humanidad no como la vida de nuestros cuerpos animales, sino como el desarrollo del deseo en el grado hablante. Cuando observamos el mundo, vemos cuán difícil es la vida de las personas, cuánto necesitan luchar y aplicar esfuerzos por ella. Todos están luchando por su existencia ¿Pero por qué está organizado así? Todo esto es para que entendamos lo inútil de nuestro deseo.

No es un accidente que nos quejemos tanto de la vida y el sufrimiento. Esta vida intencionalmente nos fuerza a sufrir para que decidamos que nuestro egoísmo, nuestro deseo de disfrutar, está matándonos, y entonces queramos elevarnos hacia afuera de este, hacia el siguiente grado. Si no prestamos atención a nuestros cuerpos, sino que miramos hacia el deseo común, veremos que este crece de una época la siguiente, y al crecer, sufre cada vez más, de forma más cualitativa.

Aunque la persona tiene todas las cosas materiales, su deseo ha crecido hasta un deseo más humano, y ella no siente la satisfacción de una vida con el estómago lleno. Si alguna vez las personas peleaban por un pedazo de pan, hoy no mueren de hambre, pero sufren por otras causas.

De esta manera se desarrolla y avanza el deseo común del cual somos parte, y como resultado nos lleva a la necesidad de resolver este problema. Es imposible continuar viviendo dentro de este egoísmo que nace sólo para sufrir. No hay nada más qué hacer sino decidir que deseamos elevarnos por encima de este, crecer en una dirección diferente.

No queremos incrementar más este deseo para que en vez de querer mil queramos dos mil y de acuerdo a este deseo dupliquemos nuestro sufrimiento, y después querer cuatro mil, y sufrir aún más. Nosotros necesitamos usar nuestro deseo de forma diferente, no tratar de satisfacer al cuerpo animal, sino a nuestro verdadero cuerpo que está por fuera de este animal: elevarnos por encima del animal, por encima el caballo hasta el nivel del jinete. Esta tarea debe ser la meta de nuestra vida.

La humanidad revela esto y ahora está en una encrucijada. Gradualmente comienza a caer en cuenta que se dirige hacia la destrucción total si no cambia su naturaleza. Y nosotros tenemos el conocimiento y entendimiento de lo que debe hacerse. Tenemos el método que tratamos de realizar por nosotros mismos y dar un ejemplo para el mundo entero, convirtiéndonos en una luz para todas las naciones.

Queremos separarnos del egoísmo que afirma “¡reinaremos!” y nos fuerza a servirle a nuestro cuerpo animal; queremos elevarnos desde su nivel y conectarnos al humano que hay dentro de nosotros. Este ser humano dentro de nosotros no existe, existe sólo un punto a partir del cual debemos desarrollarlo. Esta chispa, llamada “el punto en el corazón”, existe en todas las personas. Pero hay personas en las cuales éste arde y les requiere su realización. Es por eso que a nuestro alrededor en todo el mundo existen personas que son capaces de realizar esta oportunidad y de construir a partir de este punto al jinete, al humano, que por el momento se oculta en el interior como una gota de semen.

Es necesario implantar esta gota en el vientre, que es el grupo. Y cuando nos adherimos al grupo, como una gota de semen en el útero, entonces a partir de esta adhesión comenzamos a obtener la fuerza superior, la revelación del Creador. Existen tres componentes: mi gota, mi grupo, y el Creador, el cual se revela en este. Entonces yo comienzo a recibir sustento y fuerza a través de este grupo, y así crezco.

En realidad, yo crezco debido al hecho de que a través del grupo recibo la fuerza del Creador, y mi deseo de disfrutar también está creciendo y aparentemente quiere interceptarme. Pero debido al hecho de que atraigo la Luz que Reforma hacia este, esta materia en bruto, sin forma, comienza a adquirir la forma de Adam, similar (Domé) al Creador.

Yo no sé qué significa ser como el Creador, y siento varios obstáculos. Pero precisamente esos obstáculos me muestran de qué forma debo resistirlos, pedir adhesión al grupo, y exigir la influencia del Creador. Debido a esto, mi deseo comienza a tomar la forma humana. Es como el embrión que pasa a través de las diferentes etapas de su crecimiento, se somete a todo tipo de cambios, toma diferentes formas, hasta que finalmente luce como un ser humano. Así, nosotros alcanzamos un estado de preparación completa para nacer en el mundo espiritual. Y la primera etapa es adherirme al útero, es decir, al grupo, y tratar a través de este, de obtener sustento desde Arriba, la Luz que Reforma.
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 De la Convención de hombres “El próximo paso” del 4/26/13, Lección 1

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