Lo que es odioso para ustedes, no lo hagan a sus semejantes

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Hay dos principios: Hillel dijo: “Lo que odias, no lo hagas a tu amigo”, y Rabí Akiva dijo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. El primer principio se refiere a Bina, el cual está dividido en dos partes:

  • Una de ellas es neutral, lo más importante es no hacerle daño a nadie. Yo siempre me vigilo a mí mismo con el fin de ser un “buen chico”, al parecer de “flotar sobre la tierra”, sin implicar a mi ego. ¿No tengo camisa? Bueno, no la necesito. Yo vivo en el “bosque”, lejos de todos, y no me comunico con nadie. Por lo tanto, sigo el principio: “Lo que odias, no lo hagas a tu amigo”. Me cuido de no causarle daño alguno a los demás, al igual que no me gustaría ser perjudicado por ellos. Estas son las primeras tres Sefirot de Bina.
  • Esto me lleva a la “continuación de la frase original”, a las siete Sefirot inferiores de Bina, a las vasijas de recepción. Ahora, yo puedo observarme a mí mismo con respecto a un tema de “poco peso”: ¿Tal vez yo, de alguna manera, privo a los demás? ¿Tal vez no contribuyo con el bien que ellos podrían recibir? Esto todavía no toca mi ” principal capital egoísta”. No estoy listo aún para sacrificar algo mío, pero ya siento la necesidad de ayudar a los demás. Aunque no corrijo mi deseo de recibir, ya estoy añadiéndole algo al deseo de otorgar. Debido a las etapas de corrección anteriores, yo empiezo a reconocer las oportunidades para beneficiar a los demás: “Ah, él puede ganar aquí, y esto le hará bien”. Y yo contribuyo a estas oportunidades. Esta es la fase de transición que me llevará al verdadero otorgamiento.

Entre tanto, esto no es el otorgamiento real ni abnegación por el bien del otro. Por ejemplo, yo he ganado cinco mil dólares el mes pasado, y sólo dos mil son suficientes para mí. Surge la pregunta: Si sigo el principio de “lo que odias, no lo hagas a tu amigo”, ¿tengo que darle tres mil dólares al otro?

La respuesta es no. Después de todo, yo no trabajo con las vasijas de recepción, yo mismo no me abstengo, sino que permanezco totalmente en la propiedad de misericordia (Jassadim) y solo contribuyo con el bien de los demás. Tengo un buen corazón, y estoy dispuesto a ayudarles a los demás, pero no a costa mía. Por lo tanto, yo trabajo con el egoísmo en el nivel 0, nivel 1 y parcialmente en el nivel 2 de Aviut (el “grosor” del deseo) pero no en el deseo de AHP que pertenece a los niveles 2, 3 y 4.

La parte superior de mi vasija, mi deseo total de disfrutar, son las vasijas de otorgamiento (248 deseos), y la parte inferior son mis vasijas de recepción (365 deseos). Las vasijas de otorgamiento están en el estado de Jafetz Jesed (HH), en la propiedad de misericordia, y quieren otorgar con el fin de otorgar, pero las vasijas inferiores reciben con el fin de otorgar. Por consiguiente, en la primera parte, yo llevo a cabo la “purificación”, y en la segunda la corrección parcial, volviéndome similar al Creador en cuanto a las propiedades. Aquí, yo ya formo mi semejanza humana: la imagen humana, similar al Creador.

En general, este deseo corregido con la intención altruista se llama el “alma”.

Por lo tanto, el principio de Hillel pertenece a la parte superior de la vasija, y el principio de Rabí Akiva a la parte inferior. Por supuesto, en cualquier caso, yo trabajo con mi egoísmo y tengo que superarlo. Sin embargo, el trabajo de acuerdo al primer principio no exige que yo sufra pérdidas, que renuncie a mis bienes, y esta es la diferencia fundamental.

Es importante recordar que estamos hablando de la persona que quiere adherirse al Creador (C), y es por eso que se pregunta: “¿Cómo puedo conseguir adhesión? ¿Cómo puedo entrar en el mundo superior, en la espiritualidad?” Estas preguntas primero la empujan hacia las vasijas de recepción, a la línea izquierda, y luego la llevan al principio de Hillel. Después, esta decisión la lleva de nuevo hacia abajo y le permite trabajar con sus deseos egoístas.

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Este camino es descrito en el ejemplo de un converso que va a un sabio para pedirle consejo. En primer lugar, él le pide a Shamai que le enseñe a amar al otro como a sí mismo, pero él se negó, ya que es imposible alcanzar la meta de una sola vez. Entonces, va a Hillel y le pide que le explique todo el método cabalístico mientras está parado sobre un solo pie, es decir, que le describa los medios de avance por medio de una sola regla. En respuesta, Hillel formula el principio de “lo que odias, no lo hagas a tu amigo”, es decir, él le aclara qué acciones son necesarias para esto.

Por lo tanto, de acuerdo a la ley de la creación, el principio o la adhesión con el Creador se divide en dos partes:

  • “Aquello que odias, no lo hagas a tu amigo”;
  • “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Si yo avanzo consistentemente de acuerdo a este orden, al final alcanzo el amor por el Creador.

Pregunta: Siguiendo el principio de “aquello que odias, no lo hagas a tu amigo”, yo realizo acciones físicas. ¿Cómo puedo combinar esto con la intención correcta?

Respuesta: El mismo principio trabaja en nuestro mundo, en el mundo espiritual, en la vida ordinaria, y entre los amigos. Sin importar en qué entorno esté, yo debo situarme en el nivel de este entorno y tratar de comportarme de la misma manera que me gustaría que se comportara conmigo. Consecuentemente, en el grupo, yo sigo los deseos de los amigos y su meta, y en el trabajo, yo ajusto mi actitud hacia los deseos de mis colegas. Y así lo hago en todas partes.

Yo me pongo en la situación del otro y así mido mi actitud hacia él, y esto ya es otorgamiento. De hecho, no deseo el mal para mí mismo, y por lo tanto, sin duda yo le haré bien al otro.

Esto es más que un ejercicio; ya es una acción, corrección. No importa si actúo de manera egoísta. No puede ser de otra manera. Mis acciones siempre surgen del egoísmo. Sin embargo, con este enfoque, estas atraen hacia mí la Luz que Reforma, entonces yo cambio. Por eso se nos dice que el corazón sigue a las acciones. En primer lugar, yo actúo según el dicho de Hillel, y luego la luz viene y me corrige.

Pregunta: Entonces, ¿podríamos decir que el criterio de mi avance es la medida de amor que yo alcance por el otro?

Respuesta: Por supuesto, ¿cómo podía ser de otra manera? Los grados espirituales son diferentes, precisamente en su medida de otorgamiento.

Pregunta: En los últimos cuatro o cinco años, lo único que fui capaz de entender es que no soy bueno. Lo único que puedo hacer es tratar de no hacerles daño a los demás. Nada más.

Respuesta: Si ustedes están pensando cómo no causarles daño a los demás, ya han recorrido un largo camino. El aceptar en sus cabezas este pensamiento es un gran logro.

Pregunta: De hecho, el otorgamiento en aras de otorgar también es egoísta, porque al final, yo le deseo el bien a los demás sólo porque deseo el bien para mí. Esto sólo me proporciona una vida más cómoda.

Respuesta: Entonces, ¿por qué la humanidad no ha adoptado aún este principio? El problema es que es repugnante a nuestra naturaleza, la cual exige que los demás se sientan mal. Vemos como países enteros se revuelcan en conflictos tontos, cuya base es el orgullo primitivo. Esto cuesta una enorme cantidad de recursos, miles de millones en inversiones, una gran cantidad de nervios y problemas. Y, no obstante, en general, el mundo actúa de forma egoísta, y nada en este podría llamarse “otorgamiento en aras de otorgar”.

Pregunta: Supongo que “otorgamiento en aras de otorgar” es algo ingenuo, abstracto. ¿Qué es en realidad?

Respuesta: Se trata de una acción dirigida en contra del deseo, en contra de mi egoísmo. Este requiere que yo incline mi cabeza, siente al otro, me sitúe en su lugar, que “me pruebe a mí mismo dentro” de él, y a él dentro de mí. Aquí, ustedes necesitan un conocimiento de psicología muy profundo.

El principio de “lo que odias, no lo hagas a tu amigo” comprende la mitad de todo el método, la mitad de la corrección del alma. Después de haberlo implementado, yo me elevo al nivel del Partzuf Abba ve Ima del mundo de Atzilut, obtengo las Luces de Jassadim. Ellas contienen la iluminación de Jojma porque yo puedo cancelar mi egoísmo.

Con el fin de no causarle daño a otro, yo debo detenerme, trabajar en mí mismo. Yo le hago un favor no sólo a costa mía, sin regalarle mis posesiones, sino al comprometerme y concordar con su beneficio. En nuestro mundo, se cree que estas acciones son generosas y benévolas, e incluso pensamos que somos capaces de realizarlas de manera altruista.

De todas maneras, con el enfoque correcto, con la ayuda de la Luz que Reforma, esto me guía progresivamente a lo largo del camino. Cada vez crece mi deseo de otorgar, mientras yo persigo mi propio interés, busco recompensa, pero la Luz me lleva hacia la verdadera recompensa.

Repito, nosotros tenemos que realizar acciones, la Luz seguirá a las acciones y los cambios vendrán a continuación de la Luz. Al principio, yo purifico mis vasijas de la intención egoísta. Por lo tanto, incluso mis peores ofensas entran dentro de la categoría de olvidos. Entonces, yo paso directamente a la corrección, a la construcción de mi semejanza humana a partir de un “material” limpio.

Así que, “lo que odias, no lo hagas a tu amigo”. Este es todo el método, y si toman este camino, éste los llevará a la meta.

(108808 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 5/30/13, Escritos de Baal HaSulam) 

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