Rescatando al amor del olvido

Dr. Michael LaitmanTodos sabemos que la vida en familia no es fácil, y no debemos permitir que ésta se desintegre. Si nosotros, como pareja avanzamos por el camino del desarrollo mutuo, entonces podemos definir tres “territorios” en nuestra relación:

  • El territorio indivisible donde el amor reina entre nosotros.
  • El territorio común donde estamos de acuerdo y llevamos a cabo el análisis. Este es un lugar de libre elección que también podemos llenar con amor.
  • El territorio individual de cada uno donde el otro nunca entra. Aquí, la persona busca cosas desde su propio punto de vista, prefiere algo, no acepta algo, incluso si es en contraste con el otro, y piensa acerca de algo privado. Después de todo, todos somos personas, sistemas complejos.

Esos territorios, en su turno, están subdivididos en partes más pequeñas, pero nosotros nos limitamos a la división general.

El punto es que no podemos arreglárnosla sin un amor primario, básico. Es como los matrimonios de la realeza donde ellos ni siquiera se conocen antes ni tienen un punto de contacto común, un punto de amor. Sin embargo, las personas jóvenes de hoy como regla se casan con base en cierta atracción del uno hacia el otro, movidos al menos por una chispa que sucede entre ellos.

Pregunta: ¿Cómo pueden las parejas construir su relación correctamente con el fin de avivar esta chispa, según la medida de su territorio común?

Respuesta: Antes que nada, apelamos a la mente, no a las sensaciones. Una sensación cálida que alguna vez pasó ya ha desaparecido, y el recuerdo de ella es deformado por las fases subsecuentes. Las personas ni siquiera se dan cuenta que esto es algo natural, hormonal, material, y más aún, que está sujeto a los hábitos y a varias normas, tan artificial como cambiantes. Por ejemplo, si yo he crecido acostumbrado a la cercanía de mi familia, entonces mi sensación es más estable, y si mi pareja se corresponde con mi naturaleza física,  él o ella tienen un gran impacto en el nivel subconsciente.

En pocas palabras, un deslumbramiento de la sensación familiar apareció espontáneamente, sin el pensamiento, y ahora queremos involucrar la mente para analizar esta explosión. Sólo la mente nos ayudará a rescatar esto del pasado en el que solíamos caminar de la mano y vivir en armonía, incapaces de separarnos, y éramos tan apasionados que lucíamos como un par de idiotas, con una sonrisa perpetua en los labios. Nosotros queremos recrear esta situación para que endulce nuestra vida y le dé sabor, significado, y de esta manera, seremos capaces de irradiar calidez y compromiso a nuestros hijos y seres queridos. Ni siquiera menciono que de acuerdo a numerosos estudios esa armonía en la familia refuerza la salud y promueve la longevidad.

Es por esto que necesitamos apelar a la mente.

Antes que nada, estamos de acuerdo el uno con el otro en el punto hasta el cual puede demandar mi pareja de mí y yo de ella. Cada uno rechaza cierta parte de su comodidad, en otras palabras, su egoísmo; y apoya y alienta a la pareja en la rutina diaria, en los negocios y las discusiones. Demostramos este enfoque el uno hacia el otro en la forma de un buen ejemplo.

Segundo, cada uno de nosotros se dirige y se relaciona con el otro como hacia la persona más importante, más lista, a una persona única del mundo. No nos da vergüenza exagerar, no evitamos las palabras grandilocuentes y los cumplidos. Por el contrario, las buscamos. Hago una lista, por ejemplo, de veinte líneas, aun cuando no es tan fácil y la uso tan a menudo como sea posible. El hábito se vuelve una segunda naturaleza. Realmente comenzaré a ver en mi “mitad” lo que yo le estoy asignando.

Nadie exige de mí sentimientos sinceros al comienzo. Imagino una reina de belleza a mi estilo: Una hermosa, altamente sensible, una maravillosa anfitriona, una madre perfecta, atractiva, sexy, etc. Me relaciono con mi esposa como si cumpliera con todos esos parámetros hasta que realmente reconozco todas esas cualidades en ella.

En esencia, usamos el mismo principio en el grupo para el trabajo con los amigos, elevándolos ante nuestros ojos.

Entonces, mentalmente yo trazo una imagen de la mejor esposa del mundo, la imagen que abarca todos los aspectos de la vida, todas las situaciones. Sin embargo, no está limitada a las fantasías. Trabajo en mí mismo para tratar realmente a mi esposa como si ella fuera esta imagen. Literalmente me “programo” a mí mismo y programo nuestra relación.

Pregunta: ¿Entonces, tengo que ignorar la realidad?

Respuesta: No existe una realidad objetiva. Yo siempre veo las cosas que trazo en el “lienzo” de mi consciencia. En realidad, no estoy consciente de mi pareja, aun cuando vivamos juntos. Estoy tan acostumbrado a ella que, sólo ocasionalmente, me enfoco en los bordes más prominentes detrás de la apariencia externa. En adición, por naturaleza, los hombres somos más superficiales, mientras que las mujeres observan más profundamente, y en este sentido es más fácil para ellas superar los obstáculos externos.

De cualquier manera, después de trazar un ideal para mí mismo, yo “invisto” con éste a mi pareja. De ahora en adelante, para mí, ella es exactamente así y el punto no está en la apariencia. Internamente le imparto perfección a todas sus cualidades. Dejemos que esto sea egoísta. “Esta es mi esposa, y, por lo tanto, es la mejor posible”.

Por supuesto, esto requiere esfuerzo. Yo genero esta actitud como si viera un ideal trazado ante mí. Todas las virtudes del mundo se concentran en este. Mentalmente la pongo en un pedestal, en el trono de la reina, y no la hago descender de esta altura, sin importar lo que suceda. Todo en ella es perfección, y si no me gusta algo, es porque el egoísmo cubre mis ojos.

Repito, lo principal está en esta imagen y no en los detalles externos, sino en el respeto, la reverencia, en la que estoy imbuido, en el valor que el ideal adquiere ante mis ojos, Precisamente este valor, esta actitud, se la transfiero a mi pareja. Nada le impide a mi imaginación dirigirse en la dirección correcta y ser programada con una cierta visión.

Estamos involucrados con una pareja en este trabajo de forma mutua, deliberada, y consciente. Nosotros lo discutimos. Nos damos ejemplo en cada situación, nos aceptamos el uno al otro como perfectos. En realidad, nuestros ojos ven una imagen diferente aun cuando más tarde esto cambie. Sin embargo, cambiamos hacia una nueva relación que por el momento es planeada, pero seria.

Por ejemplo, la casa es un desorden que yo no puedo soportar, y al mismo tiempo, me comporto con mi esposa como si hubiera puesto todo en su lugar. Acepto el orden de la manera en que ella lo ve. Ni siquiera busco excusas. Inicialmente quiero llevarme yo mismo a ver todo en ella y todo lo que depende de ella como perfecto.

Estas son nuestras concesiones conscientes, mutuas, el rechazo de la actitud egoísta. Trabajando de esta manera, en una semana, de pronto me daré cuenta de que todo ha cambiado. Resulta que realmente la veo como carente de defectos en todo, y así me ve ella. El amor florece en nuestro territorio común.

En una palabra, “sin dolor, no hay ganancia”. El amor viene cuando yo le muestro a mi pareja un ejemplo de que lo o la acepto, que le agradezco mucho a él o ella, a pesar de todo lo negativo que veo en él o ella. Demuestro amor, el mismo amor que siento por mi propio bebé el cual es siempre irresistible ante mis ojos, sin importar como sea.

Al final, un cuento de hadas se volverá realidad, y el amor que brotó y se volvió más fuerte entre nosotros, no requerirá de trucos. Cualquier problema nos proporcionará nuevas oportunidades para los compromisos, concesiones, e incluso para más amor.

Es por eso que se dice que el amor cubre todas las transgresiones. Puede crecer sólo con  ayuda de ellas. Si no fuera por ellas, ni siquiera miraría a mi esposa. De esta manera, cualquier mirada revela algo malo para mí. Esta es la naturaleza humana.

Aquí es donde comienza el trabajo en el que debemos aprender a observar la vida de forma objetiva, sin dependencia de nuestros propios deseos, fantasías, y pasiones. Nosotros mismos estamos construyendo el mundo, no con aspiraciones, sino que mediante nuestra actitud conjunta rescatamos del olvido al deseo, hasta que éste remplaza la realidad previa.
(107954)
De una “charla de Nuevo Vida” del 7/30/13

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