Egoístas exquisitos

thumbs_laitman_259_01 (1)Baal HaSulam, “Paz en el mundo”: La verdad es que la raíz de todo este desorden que hay dentro de nosotros no es más que el atributo de singularidad mencionado anteriormente, el cual existe dentro de cada uno de nosotros, ya sea en mayor o menor medida.

Y aunque hemos aclarado que proviene de una razón sublime, que este atributo se extiende hacia nosotros directamente del Creador, quien es único en el mundo y la Raíz de todas las creaciones, aun así, la sensación de singularidad, cuando se encuentra dentro de nuestro estrecho egoísmo, ésta afecta, arruinan y destruyen hasta convertirse en la fuente de todas las ruinas que hubo y habrá en el mundo.

Nadie progresará hasta que nos demos cuenta del grado de singularidad que se nos dio por la naturaleza. Cada uno tiene que ver plenamente su egoísmo en su forma más auténtica. Es decir que en este plano material, en este mundo (como lo percibimos) antes que nada, debemos entender los conceptos básicos y darnos cuenta de la magnitud de nuestro deseo de actuar únicamente por nuestro propio bien.

Eventualmente, nos daremos cuenta de que somos los únicos a quienes nunca tomamos en cuenta y a quienes no dudamos en “ignorar” cuando se trata de los demás; nosotros siempre hacemos lo que queremos con los demás si esto nos proporciona incluso una pequeña gota de placer. Cuando analizamos nuestros cálculos, vemos que no nos importa nada, además de nosotros mismos, y que una mínima partícula de placer es igual ante nuestros ojos que las aflicciones del mundo entero. ¡Que este reino desaparezca, arda o continúe sufriendo para siempre!

A menos que descubramos esta condición interna, no nos “familiarizaremos” con nosotros mismos. En realidad, esta es una realización del atributo de singularidad, es decir, la realización de la inclinación al mal.

Es muy duro revelar esto dentro de nosotros mismos. Incluso si admitimos nuestra maldad, aun así internamente no estamos de acuerdo con eso. La inclinación al mal no nos permite atravesar el proceso de auto escrutinio, ni nos deja visualizar o sentir nuestra naturaleza, nuestro exquisito egoísmo, nuestro “yoísmo”, que oscurece ante nosotros toda la imagen del mundo, y no nos deja ningún espacio para nada más. Es como si los demás ni siquiera existieran; simplemente somos incapaces de tomarlos en cuenta. Ellos están por fuera de nuestro rango de percepción. Este tipo de conocimiento es un paso esencial en nuestro  camino hacia la corrección.

Pregunta: ¿Por qué nuestro egoísmo nos oculta la verdad?

Respuesta: Se trata de una defensa natural. Nuestro egoísmo no quiere que suframos. Si viéramos todo el grado de maldad que tenemos, nos esforzaríamos por deshacernos de él. Es por eso que nuestro egoísmo nos oculta la verdad: Nos muestra ligeramente algo desde el borde de la cubierta y lo vuelve a tapar. Este está organizado de esta manera que nos haga hundir cada vez más hasta que lleguemos al fondo, a la realización máxima. En ese momento estamos listos para la ayuda de la Luz.

Hasta entonces, no estamos “equipados” para eso; solo estaríamos resistiendo nuestro deseo de auto corrección, nos habríamos escapado en el último momento. Si nuestro egoísmo no nos protegió de las sensaciones negativas que experimentamos debido a la conciencia de nuestra esencia egoísta, no seríamos capaces de continuar nuestro trabajo.

Esto explica por qué un proceso cognitivo ocurre a los “empujones”. Hace un momento quedamos asombrados por nuestra maldad, pero cae el telón y una vez más nos sorprendemos pensando vilmente sobre los demás “¡Ojalá que estuviera muerto! ¿Para qué lo necesito? Él se interpone en mi camino…” Y una vez más estamos consternados por nuestra maldad, pero entonces nos olvidamos de ella una vez más. En general, cada atributo está aparejado con su opuesto. De lo contrario, no seríamos capaces de penetrar hasta lo más profundo.

En cualquier caso, si nosotros no aspiramos al bien, nunca reconoceremos nuestra maldad. Esta es una regla universal que funciona en todos los estados que atravesamos. Buscamos la benevolencia y el otorgamiento; queremos estar con nuestros amigos; perseguimos nuestra gran meta sin vacilación, sin mirar alrededor, sin “andarnos por las ramas”. Sin embargo, en vez de benevolencia, descubrimos soledad, destrucción y caos

Se nos dice: “Hagan lo que puedan”. Es decir que uno debe ser un “buen chico” y aspirar a la meta obstinadamente y de manera constante. En este camino, uno aprende muchas cosas y se vuelve más listo, pero lo más importante es continuar avanzando y de actuar.

Pregunta: ¿Podemos prepararnos de antemano para la revelación del mal, de modo que podamos corregirla inmediatamente?

Respuesta: No, nunca debemos prepararnos para el mal. Una persona que trabajaba en un circo, una vez me dijo que los acróbatas tienen una regla muy importante: antes de que comience su actuación, ellos revisan dónde podrían caer. Ellos saben de antemano que dónde aterrizar, y qué posición mantener si se caen.

En la espiritualidad, es un análogo a éste entrenamiento. Sin embargo, nosotros trabajamos no en aras de la caída. Siempre debemos aspirar hacia adelante. Sí, tenemos que preparar la “retaguardia”, pero nuestros ojos deben ver que la meta está adelante. No tenemos la intención de retirarnos.

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