Por qué no hay señales de tráfico en el camino espiritual

Dr. Michael LaitmanBaal HaSulam, “La Paz”: …aquel que altera incluso una sola ley perjudica y daña el destino que ha establecido a propósito el Creador, y por lo tanto será castigado por la naturaleza… es mejor que nos reunamos a mitad de camino y aceptemos las palabras de los cabalistas que Ha Teva (la naturaleza) tiene el mismo valor numérico (en hebreo) de Elokim (Dios), ochenta y seis. Entonces, seré capaz de llamar a las leyes de Dios “Mitzvot (mandamiento) de la naturaleza”, o viceversa, porque son una y la misma cosa…

Pregunta: Últimamente, tomé un curso sobre “Conducción cuidadosa”. Entre otras cosas, se me habló de las señales de tráfico que alertan a los conductores de las vías del ferrocarril cercanas. Si se hace caso omiso de ellas, uno puede ser atropellado por un tren. Sin embargo, no hay señales de tráfico en las carreteras de la vida, y somos “golpeados por los trenes” más de una vez. Se trata de las leyes de la providencia que se supone que debemos sentir en nuestro interior. Estudiarlas requiere tiempo. Mientras las aprendemos, seremos golpeados por muchos “trenes”. ¿Por qué la naturaleza no puso letreros visibles para que podamos utilizarlos y explicarles su significado a los demás?

Respuesta: Sin duda, si tuviéramos señales de tráfico en nuestro camino, podríamos cumplir las reglas de tránsito, o al menos reconocer que violamos las leyes de la providencia. Sin embargo, no hay señales ni sabemos qué esperar. ¿Por qué fue establecido de esta manera? ¿Por qué sólo después de pasar por varios accidentes, finalmente comenzamos eventualmente a cumplir las reglas?

Para empezar, permítanme hacerles una pregunta para contrarrestar esto: ¿Qué les hace pensar que, en este mundo, nosotros actuamos de manera diferente? Aquí tenemos un ejemplo: Nosotros votamos por una ley que prohíbe hablar por teléfono celular al conducir. Cuando violamos la ley, perdemos los privilegios de conducir durante tres meses. ¿Por qué? Esto se debe a que los profesionales de este campo saben que hablar por teléfono mientras se conduce lleva a múltiples accidentes y tragedias.

Entonces, aquí podemos trazar un patrón similar. Nuestra aflicción crece hasta que alcanzamos un punto crítico. Sólo entonces creamos una especie de defensa.

Anteriormente, los puentes se construían sin parapetos. Más tarde, se dieron cuenta que las personas tienden a caer de los puentes. Entonces, comenzaron a construir barreras de protección. Siempre es así. Cualquier acción de nuestra parte es provocada por pura necesidad. Las barandas no nos daban placer. De esta forma, estas se inventaron únicamente a causa de angustia que causaba su ausencia en los puentes y sólo después se hizo evidente la necesidad de construirlas.

El egoísmo nos empuja a recibir placer. Las medidas preventivas y profilácticas no nos llenan de alegría. Nosotros queremos cruzar la carretera donde se nos dé la gana. Elegimos hacer algo que no nos pertenece, no nos importa que esta acción nuestra sea llamada “robar”. Resulta que esta actitud tiene una multiplicidad de diferentes sistemas sociales: Judicial, policial, etc. En general, todos ellos tienen el propósito de atemperar nuestro egoísmo primordial.

Hoy en día, ha comenzado una nueva etapa de desarrollo. Nosotros debemos familiarizarnos con el Creador. ¿Cómo? Si seguimos sintiéndonos bien, nunca empezaremos una relación con Él, puesto que el experimentar sensaciones agradables nunca nos empuja hacia adelante. Todo lo que queremos es mejorar los buenos estados en los que nos encontramos ¿Nos importa de quién y por qué recibimos placer? Para nosotros es suficiente poder sentirlos. Nada más nos molesta, dado que todo lo que hacemos es llenarnos a nosotros mismos, aquí y ahora.

Sin embargo, tan pronto como se nos revela el mal y nos damos cuenta que no podemos escapar de él, empezamos a hacer preguntas, y sólo después empezamos a construir las barreras de protección o a pisar el freno o a hacer cualquier otra cosa para protegernos de los problemas.

Nuestra naturaleza es un deseo egoísta de recibir placer. Este deseo se manifiesta de diversas formas. Este no nos permite protegernos o asegurarnos sin darnos una razón visible para hacerlo. Sin embargo, cuando se trata de recibir el máximo placer, no importa que nos aseguremos. Nuestros intentos de no perjudicar a nuestros vecinos todavía están por fuera de este paradigma. Ellos hasta el momento no tienen nada que ver con el otorgamiento, ni están incluidos en nuestros planes iniciales. El placer que obtenemos es una tentación, un soborno. Esto cubre nuestros ojos y nos aleja de una manera correcta de pensar sin siquiera dejar que nos demos cuenta de ello.

Por lo tanto, todas nuestras afirmaciones con respecto a las señales de tráfico son injustas. La afirmación de ustedes es correcta sólo si no está orientada hacia la meta: alcanzar al Creador. Es verdad sólo si no estudiamos el sistema que Él hizo para nosotros de tal manera que nos familiaricemos con el maestro que lo creó.

Tenemos que averiguar exactamente lo que Él hace con la ayuda del sistema que creó y en qué formas gobierna este sistema. Es como si nos tragáramos este sistema y lo dejáramos reposar en nuestro interior. Entonces, empezaremos a seguir sus leyes. Éste continúa trabajando en nosotros, pero, desde este punto en adelante, lo supervisamos, lo analizamos y lo controlamos.

De esto se trata nuestro libre albedrío. Al controlar el sistema, revisamos por nosotros mismos constantemente si nuestras acciones se corresponden con lo que Él haría. Como está escrito: “por delante y en detrás Tú me has acorralado”. Así nos familiarizamos con el Creador y tratamos de ser semejantes a Él e incluso de superarlo un poco. Corremos hacia adelante y tratamos de predecir Sus acciones. Al actuar así, aprendemos tanto desde atrás como desde el frente.

En general, todo lo que necesitamos para nuestra auto corrección vendrá a nosotros en el momento oportuno. Todo el sistema no sólo es preciso, sino absoluto. Este nos envía porciones ideales a todos y cada uno en todas las circunstancias posibles. Si nosotros recibiéramos un gramo menos, lo sentiríamos como una desgracia que no tuvo su origen en el amor. Si recibiéramos un gramo más, esta adición tampoco provendría del amor, dado que nos privaría de la libertad de elección.

Nosotros todavía no podemos justificar Su gobierno, pero no tenemos que justificarlo en el momento. Por el momento no debemos tratar de ser justos. Se nos dice que aquellos que comparten la aflicción de las demás personas, las consuelan. Por lo tanto, ellos justifican al Creador por medio de sus sufrimientos. Después de finalizar nuestro camino, nosotros lo justificaremos todo.

(115831 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 28 de Agosto del 2013, Escritos de Baal HaSulam “La Paz”)
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