¡Deja ir a mi pueblo!

Dr. Michael LaitmanLos “siete años de saciedad” es el estado en el que la persona mantiene la esperanza de conseguir todo lo que quiere para su egoísmo. Aunque está dispuesta a trabajar duro en aras de esto y a poner mucho esfuerzo, esto la llena por el momento, y satisface su egoísmo. Ella piensa que hay llenado en Egipto y que todo le pertenece: todos los placeres de este mundo y los placeres del mundo espiritual. Piensa que será capaz de llegar a esto por su cuenta, por sí misma y no se fija la meta de deleitar al Creador. Ella solo considera su ganancia.

Esto puede evaluarse por la forma en que la persona percibe problemas. Tan pronto como surgen dificultades y problemas, inmediatamente empieza a pensar en sí misma. Es decir, los “siete años de la saciedad” no han terminado para ella. Siente que le falta algo, hay algún peligro para su ego y de repente comienza a sentir incertidumbre, a preocuparse por sí misma.

Esto es lo que son los “siete años de la saciedad”, porque la persona lo examina todo en sus deseos egoístas: si ella sufrirá, si experimentará algún tipo de daño. Todavía se apega al resultado egoísta: ¿Qué tan bueno o malo será? Ella comienza a dudar y a considera si valdría la pena huir de este camino. ¿Y si sale lastimada? Esta es la manera de comprobar si está en el período de los siete años de la saciedad.

Los “siete años de hambre” comienzan desde el momento en que se vuelve indiferente a lo que obtendrá en su deseo de disfrutar; ella se eleva por encima de esta sensación. En la medida en que está dispuesta y sea capaz de elevarse por encima de la sensación de hambre, en esa medida avanza hacia el otorgamiento. Es en este punto donde comienza el trabajo real serio.

Yo creo que nosotros ahora estamos entrando en estos siete años de vacas flacas. Esperemos que sintamos estos dolores de hambre y nos fortalezcamos mutuamente. Todo el trabajo dentro de Egipto es sólo en unidad. Cuantos más críticos, aborrecedores, y enemigos tengamos, más nos fortaleceremos a expensas de ellos. Es como cuando los lobos rodean un rebaño de ovejas y las obligan a amontonarse cerca.

Nosotros podemos unirnos sólo debido a ello. Nuestro ego no nos permite acercarnos a los demás. Sólo los lobos malos que corren hacia nosotros, dando vueltas, tratando de mordernos, nos obligan como ovejas a acercarnos entre nosotros y a unirnos por dentro. Israel es como un rebaño de ovejas y se fortalece solamente por medio de lobos. Esperemos que seamos lo suficientemente fuertes como para asegurar que el Creador nos envíe muchos enemigos que nos ayuden a volvernos más fuertes, a conectarnos, y por medio de nuestra unidad, revelar la necesidad de salir de la esclavitud de nuestro deseo de disfrutar al deseo de otorgar.

Se trata de estados necesarios que debemos atravesar en el camino. El mundo exige esto de nosotros, y no tenemos otra opción, tenemos que hacerlo. Estamos en un estado muy especial antes de la salida de Egipto. Es sobre esto que habla toda la Torá.

Las “49 puertas impuras” de nuestro egoísmo se revelan en nosotros y nos impulsan a escapar y a escondernos en un rincón tranquilo, a encerrarnos y a volvernos invisibles. ¡Pero nosotros no estamos de acuerdo con esto! Aun así vendremos y nos pararemos contra Faraón para decirle: “¡Deja ir a nuestro pueblo!” y nos convertiremos en los trabajadores del Creador.
(118702)
 De la charla durante la comida del 10/18/13

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