Volviéndose socios del Creador

Dr. Michael LaitmanEl deseo, Israel, (“directo al Creador”) en la persona, se reforma por etapas, paso a paso, dado que éste debe llegar a la comprensión y alcance de acuerdo a sus necesidades internas.

En esto, él difiere de los tipos de deseos considerados “las naciones del mundo”, los cuales se reforman en conjunto de una sola vez. El deseo, Israel, exige que la persona discierna y alcance el mundo espiritual, que llegue a conocerlo, que esté inmersa en sus detalles, se asocie con el Creador, y no sólo que se una al sistema y reciba en una bandeja todo el bien de él.

Israel desea conectarse con este sistema y trabajar con él, recibiendo placer de conocerlo. Como está escrito: “Conoce a tu Creador y trabajar para Él”, y existen tales deseos o personas que no aspiran a conocer al Creador, a pesar de que está escrito que, al final, “todos Me conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande de ellos”. Sin embargo, este es el conocimiento común de una persona que reside simplemente en el mundo espiritual.

Como en nuestro mundo, no todos quieren ser científicos o investigadores y disfrutan aprendiendo acerca de la creación, comprendiendo sus causas y efectos. Hay dos peldaños de otorgamiento: explorar y conocer al Creador, o simplemente unirse a la fuente de todo el bien. Por lo tanto, las almas que pertenecen a Israel avanzan gradualmente, paso a paso. Naturalmente, ellas sufren mientras lo hace, puesto que todo el alcance está basado en la necesidad insatisfecha previa que debe ser cultivada.

Aquellos a quienes nos referimos como las “naciones del mundo”, el peldaño inferior, y que vienen a tomar esto como algo natural, según parece, también deben hacer gran cantidad de trabajo, pero esto no implica adhesión interna con el Creador como si se tratara de dos socios.

El hecho de que surja ese deseo en la persona, depende de la raíz del alma. El corazón, el hígado y los pulmones, todos los órganos vitales del cuerpo, deben mantener en primer lugar la conexión con el cerebro que los gobierna, y todo el resto de la carne, la cual comprende el 90% del cuerpo, no tienen una conexión tan directa con el cerebro e interactúa con él a través de los sistemas complementarios.

Esto no significa que un deseo sea bueno y otro malo, porque al final de la corrección (Gmar Tikkun), todas las almas serán absolutamente iguales. La diferencia está sólo en el camino hacia ella. El deseo fuerte es obligado a trabajar en su propio camino y a descubrir todos los secretos de la creación y los más débiles, cada uno en su propia medida, simplemente se conectan y apoyan a los que le preceden. Esencialmente, todos deben alcanzar la raíz de su alma, es decir el final de la corrección.

En el mundo espiritual no hay desigualdad; esta es otra diferencia con el mundo material. Al estar en el mundo espiritual, la persona actúa basándose en sus deseos naturales y no puede desear algo que no haya sido plantado en la raíz de su alma.

Sólo en nuestro mundo corporal puedo yo codiciar el automóvil de lujo de un vecino. Sin embargo, en la espiritualidad, no puedo desear lo que él tiene. Yo deseo únicamente lo que ha sido lo plantado en mis genes informativos, Reshimot.

Yo puedo ganar inspiración y motivación de él, pero sólo con el fin de reformarme a mí mismo. Por lo tanto, allí no puede haber división entre “grandes” y “pequeños”.

(29282 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 9 de Diciembre del 2010, Escritos de Baal HaSulam)

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