No nos avergoncemos de nuestras promesas

thumbs_laitman_259_02Hemos tenido situaciones en las que trabajamos mucho tiempo en algunos proyectos, y de repente apareció la necesidad de desarrollar e implementar un nuevo proyecto. Detuvimos todo el trabajo en la fábrica y trabajamos en el proyecto urgente durante uno o dos meses.

Por un lado, esta fue nuestra decisión conjunta. Por otro lado, en el momento en que se tomó la decisión, muchas cosas no eran claras para todos: “¿Por qué estamos haciendo esto? ¿Para qué? Estamos lidiando una especie de difusión común y conjunta, y ¿qué más? “Las personas no entendían cuánto podría esto consolidarlas, encenderlas, cuánto comenzarían a sentirse unas a otras, cuánto podría arder esto en su interior. Ellas pensaron que no tenían ninguna necesidad de esto: ¿Por qué salir hacia todas las direcciones o por el contrario entrar en algún área en particular?

Entonces, me vi obligado a dar instrucciones directas de manera que todos estuvieran involucrados específicamente en esto. Después de eso, las personas entendieron que había sido algo verdaderamente imprescindible, aunque en un principio, muchas se oponían y algunas incluso pensaban que solo tenían que involucrarse con la sabiduría de la Cabalá.

Tuvimos un amigo que estudió con nosotros durante quince años. Él, en última instancia no entendía que la difusión se había convertido en una condición necesaria para nuestra unificación y conexión, y fue por lo tanto obligado a salir, porque si dos personas no dan lugar a un tercer componente, no cuidan de él como si se tratara de su niño, y no se unen, entonces esta no es una familia, simplemente se trata de dos personas que viven juntas.

Una familia es cuando hay una tercera cosa en común, y ahora nosotros salimos a realizar un proyecto así en el que todos juntos estamos involucrados, este es nuestro pequeño niño y este nos lleva hacia la unidad y la conexión.

Además de eso, este proyecto nos dio una sensación interna de urgencia de que necesitamos llevarles a las personas lo que ellas se están perdiendo. Salimos a las masas, les prometimos todo lo que podíamos, y después de eso nos encontramos en un dilema: “¿Y qué más? ¿Cómo cumpliremos con ellas? ¿Cómo llevaremos a cabo lo que le prometimos al pueblo?” Ustedes ven que todos se encuentran aquí junto a nosotros, y que ustedes no pueden escapar hacia algún lugar como en un circo ambulante.

En otras palabras, nosotros intencionalmente prometimos muchas cosas. De ello se desprende que tomamos intencionalmente sobre nosotros misiones grandes y ambiciosas, y le prometimos la gente que las llevaríamos a cabo. Nosotros mismos nos pusimos una trampa. Y no tenemos otra opción que dejarnos infundir miedo, vergüenza, temblor interno, con la condición de que eso nos obligue a unirnos, porque de lo contrario, nada surgirá para nosotros, y ¿qué haremos ahora? ¿Dónde encontraremos el poder que cumpla con todo lo que le hemos prometido al pueblo?

De ello se desprende que todas las promesas hechas a los círculos más amplios de la sociedad obligan a la persona a movilizarse internamente, a conectarse con los demás, obligándola a buscar una salida. Y sólo hay una salida: gritarle al Creador. Únanse y grítenle al Creador.

De lo contrario, ellos los golpearán. Ellos los avergonzarán. Se relacionarán con ustedes con desprecio. Todo el trabajo que hemos hecho, en última instancia se convertirá en una publicidad negativa para ustedes. Serán como el resto de los partidos y organizaciones que sólo hacen promesas y no realizan nada ni puede hacer nada.

Por lo tanto, es especialmente necesario salir a los círculos más amplios de la sociedad y hacer promesas, y después de aclarar cómo cumplir estas promesas, no sentir vergüenza de salir a la calle. El Creador se encargará de arreglar sensaciones de vergüenza como esta para obligarlos a unirse, a buscar la salvación, y entonces todo estará bien.

 (119117 – De una charla sobre la difusión del 10/17/13)

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