La envidia es el principal motor de progreso

Dr. Michael LaitmanPregunta: ¿Qué es un esfuerzo correcto?

Respuesta: Nuestro nivel de espiritualidad se encuentra por fuera de los límites del reino espiritual. Nuestro nivel es único debido a las posibilidades que ofrece y es mucho más importante que el resto de los niveles espirituales, dado que sólo en nuestro escenario existe la combinación milagrosa de los deseos de recibir y de otorgar. Los demás niveles no tienen esto.

Sólo en nuestro nivel, al jugar como niños, podemos volvernos más inteligentes y maduros. Esto es similar a un niño en este mundo que no ha desarrollado los sentidos, el intelecto, alguna comprensión o conocimiento de la forma en que trabajan los grandes sistemas que hay a su alrededor, y sin embargo, de repente el niño se vuelve inteligente. En otras palabras, un niño hace funcionar estos sistemas de manera inconsciente sin ninguna idea de que al menos existen, sin tener alguna pista de qué estado en particular se supone que debe alcanzar. Él no sabe ni ve nada, lo único que hace es jugar porque él es impulsado a crecer por medio de sus instintos naturales.

Nosotros carecemos de este tipo de aspiración natural; aparte de eso, somos como niños. Tenemos todos los medios que nos permiten alcanzar este deseo. Si somos permanentemente avivados por los que nos rodean y si esto enciende nuestra envidia, lujuria, ambición y el deseo de ser mejores que los demás, empezamos aspirar a una meta que todavía es desconocida para nosotros. No tenemos ni idea qué queremos recibir, sin embargo, nos parece que los demás tienen algo que nosotros no conocemos.

Ya tenemos todas las cualidades y deseos que nos fueron dados por la naturaleza. Todo lo que necesitamos es organizar correctamente estas cualidades y deseos, construir un sistema de relaciones entre nosotros para que nuestros amigos sigan inspirándonos con la grandeza de la meta, y que estemos preocupados de que otros ya van más adelante que nosotros.

Posteriormente, ellos muestran un ejemplo de cómo ayudarles a los demás, al sugerirme que esta actitud es muy importante y conduce a la espiritualidad. ¡La envidia es lo principal! Nuestro egoísmo es encendido por la envidia y sufre mucho. Si nos conectamos de forme estrecha con el entorno y resulta que entendemos que no hay ningún lugar hacia donde correr, entonces, a pesar de que la envidia es una sensación negativa, por naturaleza ésta no nos empuja por detrás, más bien, nos saca adelante y nos conduce al éxito.

Obtener este deseo ya es un éxito. El deseo no es nuestro. Lo recibimos del grupo, como recompensa por no huir de ellos, más bien por agachar la cabeza frente a ellos y aferrarme a ellos. Todos estos métodos pueden ser puramente materiales según la medida en que podamos siquiera pagarles dinero a nuestros amigos por el deseo de recibir que ellos nos dan de vuelta, como Rabí Zushi quien contrató músicos de la calle para que le inspiraran. O bien, podemos cocinar una comida para nuestros amigos, insertando así nuestros esfuerzos para que finalmente influyan de vuelta en nosotros.

Nosotros recibimos una aspiración espiritual de nuestros amigos, pero, de hecho, sigue siendo un deseo de éxito material, puesto que lo único que queremos es ser más significativos, más inteligentes, mejores en todo. No importa cuanto lo intentemos, no podemos pensar en la espiritualidad, dado que todavía estamos en el egoísmo, en este lado del Majsom. Sin embargo, esto ya es lo suficientemente fuerte como para atraer la Luz que Reforma.

Resulta que en este nivel tenemos la oportunidad de trabajar e influir en el próximo paso que está por encima de nosotros y atraer la Luz de allí, como un imán que atrae a través de las paredes las cosas que están en otra habitación.

En serio, ¿cómo puede influenciarnos la Luz si no nos adaptamos a ella? Nosotros somos opuestos a la Luz, como si estuviéramos en anti- mundos. Y, aun así, todo está establecido de tal forma que la transición entre las dos etapas, entre nosotros y el paso espiritual más cercano del que recibimos las chispas de la Luz, es sólo un obstáculo. La Luz puede afectarnos y cambiarnos en concordancia con su naturaleza, con el deseo del nivel superior. Por lo tanto, podemos estar de acuerdo con ella y empezar a entrar en este nivel superior, como un feto que entra en el vientre de una madre, y luego crecer primero a un estado pequeño y después a un “estado grande” (Ibur, Yeniká, Mojin), hasta que nos fusionemos completamente con ella.

Es por eso que nosotros debemos valorar el estado en el que estamos en este momento y utilizar correctamente el nivel llamado “este mundo”: toda la humanidad, a nuestros seres queridos, a nuestros vecinos, nuestros estudios, nuestros grupos. Realmente no se necesita nada además de eso. Ya tenemos a nuestra disposición todas las cosas esenciales; sólo tenemos que organizarlas correctamente.
(121674)
De la 1º parte de la Lección diaria de Cabalá del 11/27/13, Escritos de Baal HaSulam

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