Un exprimidor (Hecho en Egipto)

Dr. Michael LaitmanTodo surge de la conexión entre la Luz y el deseo. El deseo que fue creado por la Luz como algo de la nada pasa por varias fases de evolución: fase raíz, fase uno, dos, tres, y cuatro. Sólo en el cuarto nivel del nivel cuatro, comienza el ser creado a sentir que él es un ser creado en relación al Creador, como un invitado ante el anfitrión, con todas las sensaciones y discernimientos necesarios a fin de ser independiente.

Hasta que no alcancemos este nivel de desarrollo a través de la Luz Superior, no podemos sentir que somos independientes ni podemos sentirnos a nosotros mismos, nuestro estado, en absoluto. Hasta entonces, se trata simplemente de la acción del superior. Es como el debate acerca de cuándo un embrión es considerado como un ser humano y no sólo una colección de células. Entonces es imposible matarlo, puesto que tiene todo el derecho a existir como cualquier ser humano.

Esto ocurre a través del proceso de nuestro desarrollo. A menos que el cuarto nivel se estabilice finalmente, todavía no es considerado como un ser creado. A menos que comience a realizar acciones independientes, incluso en cierta acción de acuerdo a su nivel, no se considera un ser creado, sino totalmente bajo el dominio del Creador. Él aún no se siente a sí mismo, y por lo tanto es imposible atribuirle alguna acción, no es ni bueno ni malo, no hay pecados ni Mitzvot.

Entonces, las diez Sefirot se desarrollan a partir de esta primera HaVaYaH. Maljut comienza a operar a fin de otorgar “su oscuridad iluminará como la Luz”, es decir que Maljut comienza a iluminar, a dar, por lo tanto recibe los atributos que son similares a la Luz, en consecuencia estos son llamados Sefirot (de la palabra en hebreo “Sapir”, “zafiro”, “iluminar”). Existen exactamente diez Sefirot, no nueve, ni once, dado que allí donde termina la última Sefira, es que el ser creado puede actuar de forma independiente.

Lo mismo es cierto con respecto a nuestro esfuerzo. Nosotros tenemos que alcanzar el nivel completo preciso que coincida con la medida, con el estado en el que estamos. Nunca sabemos en qué estado nos encontramos, puesto que es posible saberlo sólo desde el nivel superior que dio a luz al nivel en que estamos. Sólo en el nivel superior que nos dio a luz empezamos a controlar lo que es inferior a él, y así comprendemos el estado que hemos tenido que atravesar.

Resulta que una persona nunca conoce su estado real. ¡A menos que ella complete su última medida de esfuerzo, es como si no hubiera hecho nada! Es aún peor, la mayor oscuridad se revela al final, lo cual significa la dificultad, la desesperación, la impotencia, todas las sensaciones desagradables vienen justo antes de que completemos nuestra esfuerzo. Es como el éxodo de Egipto, la resistencia al ego aumenta hasta que terminan las diez plagas y escapamos. Estamos dispuestos a hacer cualquier cosa con el fin de separarnos de esto y la redención ocurre sólo al final.

Esto significa que tenemos que esforzarnos hasta el final de la última medida, y la redención aparecerá de repente. Todas las últimas fases y sobre todo la fase final son los más difíciles y agotadoras, como en un exprimidor. Sólo la paciencia y la obstinación que dependen totalmente del entorno nos ayudan aquí. Esperemos que logremos sostenernos hasta el final, como nos dice Baal HaSulam en la “Introducción al Estudio de las Diez Sefirot”: “Y sólo los héroes entre ellos, cuya paciencia soportó, derrotaron a los guardias y abrieron la puerta. Y ellos fueron recompensados al instante al ver el rostro del Rey”.

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De la 1° parte de la lección diaria de Cabalá del 01/07/14, Lección sobre el tema: “Preparación para la Convención”

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