Vida espiritual, la renovación eterna

Dr. Michael LaitmanPregunta: ¿Por qué la “esfera frambuesa” desaparece todo el tiempo y la única manera de aferrarse a ella y crecer es ir hacia la comunidad exterior?

Respuesta: Cada actividad en la espiritualidad es una innovación. Incluso en nuestro mundo sucede de esta manera, pero simplemente no le prestamos atención. Nada regresa a lo que era: todo el tiempo están sucediendo nuevas aclaraciones y correcciones, un nuevo descubrimiento del mal y su corrección hacia el bien.

En la espiritualidad no puede haber un reposo, no puede haber un estado estático. Cada estado debe ser renovado todo el tiempo. Es como en el amor, como en las relaciones entre las personas, donde debemos cuidar constantemente de nuestras relaciones. Si queremos conservarlas, debemos desarrollarlas constantemente y hacerlas crecer, abriendo nuevos estados.

En este mundo, hasta el final de la corrección, nosotros recibimos un obsequio, un favor, ayuda en el trabajo: Revelamos deseos rotos específicamente concedidos por el Creador para que tengamos material para la renovación. Gracias a esto podemos renovar las relaciones y desarrollar nuestras sensaciones cada vez.

Pero si no hubiera sucedido la ruptura, ¿en qué nos basaríamos para construir nuestras innovaciones y cambios? Y cuando nos elevamos de estados físicos a estados espirituales, entonces vemos que la espiritualidad son cambios constantes. Sin ellos, el mundo espiritual no existe. Incluso en nuestro mundo, de acuerdo a la física cuántica, el electrón no puede existir sin movimiento.

Si lo detenemos, éste desaparece. Todo el universo de partículas elementales, que rotan alrededor de sus ejes con velocidades tremendas y se mueven en órbitas, está en movimiento y cambio. Todo el mundo microscópico funciona a frecuencias muy altas cercanas a la velocidad de la luz.

En nuestras vidas la velocidad de los cambios también crece, todo el aparato tecnológico, la electrónica, computadoras, todo, funciona a una velocidad cada vez más grande. Esto nos habla sobre el número de cambios que estamos dispuestos a incluir en una unidad de tiempo, una unidad de influencia. Todo depende de la velocidad, de la frecuencia con la que suceden los cambios.

Cada Partzuf incluye diez Sefirot, y cada una de ellas incluye otras diez, y así hasta el infinito. Por lo tanto, debe haber una frecuencia muy alta en cada intervalo con el fin de incluir todos esos cambios infinitos de integración mutua de esto en aquellos, y de aquellos en estos, etc. Los cambios deben ser constantes y a una velocidad muy alta.

Entonces cuando nosotros alcanzamos la esfera frambuesa, comenzamos a sentir que es imposible sostenerla. Aquí comenzamos a entender toda nuestra psicología: Si no trabajamos en algún tipo de sensación, en alguna especie de observación todo el tiempo, entonces esta desaparece. Ella no se revela claramente en esta vida porque estamos convirtiéndonos en un compuesto único de bestia y humano. Y la bestia en mí existe sin cambios, como todo el resto de las bestias. Y si mi cabeza solo está involucrada en cuidar de mi bestia, entonces siento que todo está completamente bien conmigo.

Pero si comienzo a cuidar del humano en mí con mi mente, entonces necesitaré todos los cambios allí. Entonces yo constante e incesantemente, necesitaré decidir qué es más importante para mí, ¿la bestia en mí o el humano? ¿Está el hombre montando sobre el burro o el burro montando sobre el hombre; quién lleva a quién?
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De la 1° parte de la lección diaria de Cabalá del 1/7/14, Lección sobre el tema: “Preparación para la Convención” 

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