¿De qué están hechos los segundos, las horas y los años de la vida espiritual?

Dr. Michael LaitmanNosotros somos un resultado de la ruptura y surgimos de fuerzas egoístas tan bajas que ni siquiera somos parte del mundo espiritual, dado que no hay estado corregido en relación a ellas.

Entonces, cuando una persona en quien el punto en el corazón ha despertado llega a un grupo y comienza a trabajar en este, ella descubre que no puede aceptar este tipo de trabajo en absoluto. De tal manera, se evoca en ella el deseo correcto, lo cual significa el deseo que demanda la corrección.

El simple deseo de disfrutar en este mundo no es llamado un ego dado que éste está definido por nuestra naturaleza corporal. Sin embargo, cuando la persona siente hasta qué grado no puede aceptar la conexión, ésta es en realidad una revelación del ego que debe corregir y convertir en una conexión con otros. Después de todo, es mediante la conexión correcta con los amigos, que la persona alcanza la conexión correcta con el Creador.

Cuando ella comienza a conectarse con otros, de pronto siente una resistencia interna. El ego es evocado junto con diferentes cuentas y ella siente repulsión e incluso resentimiento con respecto a la conexión. Pero, no entiende por qué sucede esto repentinamente.

Ella no lo acepta y quiere ser como los demás. Algunas veces, lo olvida y simplemente cede ante el dominio de las sensaciones negativas y el rechazo que siente, y odia a los otros tanto que puede escapar y abandonar el estudio, y después regresar a él.

El rechazo de la conexión es una expresión del deseo egoísta que crece en la persona y es llamado madre, el nivel superior. La persona debe conectarse con los amigos por encima de esta resistencia y aguijonear a los otros al enfatizar la grandeza del Creador, del maestro, del estudio, del grupo, y de la diseminación. Esos son medios que pueden ayudarle a la persona a aferrarse al trabajo espiritual.

Si ella no quiere ser peor que los otros, descubre que no puede hacerlo, entonces, tras una larga lucha, admite que no puede cambiar sin la ayuda del Creador. Ella llega a esta conclusión como resultado de los esfuerzos que ha hecho. Cada detalle requiere de grandes esfuerzos y entonces esto nos dice que la persona debe hacer todo lo que esté en su poder.

Así, la persona se da cuenta de que el rechazo que ella siente tras todos los grandes esfuerzos por conectarse con otros, es una expresión de su inclinación malvada y de que debe acudir al Creador con el fin de corregirla. Todo el juego está organizado para que ella necesite de la ayuda del Creador.

Entonces busca la oportunidad de pedirle ayuda al Creador y averigua que no hay conexión entre ellos, que ella sigue olvidándose de esto, y que, de hecho, no lo necesita para nada. Ella aún no tiene un deseo lo suficientemente fuerte como para que esta petición haga erupción dentro de sí. Debe otorgarle a su entorno para que éste evoque la necesidad de acudir al Creador.

Así, crea gradualmente una forma dentro de una forma y establece la actitud correcta hacia el grupo, el estudio, el maestro, y el Creador para que todos esos componentes se apoyen unos a otros, y la Luz Circundante ya cree en ella la petición correcta que puede aguijonear al Creador y forzarla a darle a la persona su primer forma espiritual.

Esta forma es llamada un embrión espiritual o el hijo con respecto a la madre. La persona comienza a sentir que ha sido sometida a un cambio y que su deseo de recibir se ha convertido en un deseo de otorgar, en un deseo espiritual.

¿Cuál es la esencia de este cambio? El deseo de disfrutar permanece igual, pero la intención cambia de una intención con el fin de recibir a una intención con el fin de otorgar. De pronto, algo sucede en la persona, y ella no tiene preocupaciones excepto el preocuparse por el Creador. El Creador se vuelve más importante para ella que cualquier otra cosa, y ella comienza a pensar sólo en el bien de Él.

Esta es la meta de la persona en esta vida, lo que debe alcanzar durante su corta estadía en este mundo. Este mundo está creado para que con la ayuda de cada individuo en este, la conexión de la persona con el Creador sea renovada y completada. Al conectar todas las conexiones, los puntos y los medios para contactar al Creador, la persona hace crecer su embrión espiritual hasta que madura lo suficiente y nace en el mundo espiritual.

Tras el nacimiento, ella continúa reuniendo los contactos que alcanza con el Creador, que se acumulan en segundos, horas, días, semanas, meses, y años de vida espiritual. Así, ella crece de ser un niño a ser un adulto hasta que completa la creación de todo su Partzuf espiritual. La persona debe arreglárselas para completar este trabajo durante su vida en este mundo. Esto significa que ella establece constantemente su forma y la forma del Creador como su madre para que la forma del Creador esté impresa en ella.

En realidad, sólo hay una forma: la forma del Creador y la forma de la persona, adheridas una a la otra. No hay forma individual en cada una de ellas. Esto aparece sólo como un resultado de la conexión entre ellos.

(127694 – De la preparación para la lección diaria de Cabalá del 18 de Febrero del 2014)
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