No deben hacerse ídolos para sí mismos

Dr.Michael LaitmanLa Torá, “Éxodo” (Ki Tissa), 32:19-32:20: Resulta que cuando él se acercó al campamento y vio el becerro y los bailes, ardió la ira de Moisés, y él arrojó las tablas de sus manos, destrozándolas al pie de la montaña. Entonces tomó el becerro que ellos habían hecho, lo quemó en el fuego, y [se lo] dio a los hijos de Israel para que bebieran.

Primero Israel tenía que descender a Egipto con Jacob y sus hijos, y aun cuando ellos tenían una buena vida, sentían que eran esclavos en Egipto dado que ésta no era su casa. Cuando ellos hicieron el becerro de oro éste era el mismo Egipto, pero ya era deseable. Ellos querían desarrollarse de acuerdo al ejemplo de Egipto y construir para ellos un maravilloso estado sin la ayuda del Creador; ellos construyen un becerro de oro.

Por lo tanto cualquier figura o imagen a la cual le rinden reverencia en las diversas culturas o sociedades, esta es la personificación del becerro de oro. La persona se construye un ídolo corporal con el fin de reverenciarlo. Esto es totalmente opuesto a la perspectiva cabalística, pero en cada religión y creencia, hasta el día de hoy, existen ídolos a los cuales todos les rinden reverencia.

La persona necesita tener algo que sea sagrado; ella tiene que mantener algo como un niño que juega con un juguete. No puede existir sin ello, dado que todo lo que está más allá de la materia está más allá de nuestro entendimiento. Ella debe tener ciertas figuras. Así, siempre ha existido un amargo conflicto acerca de la cuestión de si debemos construir un Templo corporal o no, si necesitamos un rey en este estado o no. Un rey se refiere a una monarquía y la Providencia superior también es una monarquía.

¿Por qué necesitamos todo eso? Es un cumplimiento muy delicado de la estructura social, de tal forma que la sociedad sólo anhele hacia arriba, y sólo las acciones permanezcan abajo, lo cual significa que todo lo demás sólo debe ser la intención.

Entonces la persona tiene que distinguir constantemente entre el hecho de que la espiritualidad debe estar en el aire y no en la forma corporal, mientras que la corporalidad debe expresarse sólo en acciones que nos enfoquen a los unos en los otros. Entonces sólo el otorgamiento mutuo positivo permanecerá hasta la absoluta revelación del amor y la conexión entre nosotros. Si las personas actúan de esta manera, ellas establecerán el templo en la conexión entre ellas en el cual descubrirán al Creador. Sólo ahora, después de que la humanidad ha pasado por todos los niveles de evolución histórica, podemos explicar gradualmente cómo renunciar a todas las señales externas.

El cuerpo no existe. Existe sólo el deseo de que debemos conectarnos y entonces seremos capaces de descubrir dentro de nosotros, entre nosotros, en el área neutral, en la conexión entre nosotros, el nuevo atributo llamado Adam (un ser humano), y en éste descubriremos al Creador, la fuerza que nos ha creado y la cual nos revive. Es un gran proceso de maduración por el que pasa la persona.

Nosotros tenemos que mantener todos los símbolos de los que nos habla la Torá: las banderas, los estandartes, el Tabernáculo de la alianza, la tienda de la asamblea, etc. en la espiritualidad y no como un llenado corporal. A fin de tener éxito en hacerlo, necesitamos conectarnos. Por una parte, la conexión los protege y por otra parte, ustedes protegen la conexión. Cada uno apoya a todos en el anhelo espiritual; esta es precisamente la razón para la conexión entre nosotros, en la que cada uno se preocupa por todos los demás.
(127050)
Del Kab.TV “Los secretos del Libro Eterno” del 9/9/13

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