Papel de lija en el egoísmo, bálsamo en el corazón

dr. michael laitmanCada uno de nosotros fue una vez un feto en el vientre de su madre. Nuestras madres nos nutrían y como resultado nos desarrollamos. Imaginen un estado en el que están allí, en el interior. ¿Cómo se siente uno mientras está en el estado fetal?

El estado fetal es análogo a nuestra etapa actual de desarrollo. El avance hacia la espiritualidad es totalmente paralelo a las etapas que atraviesa un feto mientras crece. Las fuerzas opuestas (otorgamiento y recepción) descienden desde la espiritualidad y aseguran nuestra evolución.

En El Estudio de las Diez Sefirot hay cerca de mil páginas que explican cómo puede alcanzarse la espiritualidad. El libro describe el descenso de ambas fuerzas a este mundo. Las etapas del descenso son similares a la forma en que llegamos y luego nos desarrollamos en este mundo.

Entonces, ¿cuáles son las formas de avance?

El grupo nos sirve de “matriz”; nosotros tenemos cuidar de él de la mejor forma posible. Nuestro avance debe ser consciente y esta es la diferencia en el progreso espiritual, en el crecimiento espiritual, con respecto a cualquier otro tipo de avance.

En este mundo, un feto nunca se preocupa por el lugar que le garantiza su nacimiento y posterior crecimiento. Un feto avanza inconscientemente. Lo mismo se aplica a la humanidad, su avance es inconsciente; nosotros somos impulsados hacia adelante por fuerzas, incentivos, propiedades, deseos, “oportunidades” etc.

Nosotros somos aquellos que tenemos que crear un entorno adecuado para nuestro crecimiento, un entorno que asegure nuestro avance. Nuestro progreso depende totalmente del desarrollo de nuestro entorno. Si no elevamos al grupo, si no nos unimos, nos conectamos, o incrementar la recolección y unidad de los amigos, no avanzaremos.

En sus escritos, Baal HaSulam mencionó que lamentablemente hubo casos en la historia de la humanidad, en los que el “feto”, apareció muerto. Esto sucedió solamente debido a que un grupo dejó de preocuparse por su unidad.

En cada paso tenemos que mejorar nuestra conexión y arreglárnoslas para impulsar la unidad entre nosotros, elevarnos y atravesar un nuevo estado, un nuevo día, hasta completar los nueve meses de nuestro desarrollo. Entonces, nacemos. El proceso de nacimiento en este mundo ocurre en completa concordancia con las leyes espirituales. Esto explica el por qué aquellos que son conscientes de las leyes espirituales también se dan cuenta de lo que está sucediendo en este mundo material.

Así, nosotros debemos elegir siempre el desarrollo del grupo por encima de nuestro progreso personal, dado que sólo a través del grupo podemos “jalarnos” a nosotros mismos. Esta es la forma en que ascendemos: Nosotros activamos la influencia de la Luz Superior sobre nosotros, al exigir de ella y apelar a ella, rogando y rezando que nos eleve, nos una y nos conecte. Nuestra conexión activa la fuerza que nos circunda, el vientre de la madre, en el que somos concebidos. Lo llamamos Maljut o Shejiná. Aquí es donde nos convertimos en un hombre.

Hay dos fuerzas opuestas que interactúan de forma recíproca, la fuerza de recepción y el poder del otorgamiento. Ellas deben venir en equilibrio entre sí. Cada vez, cuando se alcanza el equilibrio entre estas dos fuerzas, esto da lugar a un ascenso. Entonces, nos esforzamos por un nuevo estado de equilibrio, por lo tanto nos elevamos de nuevo. Así progresamos y nacemos. De hecho, nosotros mismos crecemos.

El problema es que tenemos que relacionarnos con ambas fuerzas de desarrollo de forma positiva, con alegría. No siempre son muy agradables; ambas trabajan como “papel de lija” en nuestro egoísmo y además desencadenan numerosas dificultades y problemas. Siempre debemos tener en cuenta que todo está organizado por el Creador y sólo por Él. El Creador tiene métodos innumerables para “molestarnos”, a cada momento Él nos envía algo a cada uno de nosotros por separado y a todos nosotros juntos.

Nosotros debemos aceptar Su “trato” y aceptar los estados por los que pasamos en nuestras vidas materiales como bendición y mucha suerte. Tenemos que darnos cuenta de que todo lo que nos sucede es sólo la forma en que Él nos trata y nos guía. Debemos conectar todo lo que nos sucede con las nociones “No existe nadie más aparte de Él” y “Él es el bien absoluto que hace el bien”. No hay duda de que percibimos nuestras vidas de forma contraria a Su benevolencia incondicional, puesto que nosotros nos relacionamos con Su influencia a través de nuestro egoísmo. ¡Tan pronto como nos unamos, Su guía se transformará realmente en el “bien absoluto”!

A veces nos ha tocado sentir una chispa de bondad completa durante nuestras reuniones de grupo o mientras estamos comprometidos en acciones colectivas que están destinadas a mejorar de nuestra unidad. En otras ocasiones, este estado emerge a título personal e independiente. Este último no es tan deseable como cuando el grupo “digiere” el impacto del Creador en forma conjunta.

Los efectos que recibimos en su mayoría no son agradables. Estos se vuelven satisfactorios sólo cuando los conectamos con nosotros mismos de manera correcta, alcanzando así la línea media entre la líneas derecha e izquierda (entre los estados buenos y malos), cuando buscamos el avance espiritual por medio de la conexión con los demás.

Todo lo que tenemos que hacer es entender y aceptar de una manera adecuada la influencia superior y evaluarnos correctamente. Nuestro trabajo es analizar y remitirnos constantemente a la misma idea una y otra vez, es decir, aceptar que cualquier cosa que nos suceda, ya sea dentro de nosotros, en nuestros corazones y pensamientos, deseos e inspiraciones, nos lo hace únicamente la Luz Superior.

¿Por qué funciona de esta manera? Porque nuestro trabajo es conectarnos con nuestros amigos y rezar para que la Luz Superior nos eleve al siguiente estado, al atributo de otorgamiento.

Nosotros mismos debemos sintonizarnos de tal manera que no perdamos la oportunidad de ascender. Muy rara vez nos damos cuenta de que todo lo que atravesamos y los que ocurre dentro de nosotros proviene del Creador y que Él es quien nos envía todas las situaciones sólo debido a que Él quiere hacer que le supliquemos, a fin de transformar nuestros “problemas” en un avance positivo. Cada momento de nuestro tiempo, toda nuestra existencia, es un llamado permanente desde arriba, un llamado a que nos elevemos hacia Él. Nuestro trabajo consiste en sintonizarnos a nosotros mismos de tal forma que no perdamos esta oportunidad.

El principal requisito es que “levantemos el corazón hacia el camino del Creador”. Cada uno de nosotros por separado y todos juntos constantemente debemos hacer que nuestras relaciones con Él sean mucho más sensibles. Si somos capaces de hacerlo, entonces empezaremos a entender lo que Él está diciéndonos. Él nos habla de manera exclusiva a través de sensaciones que surgen en nosotros, mientras que nosotros respondemos a Él a través de nuestras reacciones a las sensaciones que recibimos de Él. Esto sucede una y otra vez: nosotros recibimos una nueva sensación de Él y reaccionamos a ella, etc.

Esta es la forma en que avanzamos, como niños que aprenden mediante la reacción a los estímulos. No es importante si la reacción del niño es buena o mala, correcta o incorrecta, así es como crecen los niños. Nosotros avanzamos de la misma manera.

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De la Semana mundial del Zóhar “Convención de Educación Integral”, día uno del 2/02/14, Taller 2

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