Asado espiritual

Dr. Michael LaitmanBaal HaSulam, “Introducción al Libro del Zóhar”: Todas esos mundos y todo lo que hay en ellos están incluidos en el nombre santo HaVaYaH, Yud, Hey, Vav, Hey, y el ápice de la letra Yud. Nosotros no tenemos ninguna percepción en el primer mundo, Adam Kadmon. Por lo tanto, él está sólo implícito en el ápice de la letra Yud del nombre. Es por eso que no hablamos de ello y siempre mencionamos sólo los cuatro mundos ABYA. Yud es el mundo de Atzilut, Hey el mundo de Beria, Vav el mundo de Yetzira, y la Hey final es el mundo de Assiya

Pregunta: ¿Por qué usamos diferentes palabras para las mismas cosas?

Respuesta: Asumamos que yo estoy esperando invitados y voy al mercado para comprar carne para un asado. Hay veinte diferentes tipos de carne, diferentes cortes de carne de diversos animales. Todos ellos son sólo carne, pero los distintos tipos de carne son llamados de forma diferente, dado que cada uno de ellos tiene un sabor propio.

Lo mismo se aplica a la espiritualidad, donde todo tiene su propio “sabor”, diez Sefirot propias con una pantalla y la Luz que las llena; cada una de ellas es una realidad separada.

Lo mismo se aplica a los diferentes nombres de la misma entidad. Ustedes no están familiarizados con ellos en este momento y por eso están confundidos y perplejos. Aún no los han saboreado o no han sentido sus “bordes”, matices, tonos, o formas en este mundo.

Sin tener la más leve impresión de los detalles espirituales, ustedes ven diferentes nombres justo si estuvieran como duplicados. Pero tan pronto como prueben el “asado espiritual” compuesto por numerosos tipos de Luz, descubrirán sus “sabores” y reconocerán sus nombres; entenderán por qué son llamados de esta manera y no de otra.

En este mundo, nosotros describimos los sabores usando palabras que son parte de nuestro lenguaje: digamos papas fritas con sabor a paprika o a cebolla. En la espiritualidad, ustedes verán la esencia de cada nombre y se darán cuenta del por qué este sabor en particular es llamado “cebolla” (batzal בָּצָל). La palabra proviene de “en la sombra” (be-tzel בְּצֵל), un cierto tipo de ocultamiento o revelación. Cuando uno comienza a distinguir la esencia de los nombres ya no tendrá que memorizarlos. Estos se convertirán en vasijas espirituales que son obvias en mis sensaciones.

Ahora ustedes no sienten ningún sabor. Como la persona enferma que no tiene apetito, todo les parece insípido. Pueden prepararle diferentes platillos, pero él come sin distinguir ningún sabor y sólo lo hace porque el doctor se lo exige.

Aquí, al acercarnos a la espiritualidad, nosotros estamos “enfermos” pero tenemos que “comer” con el fin de mejorarnos. Más tarde, cuando nos recuperemos y sanemos encontraremos enormes diferencias y maravillosos sabores en la comida que hoy nos parece tan insípida.

Entonces existe un proceso, al “saborear” un nuevo nivel, ustedes mismos definen el nombre de éste, los nombres de las Luces que lo llenan y las vasijas ¿De dónde los obtienen? De nuestras sensaciones. Si comparamos los nombres que les asignamos a los diversos objetos y fenómenos con las fuentes originales, veremos que coinciden. Esto significa que nosotros no tenemos que leer una descripción de un fenómeno en los libros; todo surge desde el interior.

Está dicho que Adam le dio nombres a todo lo que hay en este mundo. Después de todo, él fue el primero en revelar el mundo espiritual y alcanzar las raíces espirituales de todo, la fuente de todas sus propiedades y por lo tanto sus nombres.

“Alcanzar” algo significa que nosotros penetramos justo hasta la raíz de la creación como si alcanzáramos el Infinito, desde el cual se deriva un objeto de nuestro mundo material. Entonces no tienen ningún problema con los nombres. Después de todo, ellos surgen de las Luces y las vasijas, y ustedes mismos determinarán sus nombres.

El poder de las diez Sefirot con una pantalla y la Luz interna forman el nombre de un Partzuf, la cantidad incluida en cada conjunto de fuerzas. Es por eso que etiquetamos un Partzuf no como usualmente nombramos a un recién nacido de acuerdo a nuestra elección, sino de acuerdo a la estructura interna del objeto. No podemos sólo darle un nombre diferente. Esto también se aplica a cada uno de nosotros, nuestros nombres también cambian.

En consecuencia, una vasija, la Luz que se opone a la vasija, y una pantalla que las conecta juntas, nos permiten percibir toda la realidad sin remitirnos a libro alguno. No sólo nombramos los detalles, sus nombres son una revelación, el alcance espiritual de la persona.

(126608 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 28 de Enero del 2014, Escritos de Baal HaSulam)
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