Los nocivos cuentos de hadas para niños

Dr. Michael LaitmanEn las noticias (de Scientific American Blog): “La literatura y las películas para niños están llenas de ratones que hablan y de patos que usan ropa (aunque en ocasiones estén retratados sin los pantalones) y de perros que van desde buenos perros, a perros que también podrían ser personas”.

“Las historias son una de las principales formas en que nuestra especie entiende el mundo natural. Darles atributos humanos a los animales no es en absoluto un fenómeno reciente; los dioses antiguos eran a menudo híbridos de humanos parecidos a los animales (o de animales parecidos a los humanos). En la historia clásica ilustra arriba por Arthur Rackham, tres osos se sientan en una mesa y comen avena en hojuelas, como los humanos”.

“Teniendo en cuenta cuan ubicuos son estos animales-personas antropomorfos en nuestra cultura, la psicóloga Patricia A. Ganea de la Universidad de Toronto se preguntaba cómo influyen ese tipo de representaciones en la manera de pensar de los niños acerca de los animales reales”.

“Los niños pequeños ya tienen dificultades para distinguir la realidad de la fantasía, sobre todo antes de llegar a su quinto cumpleaños. Y si bien la mayoría de los niños pueden distinguir la realidad de la fantasía cuando se trata de representaciones visuales de animales, la distorsión puede ser reflejada también en el contenido de la historia misma. Con frecuencia se les atribuyen conciencia, conocimientos, habilidades, propósito e intenciones humanas a personajes animales (por ejemplo, focas que resuelven misterios, gatos que construyen casas, y ratones que conducen automóviles) e incluso a objetos inanimados (por ejemplo, lámparas que gesticulan y bailan tango, trenes que luchan contra viento y marea para alcanzar metas imposibles), escribe Ganea”.

“En conjunto, los resultados muestran que el lenguaje es más importante que la ilustración, cuando se trata de aprender acerca de la biología y la psicología de los animales. Aunque las historias estuvieran acompañadas de imágenes realistas, si el idioma era antropomórfico, los niños transferían ese falso conocimiento a los animales reales”.

“Más importante aún, no se trata sólo de que los niños no lograron aprender hechos verdaderos cuando fueron expuestos a historias antropomórficas; esas historias realmente hacen que sea más difícil que ellos aprendan, enseñándoles falsedades en vez de hechos. ¡Eran aún más propensos a pensar en los animales en términos de parecido humano después de leer los libros que si nunca hubieran visto los libros en absoluto!”

“¿Transfieren los niños las habilidades fantásticas de los animales no humanos de sus libros de cuentos a sus modelos de la vida real? Si es así, entonces ese tipo de historias podrían impedir seriamente la capacidad para que los niños aprendan y recuerden los verdaderos hechos sobre los animales reales, o al menos para distinguir la realidad de la ficción. Eso sería especialmente cierto para los niños de las zonas urbanas y suburbanas, que tienen pocas oportunidades de interactuar con frecuencia con animales reales, al menos en comparación con sus contrapartes rurales. Presentarles los animales a los niños en formas similares a la forma en la que actúa y se comporta los seres humanos probable es algo contraproducente para el aprendizaje de información científicamente exacta sobre el mundo de la biología y para influir en el punto de vista de los niños con respecto al mundo biológico, dice ella”.

“El problema en realidad es más generalizado de lo que parece: los humanos adultos, al menos en los EE.UU., también son altamente propensos a impregnar a los animales no humanos con emociones y motivaciones similares a las humanas. Esta es una línea muy difícil de navegar. La investigación está revelando cada vez más las similitudes fundamentales entre nuestra especie y el resto del reino animal, pero también hay aspectos de la cultura humana que son, de hecho, únicas de nuestra especie. ¿Es razonable sugerir que un animal puede sentir algo tan complejo como el orgullo o la vergüenza? Estamos a punto de atribuirle una emoción igualmente compleja, la culpa, a los perros, pero un vistazo más profundo revela que mientras que los perros tienen de hecho una “mirada culpable”, probablemente no se dan cuenta en realidad de que han transgredido. Si los niños están expuestos rutinariamente a este tipo de representaciones antropomórficas de animales, no es de extrañar que crezcan para convertirse en adultos que cuidan a los animales no humanos como si fueran personas disfrazadas de animales”.

Mi comentario: Por cierto, en el judaísmo no hay cuentos de animales que parezcan humanos, y si la Torá habla de un burro que habla, esto sucede por orden de Dios. La Cabalá en general ve los textos de la Torá como algo secreto, cuyo significado se revela sólo a aquél que ha alcanzado el amor de los amigos.
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