Todos nosotros somos iguales, como los hijos para su madre

Dr.Michael LaitmanCuando llegamos a una convención, nos encontramos en compañía de personas extrañas, a quienes nunca hemos visto antes. No nos sentimos ni nos entendemos unos a otros, pero esto no es importante. Si yo sé que debo conectarme con otros con el fin de conectarme con el Creador, entonces puedo entrar en cualquier grupo.

No me importa quién esté sentado ahí, de qué país venga, o incluso qué idioma hable. Lo principal para mí es participar emocional e internamente en este círculo.

Para mí no es importante si estamos hablando el mismo idioma y nos conocemos bien, si somos amigos cercanos o si nos vemos por primera vez. Esto no cambia nada. Lo principal es elevarnos por encima de nuestro ego y querer estar integrados dentro de su círculo con el fin de alcanzar la unidad y a través de ella, dejar que el Creador escuche lo que queremos.
Entonces las reglas de conducta en un grupo en el momento de un taller son así:

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1. Nadie piensa en sí mismo ¡No existe el yo!

2. Cada uno debe sentir que el resto de los amigos son más grandes que él mismo (1<9). En todo, los amigos son más elevados que yo y yo desaparezco en ellos como el más pequeño.

3. La conexión por encima de todas nuestras características particulares, personales, es el Kli (vasija) en el cual se descubre al Creador. Porque el Creador (Boré) es “ven y ve” (Bo Re); esto significa que nosotros alcanzamos este estado y encontramos ahí al Creador. Entonces nuestro Kli es igual al Creador. Según el grado de intensidad del Kli, de su fuerza (Bo), yo puedo descubrir al Creador (Re). No hay medida del Creador. No sabemos Sus verdaderas medidas. Pero lo descubrimos a Él según la medida en que hayamos preparado nuestro Kli (Bo): en este grado lo vemos a Él (Re).

4. En el momento del taller nadie está en desacuerdo con la opinión de otro. No hay preguntas: Cada uno añade (10=1+1+1…). Lo importante son los más (+) y no los unos. El uno que sigue en turno sólo le añade al previo, y nadie discute.

Incluso su no he tenido éxito en elevarme por encima de mi actitud crítica y me parece que alguien más dijo algo equivocado, debo corregirme inmediatamente. Si escucho que un amigo dijo algo equivocado, esto significa que no estoy bien.

Entonces cada uno sólo añade y añade a lo que fue dicho por los demás. Alguien puede expresar una especie de conjetura, yo continúo, y después viene el siguiente en turno. Entonces añadimos constantemente. No hay grande o pequeño en nuestra conexión, todos somos iguales.

No importa qué tipo de señorío tenga uno en un grupo, joven o viejo, o quién tenga mayor o menor entendimiento. Entre todas nuestras características físicas en este mundo no hay nada que pueda violar nuestra igualdad. En el mundo espiritual, todos nosotros somos iguales, como los hijos para su madre.
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De la Convención en Francia “Uno para todos y todos para uno”, día dos del 5/10/14, Lección 2

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