Que el Creador se nos revele

Dr. Michael LaitmanLa Torá, “Levítico” (Sheminí), 9:1, 9:4: Y el día octavo, Moisés llamó a Aarón y a sus hijos y a los ancianos de Israel. Y él le dijo a Aarón: “Trae tú mismo un becerro como ofrenda por el pecado, y un carnero como holocausto, [ambos] sin mancha, y llevarlos ante la presencia del Señor”.

La persona tiene que tomar dos de sus deseos (un becerro y un carnero) y purificarlos de la intención egoísta, es decir elevar su deseo hasta el uso adecuado: desde el lugar más bajo y más pecaminoso hacia arriba, hacia la Luz.

“Y a los hijos de Israel, tú les hablarás, diciendo: “Tomen un macho cabrío como ofrenda por el pecado; y un becerro y un cordero, [ambos] en su primer año y [ambos] sin mancha, como un holocausto, y un buey y un carnero como ofrendas de paz, para sacrificarlos ante el Señor, y una ofrenda mezclada con aceite, porque hoy el Señor aparece ante ustedes”.

Si la persona no trae una ofrenda, el Creador no se revelará. Para hacerlo, primero debe prepararlo todo: el día, el lugar y la hora. En segundo lugar, el traerla y ofrendarla no deben hacerlo las naciones del mundo, ni los hijos de Israel, ni los levitas, ni siquiera Moisés, sino sólo los Cohanim (sacerdotes) y de los Cohanim, sólo Aarón.

Todo tiene que estar listo en la forma exacta en que Moisés dijo. Preparar significa elegir de sus deseos, un lugar y tiempo. Esto significa que el movimiento, el tiempo, el deseo y la intención de que todos deben proporcionar finalmente un deseo corregido con el fin de otorgar, de conectarse con los demás. Es decir que allí debe existir el atributo de Aarón en cada persona que toma un cierto deseo (un becerro o un carnero) y lo mata de manera determinada y se prepara de una manera determinada y luego se lo sirve al Creador para que Él pueda saborearlo.

El ascenso de los deseos a fin de amar y otorgar es descrito de esta manera alegórica. Esto se debe a que en nuestro mundo no hay otras palabras para describir el ascenso de los deseos de otorgamiento a la sociedad y con ello hasta el Creador. Al mismo tiempo, la sensación del Creador desciende tanto a la sociedad como a la persona misma que está realizando el papel de Aarón.

Pregunta: ¡La Torá ofrece muchos detalles! Por ejemplo, un becerro y un cordero ambos de un año y sin defecto, etc…

Respuesta: Cuando ustedes empiezan a trabajar les faltan estos detalles. Así que en primer lugar está la Mishná (conjunto de leyes) que les dice exactamente cómo llevar a cabo estas acciones. Luego, la Mishná se vuelve incomprensible, ya que el ego crece y se vuelve poco claro cómo debemos trabajar con él. Si la persona sabía qué hacer con un kilo de su ego, qué cortar y qué pesar, entonces ahora su ego crece hasta cien kilos. Hay nuevas opciones ahora: la avaricia, la envidia, la lujuria, etc. y se hace poco claro cómo pelar la ofrenda, qué parte de ella puede utilizarse o no, y cómo prepararla. Es cuando surge el problema con el cumplimiento de estas reglas, que aparece el Talmud de Babilonia (enseñanza).

Todo comienza a partir de la Torá, pero como el ego crece, existe la creciente necesidad de los comentarios de la Mishná, y cuando el ego crece hasta que llega a ser incontrolable, aparece el Talmud. Entonces la gente no tiene otra opción que estudiarlo simplemente. Este estado es llamado exilio (Galut).

(135931– Del Kab.TV “Los secretos del Libro Eterno” del 18 de diciembre del 2013)

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